"Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquel, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado." Lucas 16:19-22
Vivimos en un mundo obsesionado con la acumulación y las apariencias externas. El hombre rico de la historia no era malo por tener dinero, sino por tener un corazón anestesiado y una mente cerrada al prójimo. Esta parábola no es una condena, sino una radiografía espiritual que nos enseña a sintonizar nuestro corazón, nuestra mente, y nuestra acción con los valores eternos de Dios.
"Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora este es consolado aquí, y tú atormentado." Lucas 16:23-25
Dios ve lo invisible: El mundo ignoraba a Lázaro, pero Dios conocía su nombre; Dios siempre valida el valor intrínseco de cada persona. El Señor siempre quebranta los falsos esquemas de éxito humano y establece una ley espiritual donde el amor y el sufrimiento tienen eco eterno. La voluntad de Dios no busca asustarnos, sino despertarnos a través de su Palabra para que cambiemos de actitud antes de que sea tarde.
La comodidad puede adormecer el potencial: La opulencia del rico creó una barrera espiritual que le impidió ver la necesidad que estaba en su propia puerta. Nuestras decisiones de hoy construyen nuestro mañana: El "infierno" o el "cielo" comienzan como estados de conciencia y elecciones diarias aquí en la Tierra. El lamento del hombre rico en el Hades nos enseña que posponer la bondad y el cambio mental es el mayor error humano.
"Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos." Lucas 16:26-31
Cristo es el puente sobre el gran abismo: El abismo insalvable de la parábola es superado únicamente por la cruz, que conecta nuestra imperfección con la gracia divina. Jesús es bien claro y directo: dice que ni aunque alguien resucite creerán; Cristo resucitó para romper nuestra incredulidad y darnos una vida de fe. Al llenarnos de la presencia de Cristo, dejamos de vivir para el ego (como el rico) y empezamos a vivir con un propósito abundante, viendo a los "Lázaros" de nuestro entorno con amor.
Aunque las voces engañosas del mundo nos quieran arrastrar, cambiemos nuestra mentalidad hoy. No esperemos a mañana para ser generosos, compasivos y buscar a Dios. Que el buen Dios nos de un corazón sensible, fe inquebrantable en la victoria de Cristo y una actitud renovada para bendecir a otros.

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