sábado, 23 de mayo de 2026

Una luz común para un camino compartido

Lectura: Juan 12:31-36
 
Más allá de nuestras etiquetas religiosas, y de nuestro intereses particulares, todos enfrentamos momentos de oscuridad mental y espiritual. Jesús habla con poder y autoridad de "echar fuera al príncipe de este mundo". Identifiquemos ese "príncipe" como el odio, la división y el pesimismo que nos separan. La lucha contra la maldad, el egoísmo y la negatividad es un terreno común donde todos podemos encontrarnos.



Jesús prometió atraer a "todos" hacia sí mismo. No dijo a "unos pocos" o a una sola denominación ni confesión. Cuando dejamos de mirar nuestras diferencias a nivel del suelo y miramos hacia lo alto, descubrimos que todos estamos mirando la misma Fuente de Vida, Cristo mismo. La esperanza es el lenguaje universal que disuelve las barreras entre nosotros.

El mundo en que vivimos necesita luz hoy mismo. No podemos permitirnos el lujo de tropezar en discusiones mientras la gente camina en tinieblas. Caminar en la luz significa actuar con bondad, justicia y entusiasmo en nuestras comunidades. La luz no es propiedad de un solo grupo; es un regalo de Dios para quien decida caminar en ella.

Al convertirnos en "hijos e hijas de la Luz", nos volvemos puentes, no muros. Veamos en cada hermana y hermano, bautizados en Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, una hija e hijo de Dios, independientemente de su trasfondo. Nuestra fe se valida no por lo que decimos que creemos, sino por cuánta luz aportamos a un mundo confundido.

Caminemos juntos, guiados por la misma Luz, confiando en que el amor de Dios es más grande que cualquier diferencia que nos separe.

Sermón para la celebración conjunta de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, predicado en la Catedral de Asunción el 22 de mayo de 2026.

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