martes, 15 de septiembre de 2026

El Dios que ve, se compadece y visita a su pueblo

«El miedo se apoderó de todos, y alababan a Dios diciendo: «Un gran profeta se ha levantado entre nosotros», y también: «Dios ha venido a visitar a su pueblo». Lucas 7:16

Jesús se dirige a la ciudad de Naín y se topa con una procesión funeraria. Una viuda ha perdido a su único hijo. Esta escena representa la condición humana caída: la profunda soledad, el desamparo y la consecuencia del pecado que es la muerte. Perdemos la perspectiva si miramos este relato como un simple milagro del pasado, más que como una invitación a examinar nuestro propio corazón. ¿Hemos experimentado la muerte espiritual y el desespero antes de encontrarnos con Cristo? La verdadera religión empieza reconociendo nuestra total necesidad de la gracia divina.

Al ver a la viuda, el Señor se compadeció de ella. No fue una fría observación teológica, sino una conmoción interna. El conocimiento de Dios debe pasar por los afectos y el corazón. Jesús le dice: «No llores». El consuelo de Dios no es superficial; Él entra en nuestra crisis personal. Para cada creyente, la piedad personal se nutre de saber que tenemos un Salvador que experimenta un dolor real por nuestra condición y que se acerca de manera íntima a nuestra alma.



Jesús toca el féretro (desafiando la impureza ritual) y ordena: «Joven, a ti te digo, levántate». El muerto se incorporó y comenzó a hablar. Este milagro simboliza el nuevo nacimiento. La fe no es solo asentimiento intelectual a una doctrina; es la experiencia de ser resucitados espiritualmente por la Palabra viva de Dios. El joven comenzó a hablar; de igual modo, el alma regenerada testifica y produce frutos de justicia y una vida de devoción diaria. El Maestro «se lo entregó a su madre». La verdadera fe restaura las relaciones comunitarias y familiares dentro del cuerpo de Cristo.

El temor se apoderó de todos, y glorificaban a Dios diciendo: «Un gran profeta se ha levantado entre nosotros», y «Dios ha venido a ayudar a su pueblo». Que Dios «visite» o «venga a ayudar» a su pueblo significa que el Espíritu Santo habita en el corazón de la persona creyente, y de la comunidad, de forma activa. No es una religión de templos vacíos, sino de vidas transformadas donde la presencia de Dios es palpable en la experiencia cotidiana. El auxilio de Dios se manifiesta en la santificación progresiva y en el consuelo en las pruebas.

Si Dios ha venido a ayudarnos, nuestra respuesta debe ser una fe viva que se traduzca en amor práctico hacia el prójimo (oración ferviente, lectura bíblica devocional y cuidado del desamparado), extendiendo así la visitación de Dios al mundo que nos rodea.

No hay comentarios:

Publicar un comentario