"Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él los guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y les hará saber las cosas que habrán de venir." Juan 16:13
¿Quién es el Espíritu de Verdad? El Espíritu Santo es la actividad, el aliento o el proceder de la Divinidad. El "Espíritu de verdad" es el Señor mismo en Su Divina Verdad (luz) que entra en el entendimiento humano. El "irse" al que se refería Jesús fue necesario para que la presencia divina pasase de ser externa (física) a interna (espiritual).
"Él los guiará a toda la verdad". Eso no significa conocer todos los secretos del universo. Más bien es la verdad aplicada a la vida. Es la luz que nos muestra lo que es bueno y lo que es malo en nuestro interior. Cuando leemos la Palabra con el deseo de conocer y obedecer al Señor, el Espíritu de Verdad ilumina nuestra mente para entender el sentido espiritual, elevándonos de la comprensión natural a la espiritual.
"No hablará por su propia cuenta". El mensaje es muy claro, el Espíritu no trae una verdad nueva que contradiga a Jesús, sino que revela la plenitud de lo que ya está en su Divina Humanidad. Lo que el Espíritu "oye" es la verdad que emana directamente del Divino Amor (el Padre) a través de la Divina Sabiduría (el Hijo). Por ello, nuestra búsqueda de verdad debe estar enfocada en la unión del amor (bien) y la fe (verdad), no en opiniones personales.
"Les hará saber las cosas que habrán de venir". El Espíritu nos revela el estado espiritual que debería venir en nuestra vida: mayor amor, mayor caridad y mayor sabiduría. No se trata de predecir el futuro físico, sino las etapas de la regeneración. Esto se refiere al tiempo actual, donde la verdad interior es revelada a quienes buscan vivirla.
La verdad que nos hace libres. La verdad nos guía cuando la vivimos, no tan solo cuando la sabemos. Invitar al "Espíritu de verdad" a través de la lectura devocional de la Palabra y la práctica de la caridad en el día a día nos hace partícipes de la vida Divina.
Oración: Señor guíanos de la oscuridad de la auto-justificación a la luz de tu verdad eterna. Amén.

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