viernes, 24 de diciembre de 2021

Belén

"Como José era descendiente de David y vivía en Nazaret, que era una ciudad de Galilea, tuvo que ir a Belén, la ciudad de David, que estaba en Judea, para inscribirse junto con María, que estaba desposada con él y se hallaba encinta. Y mientras ellos se encontraban allí, se cumplió el tiempo de que ella diera a luz". Lucas 2.4-6

En lengua hebrea, Belén literalmente significa “la casa del pan”. En los inicios de la era cristiana, comenzó a tener el significado de “la casa del pan de vida”. El mismo Jesús que nació en Belén para poder salvarnos de los pecados del mundo tuvo que tomar todos nuestros pecados de una vez por todas al ser bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán, y fue crucificado y derramó su sangre en la cruz como propiciación por los pecados del mundo, y resucitó al tercer día y nos ha dado vida eterna y abundante salvación; éste es el mismo Cristo que está realmente presente por el Espíritu Santo en y con nosotros.



Esta presencia de Cristo, que perdona pecados y nos fortalece para ser sus testigos, es el fundamento sobre el cual nos apoyamos y que inspira nuestras palabras, pensamientos y acciones para transformar al mundo. El poeta Angelus Silesius escribió: "Si Cristo naciere mil veces en Belén,/ y no en ti, seguirás perdido eternamente."

jueves, 16 de diciembre de 2021

Jesús

"María, la madre de Jesús, estaba comprometida con José, pero antes de unirse como esposos se encontró que ella había concebido del Espíritu Santo. José, su marido, era un hombre justo y quiso dejarla secretamente, pues no quería denigrarla. Mientras José reflexionaba al respecto, un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu mujer, porque su hijo ha sido concebido por el Espíritu Santo. María tendrá un hijo, a quien pondrás por nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.» Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor dijo por medio del profeta: «Una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Emanuel, que significa: “Dios está con nosotros.”»" Mateo 1.18-23

La Navidad llega durante el momento más oscuro del año en el hemisferio norte. Ése fue el ambiente en el cual se escribieron las historias del nacimiento de Jesús. ¿Es acaso una sorpresa que anhelemos la luz: refulgente, brillante, radiante, resplandeciente, deslumbrante, luminosa? "Jesús dijo: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.»" Juan 8.12



El camino de la salvación que Dios ha establecido requería enviar al Hijo de Dios al mundo, y él debía tomar nuestros pecados al ser bautizado por el Juan el Bautista, ser crucificado y resucitar de entre los muertos. Los que creen en esta buena noticia son hechos justos por medio de la fe verdadera. Jesús es la luz del mundo, quien está en Cristo no está en tinieblas. Por medio de Cristo, unidos a él por el bautismo, también nosotros tenemos la luz de la vida. Jesucristo es nuestra misma vida.

viernes, 3 de diciembre de 2021

Alegría viva

"Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!" Filipenses 4:4

Todos los seres humanos nacemos con una naturaleza pecadora, y pecamos hasta el último aliento de nuestra vida. No podemos hacer otra cosa que pecar y no podemos escapar del juicio de Dios; si fuese por nuestra tendencia natural, todos estamos destinados a ir al infierno, "Porque la paga del pecado es muerte" (Romanos 6:23). Pero donde abundó el pecado, la gracia sobreabundó, "De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna." (Romanos 5:20, Juan 3:16).

Jesucristo, el Hijo de Dios, vino a este mundo para ser el Cordero de Dios. Él tomó todo el pecado del mundo cuando fue bautizado por Juan el bautista en el Río Jordán. Como el representante de toda la humanidad, Juan puso sus manos sobre la cabeza de Jesús, y allí todo el pecado del mundo pasó a Jesús. Así, el Señor Jesús tomó todos nuestros pecados por medio de su bautismo y los cargó hasta la cruz. Él derramó su preciosa sangre como pago por nuestro pecado y expío todos los pecados del mundo sin excepción.

Las buenas noticias siempre producen alegría. Pero también podemos regocijarnos simplemente por el hecho de estar vivos. El gozo es un reconocimiento de que Dios es bueno y que todo obedece al orden divino. Es saber que vivimos en la presencia de un Padre amoroso, que somos amados y bendecidos.



Podemos cultivar la alegría apreciando los dones con que somos bendecidos cada día. Podemos enfocarnos en el bien en nuestras vidas, en lugar de la queja. Si prestamos atención, veremos que la alegría que Jesús inspiró a otros durante su vida y a través de su ministerio también tenía el propósito de que nosotros lo recibiéramos también.

viernes, 26 de noviembre de 2021

El tiempo señalado

"Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán." Mateo 1.1


En las Escrituras se destaca el linaje de Jesús y su conexión con Abrahán y el Rey David, al igual que los profetas que anticiparon la llegada del Mesías. El nacimiento de Jesús fue anunciado, esperado y realizado. Las promesas de Dios son fieles y verdaderas. La simiente salvadora prometida a Adán, a Abraham, y a David, llegó a su tiempo, y por él nosotros somos adoptados en la familia de Dios. El linaje de Cristo, es también nuestro linaje por la fe.



Estos personajes nos enseñan que, si bien es cierto que nuestra historia es importante —de dónde provenimos y de quiénes— también nos recuerdan que todo en este mundo es pasajero. Solamente Dios permanece para siempre. Y el Señor, amoroso y compasivo, cumple sus promesas: en la plenitud del tiempo Jesucristo cargó con todos los pecados del mundo al ser bautizado por Juan el Bautista, recibió el castigo por todos los pecados al derramar su sangre en la cruz; y resucitó de entre los muertos, completando la obra de salvación, para presentarnos justos delante del Padre.

"Pero cuando se cumplió el tiempo señalado, Dios envió a su Hijo, que nació de una mujer y sujeto a la ley, para que redimiera a los que estaban sujetos a la ley, a fin de que recibiéramos la adopción de hijos." Gálatas 4.4-5 

viernes, 19 de noviembre de 2021

Bendeciré al Señor, que me aconseja

"Tú, Señor, eres mi copa y mi herencia; tú eres quien me sostiene. Por suerte recibí una bella herencia; hermosa es la heredad que me asignaste. Por eso te bendigo, Señor, pues siempre me aconsejas, y aun de noche me reprendes." Salmos 16.5-7


Nuestras almas aspiran a más de lo que perciben los sentidos. Nuestros corazones están llenos de un intenso deseo de receptividad y aspiración espiritual. Sin embargo, las respuestas que tendemos a buscar son insuficientes e insatisfactorias; los placeres, las distracciones y la fuga no pueden satisfacer los anhelos del corazón humano. "Cuídame, oh Dios, porque en ti confío. Yo declaro, Señor, que tú eres mi dueño; que sin ti no tengo ningún bien".


¿Cómo se puede satisfacer este deseo? Permaneciendo en silencio todos los días y escuchando la voz quieta del Espíritu, ese deseo se puede cumplir. En esta soledad interior podemos aprender el idioma del Padre y descubrir cómo ser sensibles a los principios que promueven el desarrollo espiritual. "Por eso te bendigo, Señor, pues siempre me aconsejas, y aun de noche me reprendes. Todo el tiempo pienso en ti, Señor; contigo a mi derecha, jamás caeré".




Cuando ponemos nuestra confianza en Dios, entramos en un estado de entusiasmo en lugar de amargura del alma. Agradecemos al Señor por la respuesta a la oración en lugar de llorar y recordar la aflicción y la necesidad. Es en Dios, y solo en él, donde encontramos sabiduría, alegría, justicia y paz. "Tú me enseñas el camino de la vida; con tu presencia me llenas de alegría; ¡estando a tu lado seré siempre dichoso!"


viernes, 12 de noviembre de 2021

Hijos del Dios Altísimo

"Ustedes deben amar a sus enemigos, hacer el bien y dar prestado, sin esperar nada a cambio. Grande será entonces el galardón que recibirán, y serán hijos del Altísimo. Porque él es benigno con los ingratos y con los malvados. Por lo tanto, sean compasivos, como también su Padre es compasivo." Lucas 6.35-36




Todos los cristianos hemos enfrentado, una o muchas veces, a la acusación de hipocresía. No hace falta mucha perspicacia para darse cuenta de que ninguno de nosotros alcanza el estándar del carácter divino. Somos carnales y fallidos, esa es nuestra naturaleza. De nuestro corazón carnal solamente salen "los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez". Pero la mentalidad mundana exige una norma de santidad que no es de Dios, exige perfección moral y acciones inmaculadas, exige... exige y sigue exigiendo. Esta es la táctica del diablo.


La norma de santidad que Jesús nos propone no se alcanza con esfuerzo o ascetismo, sino con fe en el que llama. Nuestra seguridad no descansa en nosotros, se aferra a la obra de Cristo. Jesucristo, Dios mismo, cargó con todos los pecados del mundo a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista, fue condenado por todos los pecados al derramar Su sangre hasta morir en la Cruz; se levantó de entre los muertos y así ha completado la obra de salvación para hacernos justos delante del Padre. Basado en esta justicia de Dios por nosotros, Él también actúa en nosotros para transformarnos. La santidad es relación; relación con Dios, en Cristo, por medio del Espíritu Santo. Relación que se manifiesta en las relaciones con nuestro prójimo. "Por tanto, sean compasivos, así como su Padre es compasivo".


Ante la tentación de juzgar, de creer que somos mejores que los demás, Jesús nos recuerda que somos hijos e hijas de Dios por gracia, testigos de su amor infinito e incondicional. Ante la tentación de condenar a quienes piensan o adoran de manera diferente a nosotros, Jesús nos exhorta a llamar, incluir y abrazar a todos sin distinción, especialmente a los marginados y despreciados. Frente a la tendencia a reclamar nuestros propios derechos y a guardar resentimientos por el fracaso, Jesús nos manda a perdonar como fuimos perdonados. "Grande será la recompensa que recibirán y serán hijos del Dios Altísimo".

viernes, 5 de noviembre de 2021

"¡Ríndanse! ¡Reconozcan que yo soy Dios!"

"Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza; nuestra ayuda en momentos de angustia. Por eso no tendremos miedo, aunque se deshaga la tierra, aunque se hundan los montes en el fondo del mar, aunque ruja el mar y se agiten sus olas, aunque tiemblen los montes a causa de su furia." Salmos 46.1-3

En tiempos de incertidumbre, miedo y malestar, como los que vivimos hoy, casi todos buscamos un ancla que nos sostenga entre las mareas que nos arrastran, y nos damos cuenta de que nuestras fuerzas son insuficientes. Nada en este mundo parece ser suficiente para darnos una paz permanente. La economía mundial está sumida en el caos. La política se ha convertido en un negocio. Y la religión es un circo. "Las naciones rugen, los reinos tiemblan, la tierra se deshace cuando él deja oír su voz".

Solo la fe ve más allá de lo que ven los ojos. La fe se sumerge en las profundidades del Espíritu y lo ve todo desde la perspectiva de Dios, en la medida de la eternidad. La verdadera fe es más que una acumulación de información y verdades. La fe ve más allá de las verdades. La fe se eleva a las alturas de la revelación. Es la fe la que inspira a los soñadores, la que da poder a la oración y supera las decepciones del mundo. Solo la fe nos lleva a descansar en Dios y ser testigos de sus obras de amor. "¡El Señor todopoderoso está con nosotros! ¡El Dios de Jacob es nuestro refugio!".



¿Qué tan fuertes puede hacernos la fe? Lo suficientemente fuertes como para sofocar cualquier temor a un desastre o cataclismo en la naturaleza, las relaciones o en el propio espíritu. Ni los terremotos, ni los maremotos, ni los disturbios, ya sea en la tierra o dentro de los corazones, que comúnmente oprimen a la humanidad, pueden destruir el sentido de protección que ofrece la fe firme. Dios es el refugio infalible de los fieles. "¡Ríndanse! ¡Reconozcan que yo soy Dios! ¡Yo estoy por encima de las naciones! ¡Yo estoy por encima de toda la tierra!".