martes, 9 de junio de 2026

Quinqui

Si pudiera rasgar los minutos,
abrir una grieta en el viento del calendario
y mirarme de frente a los ojos,
le hablaría al oído con un susurro áspero y dulce
al espejo infinito de mis edades:
al niño que soy, de rodillas calientes de tierra,
y al hombre que fui, con la espalda cargada de inviernos.

Escucha el aroma del tiempo, no temas perder.
La derrota no es un abismo de fango amargo,
sino una melodía limpia que se bebe con calma.
Doy gracias a Dios por ser un perdedor,
por este fracaso que sabe a pan tibio y a tierra mojada.

En las esquinas de este mundo ciego,
se corona con aplausos dorados y ruidosos
a los injustos que visten sedas de hielo,
a los engañadores de aliento podrido y palabras brillantes,
a los egoístas y a los corruptos que acumulan victorias agrias.

Ellos ganan la tierra, pero pierden el cielo.

Prefiero este sabor a derrota noble y clara,
el perfume de caminar con las manos limpias,
en la penumbra cristalina del que no vendió su alma.



Imagen generada por IA - Gemini

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