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miércoles, 3 de junio de 2026

Ecos de la eternidad que transforman nuestra realidad hoy

"Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquel, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado." Lucas 16:19-22



Vivimos en un mundo obsesionado con la acumulación y las apariencias externas. El hombre rico de la historia no era malo por tener dinero, sino por tener un corazón anestesiado y una mente cerrada al prójimo. Esta parábola no es una condena, sino una radiografía espiritual que nos enseña a sintonizar nuestro corazón, nuestra mente, y nuestra acción con los valores eternos de Dios.

"Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora este es consolado aquí, y tú atormentado." Lucas 16:23-25

Dios ve lo invisible: El mundo ignoraba a Lázaro, pero Dios conocía su nombre; Dios siempre valida el valor intrínseco de cada persona. El Señor siempre quebranta los falsos esquemas de éxito humano y establece una ley espiritual donde el amor y el sufrimiento tienen eco eterno. La voluntad de Dios no busca asustarnos, sino despertarnos a través de su Palabra para que cambiemos de actitud antes de que sea tarde.

La comodidad puede adormecer el potencial: La opulencia del rico creó una barrera espiritual que le impidió ver la necesidad que estaba en su propia puerta. Nuestras decisiones de hoy construyen nuestro mañana: El "infierno" o el "cielo" comienzan como estados de conciencia y elecciones diarias aquí en la Tierra. El lamento del hombre rico en el Hades nos enseña que posponer la bondad y el cambio mental es el mayor error humano.

"Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos." Lucas 16:26-31

Cristo es el puente sobre el gran abismo: El abismo insalvable de la parábola es superado únicamente por la cruz, que conecta nuestra imperfección con la gracia divina. Jesús es bien claro y directo: dice que ni aunque alguien resucite creerán; Cristo resucitó para romper nuestra incredulidad y darnos una vida de fe. Al llenarnos de la presencia de Cristo, dejamos de vivir para el ego (como el rico) y empezamos a vivir con un propósito abundante, viendo a los "Lázaros" de nuestro entorno con amor.

Aunque las voces engañosas del mundo nos quieran arrastrar, cambiemos nuestra mentalidad hoy. No esperemos a mañana para ser generosos, compasivos y buscar a Dios. Que el buen Dios nos de un corazón sensible, fe inquebrantable en la victoria de Cristo y una actitud renovada para bendecir a otros.

sábado, 23 de mayo de 2026

Una luz común para un camino compartido

Lectura: Juan 12:31-36
 
Más allá de nuestras etiquetas religiosas, y de nuestro intereses particulares, todos enfrentamos momentos de oscuridad mental y espiritual. Jesús habla con poder y autoridad de "echar fuera al príncipe de este mundo". Identifiquemos ese "príncipe" como el odio, la división y el pesimismo que nos separan. La lucha contra la maldad, el egoísmo y la negatividad es un terreno común donde todos podemos encontrarnos.



Jesús prometió atraer a "todos" hacia sí mismo. No dijo a "unos pocos" o a una sola denominación ni confesión. Cuando dejamos de mirar nuestras diferencias a nivel del suelo y miramos hacia lo alto, descubrimos que todos estamos mirando la misma Fuente de Vida, Cristo mismo. La esperanza es el lenguaje universal que disuelve las barreras entre nosotros.

El mundo en que vivimos necesita luz hoy mismo. No podemos permitirnos el lujo de tropezar en discusiones mientras la gente camina en tinieblas. Caminar en la luz significa actuar con bondad, justicia y entusiasmo en nuestras comunidades. La luz no es propiedad de un solo grupo; es un regalo de Dios para quien decida caminar en ella.

Al convertirnos en "hijos e hijas de la Luz", nos volvemos puentes, no muros. Veamos en cada hermana y hermano, bautizados en Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, una hija e hijo de Dios, independientemente de su trasfondo. Nuestra fe se valida no por lo que decimos que creemos, sino por cuánta luz aportamos a un mundo confundido.

Caminemos juntos, guiados por la misma Luz, confiando en que el amor de Dios es más grande que cualquier diferencia que nos separe.

Sermón para la celebración conjunta de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, predicado en la Catedral de Asunción el 22 de mayo de 2026.

jueves, 15 de enero de 2026

El Cordero de Dios quita el pecado del mundo

"Vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo." Juan 1:29



Cuando Juan vio a Jesús pasar aquel día lo llamó "el Cordero de Dios", dando testimonio de él como el sacrificio perfecto y final por los pecados del mundo, haciendo referencia a los corderos sacrificiales del Antiguo Testamento, especialmente el de la Pascua, que prefiguraban la redención.

Mediante su sacrificio, Jesús actúa como el mediador que derriba la barrera de culpa y separación entre la humanidad y Dios. A diferencia de los antiguos sacrificios rituales que solo "cubrían" las faltas temporalmente, el sacrificio de Cristo implica una limpieza total y definitiva, un perdón real y perpetuo. Representa la redención, el perdón gratuito y la restauración de la gracia, liberando al creyente del peso espiritual y las consecuencias eternas del pecado.

La mayoría de nosotros podemos concordar con lo anterior sin que ello signifique tener fe real y salvadora. Cuando Juan dice que Jesús es el "Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo", esa última frase es la que realmente marca la diferencia para cada uno de nosotros. Jesús es el "Cordero de Dios" que quita el pecado del mundo, ofreciendo expiación eterna, no solo simbólica, para toda la humanidad, no solo para Israel, cumpliendo la profecía y la necesidad de un salvador puro para reconciliar a la gente, a toda la gente de todos los tiempos,  con Dios. Si eres una persona, y estás en el mundo, entonces significa que el "Cordero de Dios" quitó tus pecados también. ¡Gloria a Dios!

martes, 23 de diciembre de 2025

En tu palabra echaré la red

"Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía. Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían. Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él, y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres. Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron." Lucas 5:1-11

Así como aquel día a orilla del lago, hoy también las personas necesitan, todos necesitamos, la corrección, la enseñanza y el consuelo de la presencia y las palabras de Jesús. Obnubilados como estamos por el materialismo, las ideologías y el egoísmo, la mayoría de nosotros, por no decir todos, no tan sólo nos privamos de buscar al Salvador, sino que muchas personas activamente lo menosprecian y rechazan. Ante esta coyuntura hostil, muchos cristianos, inclusive ministros agotados, dicen como Pedro: "Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado".

Nuestra fuerza, nuestro activismo, nuestra habilidad o nuestro conocimiento son secundarios, y no pocas veces contrarios, a la obra del Evangelio. Sin dudas, también a nosotros, en nuestro lugar y vocación, el Señor nos ha llamado a ser "pescadores de hombres", pero no en conformidad a los modelos corruptos del mundo, sino reconociendo nuestra pecaminosidad, indignidad e incapacidad; confesando como Pedro, y el profeta Isaías: "soy un hombre de labios impuros y habito en medios de un pueblo de labios también impuros".

Dios no ha enviado ángeles para proclamar el Evangelio. Jesús ha llamado, y llama, pecadores perdonados y reconciliados para compartir la buena noticia del perdón, la compasión, y la reconciliación que Dios ofrece a los pecadores por medio de Cristo. Ser testigos del Evangelio no tiene nada que ver con las cuelidades propias; se arraiga en la confianza con que respondemos al mandato y las promesas del Señor. Podemos decir, con fe certera, como lo hiciera Pedro: "en tu palabra echaré la red", y también nosotros seremos testigos de una pesca milagrosa cuyo fruto abundante es para vida eterna.



miércoles, 2 de abril de 2025

Mirar para ser salvos

 Estudio Bíblico

 

Lectura: Números 21:4-9

 

 


1. ¿Qué?

El pueblo de Israel se desanima en el camino del monte de Hor al Mar Rojo. Se quejan de Dios y de Moisés por haberlos hecho salir de Egipto para morir en el desierto. Dios envía serpientes venenosas que muerden al pueblo. El pueblo se acerca a Moisés y le dice que han pecado y que debe pedir a Jehová que quite las serpientes. Moisés ora por el pueblo, y Jehová le dice que haga una serpiente de bronce y la ponga sobre un asta. Cualquiera que sea mordido y mire a la serpiente vivirá.

 

2. ¿Quién?

En este pasaje nos encontramos con el pueblo de Israel, Moisés y el Señor, quienes interactúan en una trama de rebeldía, rechazo y restauración..

 

3. ¿Dónde?

En el desierto, camino hacia el Mar Rojo.. 

 

4. ¿Cuándo?

El episodio de la serpiente de bronce ocurrió durante la peregrinación de Moisés por el desierto, no se sitúa en un año específico, aunque todo indica que sucedió en los últimos meses en el desierto, antes de entrar en la Tierra Prometida.

 

5. ¿Por qué, para qué?

La serpiente de bronce es un ejemplo del poder de la fe y la obediencia en Dios. En este caso, Dios mandó a Moisés a hacer la serpiente de bronce para que mostrara su poder sobre el veneno mortal que estaba matando a la gente. Moisés hizo lo que se le pidió, sin cuestionar la lógica detrás del acto en sí. En vez de eso, confió en que Dios sabía lo que estaba haciendo y actuó en consecuencia.

jueves, 28 de noviembre de 2024

Un nuevo pacto

"Vienen días en que haré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.
—Palabra del Señor.
No será un pacto como el que hice con sus padres cuando los tomé de la mano y los saqué de la tierra de Egipto. Porque yo fui para ellos como un marido, pero ellos quebrantaron mi pacto.
—Palabra del Señor.
Cuando hayan pasado esos días, el pacto que haré con la casa de Israel será el siguiente: Pondré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón. Y yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.
—Palabra del Señor.
Nadie volverá a enseñar a su prójimo ni a su hermano, ni le dirá: “Conoce al Señor”, porque todos ellos, desde el más pequeño hasta el más grande, me conocerán. Y yo perdonaré su maldad, y no volveré a acordarme de su pecado.»
—Palabra del Señor." Jeremías 31:31-34

Dios, desde el comienzo, ha querido y quiere una relación de comunión, compañerismo e intimidad con el ser humano y con toda su creación. Sin embargo, la humanidad ha vivido y vive dando la espalda a la voluntad divina. El Padre amoroso no desiste, y a través de las generaciones, primero con individuos, luego con familias, tribus, un pueblo, y finalmente toda la humanidad ha hecho alianzas de perdón, reconciliación y paz.



El nuevo pacto, a diferencia del antiguo, no está fundado sobre observancias externas sino en la transformación del corazón. Cuando nuestro pensamiento y nuestra actitud comienza a funcionar desde la luz del Espíritu de Cristo, nuestra vida entera se relaciona directamente con Dios, y entramos bajo una nueva y más alta actividad del espíritu, la mente y el cuerpo. En las Escrituras esto se llama la “gracia y verdad” que vino a través de Jesucristo (Juan 1:17).

El significado de ser llevados al desierto es el proceso de pasar de la oscuridad mortal (Egipto) a una lucha ardua entre la conciencia espiritual y el materialismo, en tanto que marchamos hacia la tierra prometida. En ese punto es donde se encuentra la gran mayoría de los cristianos hoy en día. Están siguiendo la luz con fe y confianza, como dice el Señor en el versículo 32, “el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto”, pero aún no vivimos con fidelidad exclusiva al Señor.

La comprensión de la verdad fundamental de que la relación con Dios es espiritual en lugar de material aviva y amplía nuestra conciencia espiritual. El corazón, o el amor de Dios, se pone en acción cuando el Espíritu Santo nos ilumina y nos dirige. Nos movemos desde nuestro corazón espiritual; no por el impacto del pensamiento externo, sino por el impulso de la verdad que viene de la palabra eterna de Dios. Jesús dijo: “Porque yo no he hablado por mi propia cuenta [la mente], el Padre, que me envió, me dio también el mandamiento de lo que debo decir y de lo que debo hablar”(Juan 12:49).

Versículo para memorizar: Jeremías 31:33-34

Oración: Señor, concédeme, por gracia, nunca separar mi voluntad de la tuya y de ser fiel, hasta el fin de mi vida, en fortalecer mi obediencia a tu Soberana voluntad y en atraer cuantas almas pueda hacia ti, para que todos los redimidos te adoremos temporal y eternamente. Amén.

viernes, 16 de septiembre de 2022

¡Vamos a enderezarnos!

"Un sábado Jesús se había puesto a enseñar en una sinagoga; y había allí una mujer que estaba enferma desde hacía dieciocho años. Un espíritu maligno la había dejado jorobada, y no podía enderezarse para nada. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: —Mujer, ya estás libre de tu enfermedad. Entonces puso las manos sobre ella, y al momento la mujer se enderezó y comenzó a alabar a Dios." Lucas 13.10-13




La política, en todos los países, es un constante espectáculo decadente de corrupción y codicia. La economía mundial es un torbellino irracional. Los valores, costumbres y certezas de nuestra sociedad se hunden en un mar de confusión. Y nos sentimos aplastados bajo un peso que amenaza con fracturar nuestras pocas fuerzas. ¡Es fácil caer en el papel de víctimas y dejarnos llevar a la desesperación!


Aquella mañana en la sinagoga, una pobre mujer encorvada, no sólo por su enfermedad sino también bajo el peso del estigma social, encontró su verdadera libertad. Jesús, con tierno amor, la desató del yugo: "ella se enderezó y alabó a Dios". Sin embargo, en lugar de regocijarse por el poder del Señor y la curación de una hermana, los religiosos encontraron razones para cuestionar y desafiar al Redentor.


La liberación, espiritual, mental o física, nunca puede lograrse a través de la Ley. Las revoluciones fallidas en todas las áreas dan fe de ello. Sólo el Evangelio trae paz, salud y libertad. No importa qué peso nos domine. No importa cuánto tiempo hayamos estado encorvados. Jesús, también hoy, nos dice: "ahora son libres". Levantémonos entonces. Vamos a enderezarnos. ¡Y glorifiquemos a Jesús, nuestro bondadoso Salvador!

viernes, 2 de septiembre de 2022

Realidad

"Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y observan lo que en ella está escrito, porque el tiempo está cerca." Apocalipsis 1.3

Una hermosa jovencita de quince años se enfermó repentinamente, quedando casi ciega y paralizada. Un día escuchó al médico de cabecera, mientras le decía a sus padres: -Pobre niña; por cierto que ha vivido ya sus mejores días.
-No, doctor –exclamó la enferma-, mis mejores días están todavía en el futuro. Son aquellos en los cuales he de contemplar al Rey en su hermosura.

Un defecto, sólo por no decir pecado, que tenemos la mayoría de los cristianos es considerar las verdades de las Escrituras como historias moralizantes o palabras de aliento para enfrentar la vida; cuentos de hadas para calmar el corazón y la conciencia, pero imprácticos para la vida diaria. Puede sonar chocante, pero la manera en que vivimos lo hace muy evidente.



El último libro de la Biblia, mediante símbolos e imágenes, nos anima a ver la realidad con otros ojos: ¡Cristo es soberano! Él está en el trono, y nosotros reinamos con él; él está en medio de su iglesia, la cuida y la dirige; él debe reinar hasta que todos sus enemigos sean puestos a sus pies. Esa es la verdad, es la realidad. "Jesucristo, el testigo fiel, primogénito de entre los muertos y soberano de los reyes de la tierra. Él nos amó; con su sangre nos lavó de nuestros pecados, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre. Por eso, a él sea dada la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén", (Apocalipsis 1.5-6).

viernes, 8 de julio de 2022

Vade retro...

«¡Aléjate de mi vista, Satanás! ¡Me eres un tropiezo! ¡Tú no piensas en las cosas de Dios, sino en cuestiones humanas!» Mateo 16.22




Cuando Jesús anunció a sus discípulos que pronto sería entregado a los líderes judíos, que sufriría a manos de ellos y que lo matarían, pero al tercer día resucitaría, ellos respondieron con desconcierto y temor. Para nosotros, el miedo y la perplejidad de los discípulos no tienen sentido. Sin embargo, para ellos debe haber sido un golpe terrible. Aunque es probable que todo el mundo pensara así, fue el impulsivo Pedro quien se atrevió a reprender a Jesús. Y para nuestra sorpresa, Jesús respondió a la reprimenda con palabras terriblemente duras.

El Evangelio no es un mensaje dulce e ingenuo sobre un amor frágil y sin sentido. El evangelio es el remedio de Dios para nuestros pecados y maldad. Nos guste o no, somos malos. Nos guste o no, transgredimos la ley perfecta de Dios. Nos guste o no, la ley nos condena. El Evangelio es la buena noticia de que Dios, en Cristo, con amor verdadero y compasivo, dio una solución definitiva a nuestra rebelión: "Les transmití la enseñanza que recibí y que es de suma importancia: Cristo murió por nuestros pecados. , como está escrito en las Sagradas Escrituras, fue sepultado y, al tercer día, resucitó, como está escrito en las Escrituras" (1 Corintios 15: 3-4). Oponerse a esta verdad es colocarnos como adversarios (Satanás) de Dios.

Jesús exhortó a Pedro a dejar de pensar en términos humanos y a pensar como piensa Dios. La cruz da miedo, la cruz causa dolor, la cruz mata... Es natural que queramos huir de la cruz. Por eso Jesús nos dice muy claramente: "Si alguien quiere ser mi seguidor, olvídate de tus propios intereses, prepárate para morir como yo voy a morir y acompáñame". (Mateo 16.24 NTV) Tomar este camino hará del mundo nuestro enemigo. Pero, viendo la vida como Dios ve y no como nos parece, la plenitud de su presencia y su gloria se realizarán en nosotros.

viernes, 3 de junio de 2022

Buenas noticias para los pobres

«El Espíritu del Señor está sobre mí. Me ha ungido para proclamar buenas noticias a los pobres; me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos, a dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos y a proclamar el año de la buena voluntad del Señor.» Lucas 4.18-19


¿Qué es el poder? Para el sistema mundano, el poder significa fuerza, prestigio y riqueza. Fuerza para oprimir. Prestigio para conducir. Riqueza para adquirir. Para el triunfalismo imperante en el mundo, los débiles, los anónimos, los pobres son despreciables y prescindibles. Dios, por otro lado, ve el poder como una manifestación de la plenitud de su Espíritu. El poder de Dios sana, libera y reconcilia.


Jesús anuncia "el año agradable de la buena voluntad del Señor", el verdadero jubileo que redime a los pobres, sana a los enfermos, da libertad a los cautivos y descanso para la tierra. El poder mundano es incompatible e irreconciliable con el Evangelio. Porque Dios, en Cristo y por el poder del Espíritu, estos últimos son ciertamente los primeros. "Porque el Señor es el Espíritu y donde está el Espíritu del Señor, hay libertad". (2 Corintios 3.17)


Unidos a Jesús, por medio de la fe, también nosotros hemos sido ungidos para "anunciar la buena nueva a los pobres y la libertad a los cautivos, dar vista a los ciegos, liberar a los oprimidos y anunciar el año agradable de la buena voluntad del Señor". No podemos profesar ser cristianos y vivir de acuerdo con el sistema mundano o, peor aún, desearlo. Aferrándonos a las promesas de la palabra de Dios, podemos vencer, con el poder del Espíritu, las tentaciones de la carne, el mundo y el diablo. En la libertad con que Cristo nos hizo libres, podemos decir con nuestro Maestro: "Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de ustedes".

viernes, 20 de mayo de 2022

Cosas mejores

"Pero nuestro Sumo Sacerdote ha recibido un ministerio mucho mejor, pues es mediador de un pacto mejor, establecido sobre mejores promesas." Hebreos 8.6


La mayoría de nosotros prefiere una deliciosa comida casera a una bandeja plástica preparada en el microondas. Preferimos agua mineral natural al agua del grifo. Preferimos una casa cómoda y segura a una choza en medio del monte. Si bien podemos no coincidir en qué es precisamente mejor, no hay dudas que todos procuramos lo que para nosotros mismos consideramos mejor o superior.


La epístola a los Hebreos podría ser titulada: "el libro de las cosas mejores". Nos presenta a Cristo siendo superior a los ángeles, mejor que Moisés, mejor que el Sacerdocio y el tabernáculo. Todo lo anterior fue creado, enviado y aprobado por Dios, sin embargo eran sencillamente la preparación para lo mejor es insuperable que es Cristo mismo: "La ley es apenas el contorno de los bienes venideros, y no su imagen real" (Hebreos 10.1).




Cristo, habiendo consumado su obra, nos ofrece y nos otorga algo infinitamente superior a cualquier cosa bajo la antigua alianza. En él tenemos una mejor y definitiva revelación del propósito de la voluntad de Dios, y su cumplimiento. Cristo es no solamente la promesa, también el cumplimiento de la promesa, su consumador y su garante. Por Cristo, con él, y en él, disfrutamos hoy mismo la paz, la alegría y la seguridad del reinado de Dios. "Fijemos la mirada en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo que le esperaba sufrió la cruz y menospreció el oprobio, y se sentó a la derecha del trono de Dios" (Hebreos 12.2).

viernes, 14 de enero de 2022

Tolerancia

"Mucho me regocijé porque he hallado a algunos de tus hijos andando en la verdad, conforme al mandamiento que recibimos del Padre." 2 Juan 4

Cada quien tiene su verdad, todo es relativo y depende del punto de vista personal. Más o menos en esos términos piensa nuestra sociedad, y quien no concuerda es tachado de intolerante, fanático, reaccionario; poco menos que un enemigo público. La palabra de Dios es clara y contundente; la verdad no tolera la mentira, el reino de Dios es verdad y amor, y debemos evitar a quienes proclaman la falsedad.

Muchas veces en el pasado, y ciertamente hoy en día, la cristiandad ha querido imponer como verdad absoluta y mandamiento divino los valores e intereses de su época y contexto social. Y ha defendido esas posturas con presión, exclusión, torturas y muerte: ¡Todo lo contrario del mensaje de Jesús!



Pero, ¿el abuso de la verdad debe llevarnos a ocultarla y avergonzarnos de ella? ¡Nunca! No importa lo que el mundo diga o intente imponernos, fuimos llamados para ser testigos y proclamadores de la verdad divina y de su amor eterno: al ser bautizado por Juan el bautista, morir en la Cruz y resucitar de entre los muertos el Señor nos ha salvado para siempre. "Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado. Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado", 1 Juan 3:23-24.

jueves, 6 de enero de 2022

Hechos de los Apóstatas

"Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos". Judas 3

Si bien en los últimos siglos se ha minado el nombre, la confesión y la propia identidad del cristianismo, aún hoy decirse cristiano puede agregar cierto tinte de honra, de respetabilidad; y es por ello que a pesar de su incredulidad hay muchas personas que insisten en ser identificadas como perteneciendo a la cristiandad. Nada puede ser más peligroso para un rebaño de ovejas que un lobo disfrazado de una de ellas.



El Hijo de Dios, Jesucristo, tomó y cargó todos los pecados del mundo de una vez por todas al ser bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán, y fue crucificado y derramó su sangre en la cruz como propiciación por los pecados de todo el mundo, pasados, presentes y futuros, y resucitó al tercer día y nos ha dado vida eterna y abundante salvación. Ese es el evangelio que trae salvación, justicia y vida abundante. Los herejes, en cambio, están interesados en sus becerros de oro: dinero, propiedades, prestigio y poder.

Hoy, como ayer, corremos el riesgo de ser engañados por falsos maestros y falsos hermanos y hermanas. No podemos ver el corazón, ni leer la mente de las personas. Por eso el apóstol Judas nos exhorta a guardar la confesión de la verdadera fe. La fe del evangelio del agua y el Espíritu. No es necesario descubrir ni describir cada herejía; frente a la verdad revelarán su verdadera identidad. No es lo que se dice de la boca para afuera, sino el fruto que produce la fe verdadera, lo que manifiesta a los apóstatas y herejes.

Aunque en palabras y afirmaciones los falsos maestros puedan engañar, su confesión es estéril o, peor aún, produce frutos malignos. "Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos", Mateo 7:15-18

viernes, 31 de diciembre de 2021

La paz de Dios gobierne en sus corazones

"Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él." Colosenses 3:12-17


Es frecuente que el mundo exija a los cristianos que manifestemos un carácter perfecto. Cuando cometemos el más mínimo fallo, allí aparecen innumerable acusadores para resaltar la "mentira" de los cristianos. Es notorio que, quienes más exigentes son con nosotros, suelen ser los menos dispuestos a practicar cualquier virtud. Los violentos exigen a los cristianos paciencia y mansedumbre. Los avaros exigen a los cristianos humildad y contentamiento. Los opresores exigen a los cristianos benignidad y sumisión. Y, aunque esto sea evidente, no podemos evitar la sensación de sentirnos insuficientes e hipócritas.




No son nuestras habilidades, ni nuestra fuerza, ni nuestros buenos sentimientos los que nos guían a manifestar la obra de Dios en nuestras vidas, sino su palabra fiel, sus promesas eternas, su poder que se perfecciona en nuestra debilidad. Es la gracia de Dios la que nos sostiene, no la opinión del mundo. No es nuestro amor, sino el amor de Dios el que nos une en un vínculo perfecto. Y el amor de Dios se nos revela en el Evangelio. Jesús vino a este mundo para limpiar todo nuestro pecado por Su acto de justicia (Romanos 5:18). Su acto de justicia fue que Él fue bautizado por Juan el Bautista para quitar el pecado del mundo y fue crucificado para dar la paga por el pecado. Él vino por Su bautismo y sangre.


Podemos vivir confiados, alegres, animados, cuando la palabra de Dios abunda en nuestros corazones. Aunque el mundo nos acuse y nos acose, nada debemos temer, porque el Señor está con nosotros. En medio de la violencia, la avaricia y la opresión, brillamos como luz de Dios. La misericordia, la bondad, la humildad, la mansedumbre y la paciencia que manifestamos no es para impresionar a otros, sino para el Señor Jesús, para alabanza de Dios Padre. "Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos."

viernes, 24 de diciembre de 2021

Belén

"Como José era descendiente de David y vivía en Nazaret, que era una ciudad de Galilea, tuvo que ir a Belén, la ciudad de David, que estaba en Judea, para inscribirse junto con María, que estaba desposada con él y se hallaba encinta. Y mientras ellos se encontraban allí, se cumplió el tiempo de que ella diera a luz". Lucas 2.4-6

En lengua hebrea, Belén literalmente significa “la casa del pan”. En los inicios de la era cristiana, comenzó a tener el significado de “la casa del pan de vida”. El mismo Jesús que nació en Belén para poder salvarnos de los pecados del mundo tuvo que tomar todos nuestros pecados de una vez por todas al ser bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán, y fue crucificado y derramó su sangre en la cruz como propiciación por los pecados del mundo, y resucitó al tercer día y nos ha dado vida eterna y abundante salvación; éste es el mismo Cristo que está realmente presente por el Espíritu Santo en y con nosotros.



Esta presencia de Cristo, que perdona pecados y nos fortalece para ser sus testigos, es el fundamento sobre el cual nos apoyamos y que inspira nuestras palabras, pensamientos y acciones para transformar al mundo. El poeta Angelus Silesius escribió: "Si Cristo naciere mil veces en Belén,/ y no en ti, seguirás perdido eternamente."

jueves, 16 de diciembre de 2021

Jesús

"María, la madre de Jesús, estaba comprometida con José, pero antes de unirse como esposos se encontró que ella había concebido del Espíritu Santo. José, su marido, era un hombre justo y quiso dejarla secretamente, pues no quería denigrarla. Mientras José reflexionaba al respecto, un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu mujer, porque su hijo ha sido concebido por el Espíritu Santo. María tendrá un hijo, a quien pondrás por nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.» Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor dijo por medio del profeta: «Una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Emanuel, que significa: “Dios está con nosotros.”»" Mateo 1.18-23

La Navidad llega durante el momento más oscuro del año en el hemisferio norte. Ése fue el ambiente en el cual se escribieron las historias del nacimiento de Jesús. ¿Es acaso una sorpresa que anhelemos la luz: refulgente, brillante, radiante, resplandeciente, deslumbrante, luminosa? "Jesús dijo: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.»" Juan 8.12



El camino de la salvación que Dios ha establecido requería enviar al Hijo de Dios al mundo, y él debía tomar nuestros pecados al ser bautizado por el Juan el Bautista, ser crucificado y resucitar de entre los muertos. Los que creen en esta buena noticia son hechos justos por medio de la fe verdadera. Jesús es la luz del mundo, quien está en Cristo no está en tinieblas. Por medio de Cristo, unidos a él por el bautismo, también nosotros tenemos la luz de la vida. Jesucristo es nuestra misma vida.

viernes, 3 de diciembre de 2021

Alegría viva

"Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!" Filipenses 4:4

Todos los seres humanos nacemos con una naturaleza pecadora, y pecamos hasta el último aliento de nuestra vida. No podemos hacer otra cosa que pecar y no podemos escapar del juicio de Dios; si fuese por nuestra tendencia natural, todos estamos destinados a ir al infierno, "Porque la paga del pecado es muerte" (Romanos 6:23). Pero donde abundó el pecado, la gracia sobreabundó, "De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna." (Romanos 5:20, Juan 3:16).

Jesucristo, el Hijo de Dios, vino a este mundo para ser el Cordero de Dios. Él tomó todo el pecado del mundo cuando fue bautizado por Juan el bautista en el Río Jordán. Como el representante de toda la humanidad, Juan puso sus manos sobre la cabeza de Jesús, y allí todo el pecado del mundo pasó a Jesús. Así, el Señor Jesús tomó todos nuestros pecados por medio de su bautismo y los cargó hasta la cruz. Él derramó su preciosa sangre como pago por nuestro pecado y expío todos los pecados del mundo sin excepción.

Las buenas noticias siempre producen alegría. Pero también podemos regocijarnos simplemente por el hecho de estar vivos. El gozo es un reconocimiento de que Dios es bueno y que todo obedece al orden divino. Es saber que vivimos en la presencia de un Padre amoroso, que somos amados y bendecidos.



Podemos cultivar la alegría apreciando los dones con que somos bendecidos cada día. Podemos enfocarnos en el bien en nuestras vidas, en lugar de la queja. Si prestamos atención, veremos que la alegría que Jesús inspiró a otros durante su vida y a través de su ministerio también tenía el propósito de que nosotros lo recibiéramos también.

viernes, 26 de noviembre de 2021

El tiempo señalado

"Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán." Mateo 1.1


En las Escrituras se destaca el linaje de Jesús y su conexión con Abrahán y el Rey David, al igual que los profetas que anticiparon la llegada del Mesías. El nacimiento de Jesús fue anunciado, esperado y realizado. Las promesas de Dios son fieles y verdaderas. La simiente salvadora prometida a Adán, a Abraham, y a David, llegó a su tiempo, y por él nosotros somos adoptados en la familia de Dios. El linaje de Cristo, es también nuestro linaje por la fe.



Estos personajes nos enseñan que, si bien es cierto que nuestra historia es importante —de dónde provenimos y de quiénes— también nos recuerdan que todo en este mundo es pasajero. Solamente Dios permanece para siempre. Y el Señor, amoroso y compasivo, cumple sus promesas: en la plenitud del tiempo Jesucristo cargó con todos los pecados del mundo al ser bautizado por Juan el Bautista, recibió el castigo por todos los pecados al derramar su sangre en la cruz; y resucitó de entre los muertos, completando la obra de salvación, para presentarnos justos delante del Padre.

"Pero cuando se cumplió el tiempo señalado, Dios envió a su Hijo, que nació de una mujer y sujeto a la ley, para que redimiera a los que estaban sujetos a la ley, a fin de que recibiéramos la adopción de hijos." Gálatas 4.4-5 

viernes, 12 de noviembre de 2021

Hijos del Dios Altísimo

"Ustedes deben amar a sus enemigos, hacer el bien y dar prestado, sin esperar nada a cambio. Grande será entonces el galardón que recibirán, y serán hijos del Altísimo. Porque él es benigno con los ingratos y con los malvados. Por lo tanto, sean compasivos, como también su Padre es compasivo." Lucas 6.35-36




Todos los cristianos hemos enfrentado, una o muchas veces, a la acusación de hipocresía. No hace falta mucha perspicacia para darse cuenta de que ninguno de nosotros alcanza el estándar del carácter divino. Somos carnales y fallidos, esa es nuestra naturaleza. De nuestro corazón carnal solamente salen "los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez". Pero la mentalidad mundana exige una norma de santidad que no es de Dios, exige perfección moral y acciones inmaculadas, exige... exige y sigue exigiendo. Esta es la táctica del diablo.


La norma de santidad que Jesús nos propone no se alcanza con esfuerzo o ascetismo, sino con fe en el que llama. Nuestra seguridad no descansa en nosotros, se aferra a la obra de Cristo. Jesucristo, Dios mismo, cargó con todos los pecados del mundo a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista, fue condenado por todos los pecados al derramar Su sangre hasta morir en la Cruz; se levantó de entre los muertos y así ha completado la obra de salvación para hacernos justos delante del Padre. Basado en esta justicia de Dios por nosotros, Él también actúa en nosotros para transformarnos. La santidad es relación; relación con Dios, en Cristo, por medio del Espíritu Santo. Relación que se manifiesta en las relaciones con nuestro prójimo. "Por tanto, sean compasivos, así como su Padre es compasivo".


Ante la tentación de juzgar, de creer que somos mejores que los demás, Jesús nos recuerda que somos hijos e hijas de Dios por gracia, testigos de su amor infinito e incondicional. Ante la tentación de condenar a quienes piensan o adoran de manera diferente a nosotros, Jesús nos exhorta a llamar, incluir y abrazar a todos sin distinción, especialmente a los marginados y despreciados. Frente a la tendencia a reclamar nuestros propios derechos y a guardar resentimientos por el fracaso, Jesús nos manda a perdonar como fuimos perdonados. "Grande será la recompensa que recibirán y serán hijos del Dios Altísimo".

viernes, 5 de noviembre de 2021

"¡Ríndanse! ¡Reconozcan que yo soy Dios!"

"Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza; nuestra ayuda en momentos de angustia. Por eso no tendremos miedo, aunque se deshaga la tierra, aunque se hundan los montes en el fondo del mar, aunque ruja el mar y se agiten sus olas, aunque tiemblen los montes a causa de su furia." Salmos 46.1-3

En tiempos de incertidumbre, miedo y malestar, como los que vivimos hoy, casi todos buscamos un ancla que nos sostenga entre las mareas que nos arrastran, y nos damos cuenta de que nuestras fuerzas son insuficientes. Nada en este mundo parece ser suficiente para darnos una paz permanente. La economía mundial está sumida en el caos. La política se ha convertido en un negocio. Y la religión es un circo. "Las naciones rugen, los reinos tiemblan, la tierra se deshace cuando él deja oír su voz".

Solo la fe ve más allá de lo que ven los ojos. La fe se sumerge en las profundidades del Espíritu y lo ve todo desde la perspectiva de Dios, en la medida de la eternidad. La verdadera fe es más que una acumulación de información y verdades. La fe ve más allá de las verdades. La fe se eleva a las alturas de la revelación. Es la fe la que inspira a los soñadores, la que da poder a la oración y supera las decepciones del mundo. Solo la fe nos lleva a descansar en Dios y ser testigos de sus obras de amor. "¡El Señor todopoderoso está con nosotros! ¡El Dios de Jacob es nuestro refugio!".



¿Qué tan fuertes puede hacernos la fe? Lo suficientemente fuertes como para sofocar cualquier temor a un desastre o cataclismo en la naturaleza, las relaciones o en el propio espíritu. Ni los terremotos, ni los maremotos, ni los disturbios, ya sea en la tierra o dentro de los corazones, que comúnmente oprimen a la humanidad, pueden destruir el sentido de protección que ofrece la fe firme. Dios es el refugio infalible de los fieles. "¡Ríndanse! ¡Reconozcan que yo soy Dios! ¡Yo estoy por encima de las naciones! ¡Yo estoy por encima de toda la tierra!".