martes, 15 de septiembre de 2026
El Dios que ve, se compadece y visita a su pueblo
martes, 14 de julio de 2026
El poder de la provisión divina en nuestro desierto
miércoles, 1 de julio de 2026
De la barca vacía a la red llena
lunes, 23 de marzo de 2026
La verdad incómoda, la luz se opone a las tinieblas
lunes, 2 de junio de 2025
El que me ama, obedecerá mi palabra
jueves, 24 de abril de 2025
Has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido
Estudio Bíblico
Lectura: Génesis 32:22-30
1. ¿Qué?
En el libro de Génesis, se narra la historia de Jacob, quien luego de haber engañado a su hermano Esaú, huye de su casa para evitar la ira de su hermano. Después de vivir durante muchos años lejos de su familia y después de haber formado su propia familia y riqueza, Jacob decide volver a su hogar. En su camino de regreso, Jacob se enfrenta a un hombre desconocido durante la noche y tiene una lucha con él. La lucha dura toda la noche y al terminar, el hombre le da a conocer que luchó con Dios y con los hombres, pero que ha prevalecido en esta batalla. Es entonces cuando el hombre le cambia su nombre de Jacob a Israel como símbolo de su lucha y victoria.
2. ¿Quién?
Jacob y el varón (que en el desarrollo del relato queda claro que es el propio Dios).
3. ¿Dónde?
Los eventos ocurren en Mahanaim, donde Jacob se encuentra con ángeles de Dios, y luego en Peniel, donde Jacob lucha con un varón (que resulta ser el mismo Dios) y recibe una bendición.
4. ¿Cuándo?
Alrededor del año 1740 a.C.
5. ¿Por qué, para qué?
La historia de Jacob (Israel) nos invita a recordar que cada lucha en nuestras vidas tiene el potencial de transformarnos. En esos momentos de incertidumbre y desafío, como el que enfrentó Jacob, es donde descubrimos nuestra verdadera fortaleza y la capacidad de renacer. Cada vez que elegimos seguir adelante, a pesar de las adversidades, nos acercamos más a la versión mejorada de nosotros mismos, recordando que siempre podemos encontrar en Dios el apoyo que necesitamos para enfrentar nuestras batallas.
jueves, 13 de marzo de 2025
Por favor, déjame ver tu gloria
Estudio Bíblico
Lectura: Éxodo 33:12-23
1. ¿Qué?
Moisés le dice a Dios que lo ha conocido por su nombre y que ha hallado gracia ante sus ojos. Le pide a Dios que le muestre su camino, para que lo conozca y halle gracia ante sus ojos. Le dice a Dios que no lo saque de allí si no va con ellos. Le dice a Dios que su presencia con ellos los separa de los demás pueblos de la tierra. Dios le dice a Moisés que irá con él, le dará descanso y todo le saldrá bien. El Señor afirma que hará pasar delante de él toda su bondad y proclamará su nombre, Yavé (יהוה). Le dice también que tendrá misericordia de quien quiera tenerla y será compasivo con quien quiera serlo. Finalmente, dice a Moisés que no podrá ver su rostro, porque nadie puede verle y seguir con vida; pero podrá verle al pasar.
2. ¿Quién?
El relato es un diálogo íntimo, cercano y amistoso entre Dios y Moisés.
3. ¿Dónde?
Al principio de capítulo 33, el Señor le dijo a Moisés que dejara Sinaí y fuera a la Tierra Prometida, diciendo, «Anda, vete ya de aquí, con el pueblo que sacaste de Egipto, y llévalos a la tierra que prometí darles a Abrahán, Isaac y Jacob, cuando dije: “Se la daré a tu descendencia.” Yo enviaré un ángel para que vaya delante de ti, y expulsaré a los cananeos y a los amorreos, a los hititas y a los ferezeos, y a los jivitas y jebuseos. Esa tierra fluye leche y miel. Pero yo no iré contigo, porque eres un pueblo de dura cerviz y bien podría yo consumirte en el camino» (33:1b-3). Sin embargo el pasaje que estamos considerando se desarrolla aún en las alturas del monte Sinaí, antes de emprender el camino.
4. ¿Cuándo?
Los eventos de Éxodo 33 ocurrieron poco después de que Dios le hablara a Moisés en el Monte Sinaí, aproximadamente 4 meses después de que los hebreos salieron de Egipto.
5. ¿Por qué, para qué?
En nuestra vida cotidiana, a menudo nos enfrentamos a momentos de incertidumbre y duda, donde desearíamos ver más claramente el camino que debemos seguir. Éxodo 33:23 nos recuerda que, aunque no siempre podemos ver el rostro de Dios o entender su plan, su presencia está con nosotros en cada paso que damos. Confiar en que nos está guiando, incluso cuando solo vemos sus espaldas, puede brindarnos paz y esperanza en medio de la confusión. La verdadera fe no se trata de tener todas las respuestas, sino de seguir adelante con confianza, sabiendo que Dios nos acompaña en nuestro andar.
miércoles, 11 de diciembre de 2024
La palabra de nuestro Dios permanece para siempre
viernes, 22 de noviembre de 2024
Fortalezcan las manos cansadas y afirmen las rodillas endebles
viernes, 9 de agosto de 2024
Cuando él venga
viernes, 4 de agosto de 2023
Inclinen su oído, y vengan a mí
viernes, 23 de junio de 2023
¡El Señor es quien libra al pobre de morir a manos de los malignos!
viernes, 9 de junio de 2023
Lo que yo quiero es misericordia, y no sacrificio
viernes, 26 de mayo de 2023
¿Dónde estabas tú, cuando yo afirmé la tierra?
viernes, 19 de mayo de 2023
Cuida tu corazón más que otra cosa
viernes, 12 de mayo de 2023
Dios me escuchó y atendió a la voz de mi súplica
"Ustedes todos, los que temen a Dios, vengan y escuchen lo que él ha hecho conmigo. Con mis labios le pedí ayuda; con mi lengua exalté su nombre. Si mi corazón se hubiera fijado en la maldad, el Señor no me habría escuchado. Pero lo cierto es que Dios me escuchó y atendió a la voz de mi súplica." Salmos 66.16-19
Debemos dar gracias al Señor, y alabarle, porque de esa manera despertamos dentro de nosotros mismos la sublimidad, el poder y la majestad de la Presencia Divina.
Las interpretaciones populares de las Escrituras no siempre nos trasmiten las ideas que los autores deseaban comunicar. Al consultar a intérpretes bíblicos independientes, descubrimos que se han cometido muchos errores al traducir del hebreo y el griego al español. Frecuentemente, encontramos con que las traducciones a nuestro idioma nos pintan un Dios terrible, colérico, caprichoso y vengativo. ¡Nada más alejado de la verdad!
Por ejemplo, leemos en el versículo 16: "Ustedes todos, los que temen a Dios, vengan y escuchen lo que él ha hecho conmigo", pero debería traducirse más fielmente: "Vengan ustedes, y escúchenme relatar lo que digo, y lo que Dios ha hecho por mí". ¿Debería haber algún elemento de temor en nuestros corazones hacia Dios, cuando oramos y damos gracias? No. Siempre debemos tener presente que Dios es un Padre amoroso, compasivo y misericordioso, que siempre está más dispuesto a dar de su abundante bondad que nosotros a recibir de ella.
Es cuando nos establecemos en la conciencia de la bondad, la ternura y el infinito amor del Padre que, al igual que David, prorrumpimos en pensamientos, y palabras de alabanza. "¡Bendito sea Dios, que no rechazó mi oración ni me escatimó su misericordia!" Salmos 66.20
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