jueves, 6 de enero de 2022
Hechos de los Apóstatas
viernes, 31 de diciembre de 2021
La paz de Dios gobierne en sus corazones
"Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él." Colosenses 3:12-17
Es frecuente que el mundo exija a los cristianos que manifestemos un carácter perfecto. Cuando cometemos el más mínimo fallo, allí aparecen innumerable acusadores para resaltar la "mentira" de los cristianos. Es notorio que, quienes más exigentes son con nosotros, suelen ser los menos dispuestos a practicar cualquier virtud. Los violentos exigen a los cristianos paciencia y mansedumbre. Los avaros exigen a los cristianos humildad y contentamiento. Los opresores exigen a los cristianos benignidad y sumisión. Y, aunque esto sea evidente, no podemos evitar la sensación de sentirnos insuficientes e hipócritas.
No son nuestras habilidades, ni nuestra fuerza, ni nuestros buenos sentimientos los que nos guían a manifestar la obra de Dios en nuestras vidas, sino su palabra fiel, sus promesas eternas, su poder que se perfecciona en nuestra debilidad. Es la gracia de Dios la que nos sostiene, no la opinión del mundo. No es nuestro amor, sino el amor de Dios el que nos une en un vínculo perfecto. Y el amor de Dios se nos revela en el Evangelio. Jesús vino a este mundo para limpiar todo nuestro pecado por Su acto de justicia (Romanos 5:18). Su acto de justicia fue que Él fue bautizado por Juan el Bautista para quitar el pecado del mundo y fue crucificado para dar la paga por el pecado. Él vino por Su bautismo y sangre.
Podemos vivir confiados, alegres, animados, cuando la palabra de Dios abunda en nuestros corazones. Aunque el mundo nos acuse y nos acose, nada debemos temer, porque el Señor está con nosotros. En medio de la violencia, la avaricia y la opresión, brillamos como luz de Dios. La misericordia, la bondad, la humildad, la mansedumbre y la paciencia que manifestamos no es para impresionar a otros, sino para el Señor Jesús, para alabanza de Dios Padre. "Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos."
viernes, 24 de diciembre de 2021
Belén
jueves, 16 de diciembre de 2021
Jesús
viernes, 3 de diciembre de 2021
Alegría viva
viernes, 26 de noviembre de 2021
El tiempo señalado
"Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán." Mateo 1.1
viernes, 19 de noviembre de 2021
Bendeciré al Señor, que me aconseja
"Tú, Señor, eres mi copa y mi herencia; tú eres quien me sostiene. Por suerte recibí una bella herencia; hermosa es la heredad que me asignaste. Por eso te bendigo, Señor, pues siempre me aconsejas, y aun de noche me reprendes." Salmos 16.5-7
Nuestras almas aspiran a más de lo que perciben los sentidos. Nuestros corazones están llenos de un intenso deseo de receptividad y aspiración espiritual. Sin embargo, las respuestas que tendemos a buscar son insuficientes e insatisfactorias; los placeres, las distracciones y la fuga no pueden satisfacer los anhelos del corazón humano. "Cuídame, oh Dios, porque en ti confío. Yo declaro, Señor, que tú eres mi dueño; que sin ti no tengo ningún bien".
¿Cómo se puede satisfacer este deseo? Permaneciendo en silencio todos los días y escuchando la voz quieta del Espíritu, ese deseo se puede cumplir. En esta soledad interior podemos aprender el idioma del Padre y descubrir cómo ser sensibles a los principios que promueven el desarrollo espiritual. "Por eso te bendigo, Señor, pues siempre me aconsejas, y aun de noche me reprendes. Todo el tiempo pienso en ti, Señor; contigo a mi derecha, jamás caeré".

Cuando ponemos nuestra confianza en Dios, entramos en un estado de entusiasmo en lugar de amargura del alma. Agradecemos al Señor por la respuesta a la oración en lugar de llorar y recordar la aflicción y la necesidad. Es en Dios, y solo en él, donde encontramos sabiduría, alegría, justicia y paz. "Tú me enseñas el camino de la vida; con tu presencia me llenas de alegría; ¡estando a tu lado seré siempre dichoso!"

