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martes, 29 de septiembre de 2026

El poder transformador del amor y la identidad correcta

"Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo." Mateo 22:37-39

En nuestro día a día, a menudo nos enfrentamos a situaciones complejas, dilemas y "trampas" cotidianas que amenazan con robarnos la paz mental y desgastar nuestra energía espiritual. En el Evangelio de Mateo, vemos a los fariseos intentando entrampar a Jesús con debates teológicos enrevesados, una actitud muy similar a la de aquellos pensamientos negativos que intentan sabotear nuestro potencial. Sin embargo, la respuesta del Maestro derriba cualquier complicación inútil y nos devuelve a lo esencial. Jesús simplifica la existencia y nos enseña que el secreto para superar cualquier limitación radica en enfocar nuestra mente en el amor divino y en descubrir la verdadera identidad del poder que opera en nuestras vidas.

El primer y más grande mandamiento que Jesús nos regala es amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente. Lejos de ser una imposición religiosa o una carga pesada, este mandato es la mayor fuente de energía y optimismo disponible para el ser humano. Amar a Dios con "toda la mente" significa practicar una higiene mental espiritual: vaciar nuestro pensamiento del miedo, la duda y la ansiedad, para llenarlo de fe, esperanza y gratitud. Cuando decides sintonizar tus pensamientos con la abundancia y la bondad del Creador, transformas tu mentalidad y, por consecuencia, transformas por completo tu realidad externa.

Inmediatamente después, Jesús añade un segundo principio que es el reflejo directo del primero: amar al prójimo como a uno mismo. Este pasaje encierra una verdad psicológica y espiritual profunda, y es que resulta imposible dar aquello que no se posee. Para poder extender un amor genuino hacia los demás, primero debes aceptar el profundo amor que Dios te tiene y desarrollar una autoestima sana, reconociéndote como una creación divina de alto valor. Al liberarte de los resentimientos y elegir el camino del amor hacia quienes te rodean, disuelves las tensiones internas y abres de par en par las puertas para que la paz, el éxito y las relaciones armoniosas prosperen en tu vida.



Hacia el final del relato, Jesús cambia los roles y lanza una pregunta crucial a sus oyentes: "¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo?". Los fariseos, limitados por una lógica puramente humana y terrenal, respondieron que era hijo de David; pero Jesús les demostró que su naturaleza y poder van mucho más allá de lo visible. Esta pregunta sigue resonando hoy para cada uno de nosotros, porque el tamaño de tus expectativas determinará el tamaño de tus resultados. Si mantienes un concepto pequeño de Dios, tus soluciones serán pequeñas; pero si elevas tu perspectiva y reconoces a Jesús como el Señor absoluto de tu vida, tus gigantes mentales y tus problemas cotidianos se volverán insignificantes a su lado.

En conclusión, la clave para vivir una vida victoriosa y llena de propósito se encuentra en la calidad de tus pensamientos y en la dirección de tu fe. Hoy es el día perfecto para dejar atrás los debates estériles, las preocupaciones que agotan tus fuerzas y los patrones de escasez. Te invito a tomar la decisión consciente de amar a Dios con una mente positiva, valorarte como su creación y elevar tu mirada hacia el poder ilimitado de Cristo. Al cambiar la configuración de tu mente y alinearte con estos principios universales, activarás una fuerza transformadora inigualable, recordando siempre que con Dios de tu lado, no existen límites para lo que puedes lograr.

jueves, 20 de marzo de 2025

Mejoren sus caminos y sus obras, y atiendan a la voz del Señor

Estudio Bíblico

Lectura: Jeremías 26:1-15


1. ¿Qué?

Jeremías profetizó a los habitantes de Judá, y especialmente a sus líderes, que si se arrepentían, Dios les perdonaría. También les dijo que si lo mataban, ellos serían los culpables de haber matado a un inocente. El pueblo, y sus príncipes, no debían rechazar ni una palabra de su mensaje. Todos debían mejorar sus caminos y sus obras; debían escuchar la voz de Dios. 

 

2. ¿Quién?

En este pasaje nos encontramos con el profeta Jeremías, el pueblo de Judá, los príncipes y los sacerdotes.

 


3. ¿Dónde?

El reino de Judá fue un estado bíblico que existió en el Levante mediterráneo durante la Edad de Hierro. Se formó por las tribus de Judá, Dan meridional y Benjamín, que se mantuvieron leales a la Casa de David. 

 

4. ¿Cuándo?

Este mensaje se dio al principio del reinado de Joacim, unos cuatro años antes de la primera invasión babilónica. En ese entonces, muchos líderes de Judá pensaban que podían evitar la conquista babilónica. 

 

5. ¿Por qué, para qué?

El libro de Jeremías en general, y este capítulo en particular, enseña que Dios puede transformar el corazón de la gente. También enseña que la alianza entre Dios e Israel no hace invencibles a los del pueblo de Dios. A los de Judá se les dice que deben "mejorar" sus caminos y sus obras, es decir, deben cambiar sus formas de actuar y pensar para agradar a Dios. También se les anima a escuchar la voz de Dios, que se comunica a través de los profetas, como Jeremías en este caso. Si la gente se arrepiente y vuelve a Dios, entonces Dios se arrepentirá del mal que había pronunciado contra ellos, lo cual significa que no llevará a cabo su juicio, sino que les liberará de la condenación.

viernes, 7 de febrero de 2025

Creer y obedecer

Estudio Bíblico 
Lectura: Éxodo 34:29-35 

1. ¿Qué? 
Moisés sube al monte Sinaí un segunda vez para poner un reemplazo de los Diez Mandamientos. Él rompió las primeras tablas en la cólera porque los israelitas habían pecado, adorando al becerro de oro y entregándose a los placeres. Al descender de la montaña, su rostro resplandecía y eso trajo temor entre el pueblo. 

2. ¿Quién? 
En este pasaje aparecen Moisés, Dios, Aarón, los hijos de Israel, los príncipes del pueblo. 

3. ¿Dónde? 
El monte Sinaí es el lugar donde Dios le dio a Moisés la Ley (Torá). Estaba en la región de Horeb y antiguamente se lo llamaba "Monte Horeb". Ubicado en la península del Sinaí en Egipto, este imponente pico de 2.285 metros es reverenciado por las principales religiones monoteístas del mundo: el judaísmo, el cristianismo y el islam.



4. ¿Cuándo? 
Dios habría liberado a los israelitas de la esclavitud aproximadamente en 1450 a. C. Éxodo 34 ocurrió poco después de que Dios le hablara a Moisés en el Monte Sinaí, lo que ubicaría estos eventos aproximadamente entre 4 y 6 meses después de que los hebreos abandonaran Egipto (19:1; 32:34). Algunos estudiosos sugieren una fecha en torno al año 1250 a. C., mientras que otros defienden otros marcos temporales. 

5. ¿Por qué, para qué? 
El mensaje principal de Éxodo 34 puede resumirse como una profunda revelación del carácter de Dios y la renovación de la relación de pacto entre el Señor y Su pueblo. El mensaje para nosotros es que no seamos como Israel, que no entendió en absoluto el rostro resplandeciente de Moisés . Fuimos creados para reflejar la gloria de Dios al mundo. Este reflejo de la gloria de Dios solo se produce cuando contemplamos la palabra de Dios para que podamos ser transformados a su imagen.

viernes, 3 de febrero de 2023

Para que les vaya bien y vivan muchos años

"Así que pongan en práctica todo lo que el Señor su Dios les ha ordenado, sin desviarse de ello para nada. Sigan el camino que el Señor su Dios les ha señalado, para que les vaya bien y vivan muchos años en la tierra que él les va a dar en propiedad." Deuteronomio 5.32-33



Todos los seres humanos somos inconstantes, algunos más otros menos, pero invariablemente tropezamos alguna vez. Es nuestra fragilidad lo que nos frustra con nosotros mismos y con nuestros semejantes. El error, la falta de confianza, la dureza para perdonar y perdonarnos, son fruto de ser conscientes de esa debilidad innata. Dios, en cambio, nos llama a apoyarnos en su fuerza y no en la nuestra.

¿Dios nos fuerza a cumplir su voluntad y sus preceptos? Por el contrario, somos libres de desobedecer la ley, pero hacerlo es nuestra perdición. Para nosotros la ley divina es la ley de nuestro bienestar: “para que les vaya bien y vivan muchos años”. Desobedecer la ley lleva a la humanidad a la conciencia del mal, ya sea sufrimiento físico y muerte o efectos malignos en su mente y naturaleza moral. Por ello, la instrucción del Señor nos corrige constantemente, y con amor nos conduce por el camino de la vida. para que les vaya bien y vivan muchos años

viernes, 24 de junio de 2022

El mayor y más grande mandamiento

«Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?» Jesús le respondió: «“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.” Éste es el primero y más importante mandamiento. Y el segundo es semejante al primero: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas.» Mateo 22.36-40


La respuesta de Jesús fue simple: el gran mandamiento es el amor. Pero simple no significa fácil. Toda la ley y los profetas se resumen en el amor; amor a Dios y amor al prójimo. Sin embargo, ¿quién de nosotros ama así? La ley es simple, siempre lo es, pero eso no significa que podamos cumplirla. Mientras sigamos pensando que amar a Dios y al prójimo depende de nuestra propia fuerza y de nuestra virtud, permaneceremos en la misma situación que los fariseos, saduceos y doctores de la ley.

Después de responder a la pregunta sobre el mayor mandamiento, Jesús mismo hizo una pregunta: "¿Qué piensas del Mesías?" El cumplimiento de la ley es imposible para nosotros, la ley revela nuestro pecado, nuestra miseria, nuestra falta de amor. Es solo por gracia, mediante la fe en Cristo, que Dios nos da la virtud de su Espíritu Santo para amar. A través de Cristo, en Cristo y con Cristo, el amor de Dios se derrama en nuestros corazones.



Lo que la ley, siempre justa y buena, no puede hacer por nuestra debilidad, nos lo da el Evangelio por pura gracia. "Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente." Este es el mandamiento más grande e importante. Y el segundo más importante es similar al primero: "Ama a los demás como te amas a ti mismo". El gran mandamiento de la ley es el amor, sí, pero no podemos amar como exige la ley. Solo Cristo puede transformarnos para recibir, compartir y multiplicar el amor que es él mismo en nosotros, con nosotros y a través de nosotros.

viernes, 25 de junio de 2021

Yo soy el Señor, tu Dios

"Yo soy el Señor tu Dios. Yo te saqué de la tierra de Egipto, donde vivías como esclavo. No tendrás dioses ajenos delante de mí." Éxodo 2.2-3




La declaración "Yo soy el Señor tu Dios" es la manifestación del proceso creativo divino, siempre en tiempo presente. Dios se presenta a sí mismos como YHWH, que significa "Yo soy el que vive por siempre, el eterno". Al reconocer nuestro derecho de nacimiento, haber sido creados a imagen y semejanza del Señor, podemos manifestar nuestra verdadera naturaleza como hijas e hijos de Dios.


¿Qué representa la tierra de Egipto y la vivir esclavizados? La tierra de Egipto representa la conciencia cautiva de los sentidos, y la casa donde servíamos como esclavos, el cuerpo humano en su estado no redimido.


¿Cuál es el significado del mandamiento "No tendrás dioses ajenos delante de mí"? Significa que no debemos reconocer otro poder que Dios, el eterno bien. Nos identificamos con el bien al afirmar nuestra unidad con él, y por tanto nuestra unidad con el Señor.


viernes, 8 de febrero de 2019

La receta

"Éstos son los estatutos y decretos que ustedes tendrán cuidado de poner por obra todos los días que ustedes vivan en la tierra que el Señor, el Dios de sus padres, les ha dado en posesión." Deuteronomio 12.1

¿Existe una receta de la felicidad? Últimamente anda circulando un chiste sobre los cocineros de TV que ofrecen "recetas sencillas con cosas que todos tenemos en casa como un delfín, un cubito de hielo del polo norte o una barba de calamar prehistórico". Las instrucciones no sirven de nada si no tenemos los medios para ponerlas en práctica.


Con frecuencia sucumbimos a la tentación de pensar, y actuar, como si la Ley de Dios fuese un cúmulo de reglas muy interesantes pero impracticables. El pecado nos hace enemigos de la Ley de Dios, y por eso somos rápidos para, de forma explícita o implícita, buscar excusas para desconocerla. "No se engañen. Dios no puede ser burlado." Gálatas 6.7

Ciertamente no podemos cumplir la Ley por nuestras propias fuerzas; la Ley nos pone en evidencia como pecadores. Pero, "lo que para la ley era imposible hacer, debido a que era débil por su naturaleza pecaminosa: por causa del pecado envió a su Hijo en una condición semejante a la del hombre pecador, y de esa manera condenó al pecado en la carne, para que la justicia de la ley se cumpliera en nosotros", Romanos 8.34. En Cristo, Dios nos propone su Ley como guía para una vida plena y santa. ¡Es la receta de la felicidad!

viernes, 3 de agosto de 2018

¿Salario o regalo?

"Pues la paga que deja el pecado es la muerte, pero el regalo que Dios da es la vida eterna por medio de Cristo Jesús nuestro Señor."Romanos 6.23

La ley de Dios es más que un conjunto de mandamientos que exigen obediencia, es la expresión del carácter justo, recto y bondadoso del Señor. Si bien con la boca decimos que no somos perfectos, todos pensamos poder cumplir los requisitos de la ley y merecer un generoso pago por ello.

Cuanto más nos esforzamos por cumplir la ley, más se manifiesta el pecado en nosotros. Cuanto más pensamos que merecemos un premio por nuestra bondad, tanto más el peso de la muerte se cierne sobre nosotros. "Pues nadie llegará jamás a ser justo ante Dios por hacer lo que la ley manda. La ley sencillamente nos muestra lo pecadores que somos." (Romanos 3.20)


Dios es un Padre amoroso, no un patrón opresivo. Él no desea con nosotros una relación comercial de obras y salarios, sino un vínculo de amor filial. En Cristo no nos ofrece un pago por nuestra bondad, nos da el único remedio para nuestra maldad; gratuitamente, por puro amor. El regalo de Dios, su propio Hijo, es vida. "Cuando la gente trabaja, el salario que recibe no es un regalo sino algo que se ha ganado; pero la gente no es considerada justa por sus acciones sino por su fe en Dios, quien perdona a los pecadores." (Romanos 4.4-5)

viernes, 9 de marzo de 2018

Bendición y maldición

"En este día pongo al cielo y a la tierra por testigos contra ustedes, de que les he dado a elegir entre la vida y la muerte, y entre la bendición y la maldición. Escojan, pues, la vida, para que vivan ustedes y sus descendientes." Deuteronomio 30.19


La mayor parte de lo que experimentamos en la vida es más un reflejo de nuestro propio estado mental y espiritual que un efecto de lo que realmente sucede. En cuanto a la percepción que tenemos de los hechos y circunstancias, éstos tienen la forma y valor que nosotros mismos les damos. Cualquier cosa que consideremos buena, como bendición, será bendición para nosotros. Por el contrario, todo lo que maldigamos nos maldecirá. Si vemos las circunstancias de la vida como una maldición, todo nos parecerá malo y saldremos heridos. Cualquier situación, sin importar su apariencia externa, que veamos como bendición nos será benéfica.

"La palabra que sale de mis labios no vuelve a mí sin producir efecto, sino que hace lo que yo quiero y cumple la orden que le doy." Isaías 55.11

Tal vez estemos pasando algún problema de salud, o simplemente no nos gusta algo de nuestro cuerpo, y estemos tentados a quejarnos y maldecir; ¡no lo hagamos! Bendigamos nuestro cuerpo. Bendice nuestro hogar y a nuestra familia. Bendigamos a nuestro prójimo, incluso a quienes no nos caen simpáticos o son nuestros enemigos. Así los aparentes enemigos personales, mentales y espirituales se volverán amigos. Bendigamos el estado del tiempo, y el lugar donde vivimos. Todo lo que bendecimos nos bendecirá de vuelta.

viernes, 15 de septiembre de 2017

¿Qué es la gracia?

El amor, el perdón y la reconciliación son el corazón del Evangelio. El amor, el perdón y la reconciliación que Dios nos ofrece son inmerecidos, infinitos e incondicionales, no concedidos sobre la base de nuestros méritos, sino por la justicia de Cristo. Por nuestros propios medios y obras, lejos de conseguir la justicia y la paz con Dios y nuestros semejantes, aumentamos más y más la opresión y la injusticia.


La parábola de los dos deudores en Mateo 18 ilustra con sencillez y plasticidad la amplitud y el propósito de la gracia de Dios. El rey, gratuita y gentilmente, libera a un deudor oprimido por el peso de sus deudas. ¡Qué bueno es Dios! ¿Queremos saber qué es la gracia? El perdón que no merecemos, otorgado por puro amor, eso es gracia. A todos nos gusta y reconforta ser perdonados, pero nos resulta terriblemente duro perdonar. Y la historia continúa en esa dirección: el deudor liberado se erige como opresor de su compañero; y es eso despierta la indignación y la ira del rey.

"Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores." Mateo 6.12

El perdón de Dios es totalmente gratuito e incondicional. El rey nos perdona y nos reconcilia solamente por gracia. No obstante, su gracia no es carente de propósito. El propósito de la gracia, la razón de ser perdonados, reconciliados y liberados de la deuda, es para hacernos testigos y agentes de esa misma gracia.

"[...] se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete." Mateo 18.21-22

martes, 23 de mayo de 2017

¿Ortodoxia?


Al leer el Nuevo Testamento, así lo hagamos superficialmente, no puede pasar desapercibido el constante enfrentamiento de Jesús con los fariseos y los escribas. Con frecuencia, tendemos a considerar que estas personas eran malignas, mentirosas o que habían retorcido las Escrituras. Pero, si leemos objetivamente los relatos, no encontraremos nada de eso, más bien todo lo contrario. Jesús reconoce el celo, la religiosidad y la radicalidad de los fariseos; la crítica que Jesús les hace es que, aunque guardaban y explicaban la Ley rigurosamente, habían perdido el espíritu de la misma.

"¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que separan para Dios la décima parte de la menta, del anís y del comino, pero no hacen caso de las enseñanzas más importantes de la ley, que son la justicia, la misericordia y la fidelidad. Esto es lo que deben hacer, sin dejar de hacer lo otro." Mateo 23.23

La práctica regular de la exégesis bíblica llevó paulatinamente a los doctores de la Ley a compilar un gigantesco conjunto de “interpretaciones” que, agregado a la ya imperiosa letra de la Ley de Moisés, caía en las más bizarras sutilezas. Con el tiempo, las interpretaciones, comentarios, comentarios de las interpretaciones e interpretaciones de los comentarios, llegaron a ser considerados “la ley oral”, con el mismo grado de autoridad, o inclusive mayor, que la Ley de Moisés, revelada por Dios.

Aunque difícilmente alguien se reconozca fariseo, lo cierto es que el fariseísmo abunda entre los profesos seguidores de Jesús. No importa qué nombre se le ponga, o con qué excusa se haga, cuando las palabras de los Doctores, de las Tradiciones y de los Concilios; cuando las interpretaciones, comentarios, comentarios de las interpretaciones e interpretaciones de los comentarios, llegan a ocupar el lugar de la palabra de Dios, entonces estamos ante la presencia del fariseísmo.

Probablemente la mayoría de nosotros haya visto alguna vez esas estructuras en forma de reja que se colocan en los jardines para que las enredaderas y las flores puedan trepar y así exhibir de forma más llamativa su natural belleza. Las formulaciones ortodoxas son parecidas a esas estructuras. Permiten que la natural belleza de la palabra de Dios pueda ser vista en toda su plenitud, pero de ningún modo son la palabra de Dios. Dios creó las enredaderas y la flores, los bastidores, rejas y estructuras son obras humanas.

Los fariseos, tanto los de la antigüedad como nuestros contemporáneos, son magníficos constructores de vallas, estructuras y bastidores. Con finísimas maderas y metales, las hacen fuertes y durables. Pintan. Barnizan. Pulen. ¡Qué trabajo! ¡Qué arte! ¡Qué precisión! Pero jamás plantan una flor. Nunca un aroma, ni la frescura del rocío sobre los pétalos. Abismados en lo intrincado de su propia y magnífica labor, se pierden el encanto de la vida, creación de Dios.

Recientemente, un hermano en Cristo me presentó una analogía muy interesante: las fórmulas teológicas ortodoxas vienen a ser como un mapa que señala el norte del recorrido, proporcionan una visión panorámica del territorio y sirven como testimonio de viajeros que recorrieron el territorio antes que nosotros. La analogía es buena y acertada, siempre que recordemos que “el mapa no es el territorio”; ningún mapa, por bueno y detallado que sea, describe perfectamente el territorio, y ningún viajero, por más detallista y minucioso que pueda ser, consigue captar, y menos aún plasmar en un mapa, la riqueza que sólo el terreno real tiene.

El diccionario define ortodoxia como la opinión o creencia tenida por correcta y verdadera; en oposición a la heterodoxia, tenida por falsa, en ambos casos desde la perspectiva de la autoridad que fija tal ortodoxia, o en ausencia de tal autoridad, desde la perspectiva de las ideas o prácticas generalmente admitidas por consenso. Dentro del cristianismo, en su sentido más antiguo, el término se aplicaba a la conformidad con la fe de la iglesia primitiva.

La palabra de Dios es clara y en ella podemos encontrar e identificar la verdad sin confusión. Cuando los cristianos reflexionamos sobre las verdades de la palabra de Dios, y es natural que lo hagamos, invariablemente llegamos a conclusiones y las expresamos por palabra o por escrito. Si lo que hablamos o escribimos está en conformidad con la clara enseñanza de la palabra de Dios, podemos sin duda llamarlo ortodoxia. No reside allí el problema. El problema viene cuando se toman las formulaciones dogmáticas, los Doctores, Tradiciones y Concilios en lugar de la palabra de Dios.

Para quien profese una ortodoxia al modo del fariseísmo, estas palabras sonarán a blasfemia. El fariseo no defiende en realidad la doctrina, defiende la doctrina que él profesa por la sola razón de que la profesa él y él, de ningún modo, puede estar equivocado. Como dijera un buen amigo: “Cualquier orientación, norma, ley, determinación o reglamentación religiosa debe ser comparada, interpretada y evaluada según las palabras, orientaciones y actitudes de Jesucristo”; sin embargo, los que se atribuyen a sí mismos una “ortodoxia inflexible” buscan domesticar a Jesús y adaptarlo a sus preciadas e intocables fórmulas confesionales.
  1. Ciertas "ortodoxias" no son más que excusas para hacer nula la Palabra de Dios en nombre de tradiciones particulares. "Jesús les dijo: —Para mantener sus propias tradiciones, ustedes pasan por alto el mandato de Dios." Marcos 7.9
  2. La "ortodoxia" que deba usar la fuerza y el terror para imponerse cojea a causa de su propia hipocresía. "¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que recorren tierra y mar para ganar un adepto, y cuando lo han logrado, hacen de él una persona dos veces más merecedora del infierno que ustedes mismos." - Mateo 23.15
  3. Hay quienes llaman "ortodoxia" tan sólo a la proyección de sus miedos, frustraciones y rencores. "Tú serás discípulo de ese hombre [Jesús]; nosotros somos discípulos de Moisés." - Juan 9.28
  4. Algunas "ortodoxias" viven, como los buitres, de cadáveres. "¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que construyen los sepulcros de los profetas y adornan los monumentos de los justos, y luego dicen: “Si nosotros hubiéramos vivido en tiempos de nuestros antepasados, no habríamos tomado parte en la muerte de los profetas.” Ya con esto, ustedes mismos reconocen que son descendientes de los que mataron a los profetas. ¡Terminen de hacer, pues, lo que sus antepasados comenzaron!" - Mateo 23.29-32
  5. Muchas "ortodoxias" son fachadas para quienes no tienen fe. "¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que cierran la puerta del reino de los cielos para que otros no entren. Y ni ustedes mismos entran, ni dejan entrar a los que quieren hacerlo." - Mateo 23.13
  6. Llamar "ortodoxia" a la negación de enfrentar el desafío de la fe, es una terrible falacia. "Vivimos por fe, no por vista." - 2 Corintios 5.7
  7. Se escudan tras su "ortodoxia" las sanguijuelas de la fe; esos que basan su fe en la fe de otros. "Los maestros de la ley y los fariseos enseñan con la autoridad que viene de Moisés. Por lo tanto, obedézcanlos ustedes y hagan todo lo que les digan; pero no sigan su ejemplo, porque ellos dicen una cosa y hacen otra." - Mateo 23.2-3
Un ministro de la palabra de Dios, del cual nadie se atrevería a poner en duda ni su celo ni su ortodoxia, escribió una vez: “La Iglesia no reconoce ningún intérprete humano de la Escritura cuya interpretación deba ser recibida como infalible y vinculante a causa de su Oficio; a ningún individuo,ni a ningún Orden, ni a un Concilio particular ni general, ni a la totalidad de un Cuerpo Eclesiástico”. Las fórmulas dogmáticas tienen una razón y una función análoga a las fórmulas químicas. Estudiando ciencias es perfectamente adecuado saber y decir que el agua se compone de dos átomos de Hidrógeno y uno de Oxígeno, no obstante, tan sólo el agua concreta calma la sed. "Vienen días —afirma el Señor— en los cuales mandaré hambre a la tierra; no hambre de pan, ni sed de agua, sino hambre de oír la palabra del Señor." Amós 8.11

Los fariseos de nuestros días, como los fariseos de la Biblia, sólo saben de Doctores, Tradiciones y Concilios, pero nada de la Palabra de Dios, viva y eficaz. Ellos precisan entender la gracia, la justicia y la verdad de Dios como Él mismo las reveló en su santa Palabra. Ellos deben aprender el Evangelio de redención para ser salvos.

Jesús jamás dijo que sus discípulos se identificarían por la capacidad de capturar, disecar y reducir su mensaje a fórmulas dogmáticas inflexibles, más bien todo lo contrario. Él dijo: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que escondiste de los sabios y entendidos." Eran los escribas y fariseos quienes despreciaban, y sin disimulo decían: "esta gente, que no conoce la ley, está maldita." Lo que identifica a los discípulos de Jesús, la marca inconfundible de haber entendido recta y precisamente su mensaje es el amor: "Si se aman los unos a los otros, todo el mundo se dará cuenta de que son discípulos míos."

La auténtica ortodoxia no consiste en reclamar de forma histérica la posesión exclusiva de la verdad. La ortodoxia, viviendo de la viva palabra de Dios, busca conformar su fe a la "fe que una vez fue entregada al pueblo santo". La auténtica ortodoxia no consiste en violentar la conciencia para creer algo sólo porque otros creyeron así. Ortodoxia es beber el agua viva de la eterna palabra de Dios. Un balde puede ayudar a sacar agua del pozo, pero beber el balde nos puede llevar a la muerte. La ortodoxia es una forma de ver y buscar en la fuente inagotable de la revelación divina, una forma de vivir, de pensar, amar y aprender de la palabra viva de Dios que ajusta nuestras creencias al fundamento de la Escritura, y no la Escritura a nuestras creencias. El foco de la ortodoxia no es ella misma, ni siquiera la Escritura, el centro de la ortodoxia es Dios.

martes, 18 de octubre de 2016

El décimo Mandamiento

"No codicies la casa de tu prójimo: no codicies su mujer, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que le pertenezca." Éxodo 20.17

La codicia afecta profundamente la condición espiritual. Aunque nunca lleguemos a tomar algo que no nos pertenezca, codiciarlo debilita y, finalmente, pudre el alma. Codiciar algo significa una ignorancia fundamental de los principios divinos, y esa ignorancia nos aparta de Dios. "¿Por qué?", podemos preguntarnos. Es que, cualquier cosa que tengamos o nos falte, refleja nuestra percepción y manifiesta nuestra fe. Si ignoramos esto, no hay salvación posible.


Este mandato es muy detallado. Menciona no codiciar la casa, ni la esposa, ni el siervo, ni la sierva, ni el ganado, ni nada que pertenezca a nuestro prójimo. El deseo impropio a lo que no nos pertenece, los pensamientos codiciosos y avaros, son causa de los mayores males que sufrimos como individuos y como sociedad. Moisés nos alerta contra esta fuente de perturbaciones.

"Hagan, pues, morir todo lo que hay de terrenal en ustedes: que nadie cometa inmoralidades sexuales, ni haga cosas impuras, ni siga sus pasiones y malos deseos, ni se deje llevar por la avaricia (que es una forma de idolatría)." Colosenses 3.5

Dios es el creador, sustentador y proveedor de todo cuanto existe. Sin importar qué sea lo que estemos necesitando, o pensemos que estamos necesitando, podemos estar seguros que Dios lo posee en abundancia. La codicia es una de las peores formas de falta de fe. La providencia de Dios es infinita y envidiar a alguien porque posee algo que nosotros no, es negar nuestra propia comunión con Dios.

viernes, 14 de octubre de 2016

El noveno Mandamiento

"No des falso testimonio contra tu prójimo." Éxodo 20.16

No necesitamos mucha reflexión, ni intrincadas especulaciones, para entender el obvio significado de esta ordenanza: No debemos decir mentiras. 


Es importante que observemos este principio en todos los aspectos de nuestra vida. La rectitud de la verdad no es únicamente una gentileza hacia las otras personas, afecta nuestra propia percepción. Si faltamos a la verdad, en cualquier aspecto, la verdad se hará cada vez más lejana e inaccesible para nosotros. La Biblia registra las palabras de Jesús, quien dijo: "Les digo lo siguiente: el día del juicio, tendrán que dar cuenta de toda palabra inútil que hayan dicho." Mateo 12.36. 

De forma más profunda, este mandato significa que, de una u otra manera, siempre expresamos quienes realmente somos. Es imposible ser una cosa y manifestar otra. Mi padre solía decir: "el que le miente a los demás es un pecador, pero quien se miente a sí mismo es un tonto". Es cierto que podemos engañar a otros por medio de mentiras y máscaras, pero no de manera permanente. La verdad es la expresión del carácter de Dios en nosotros. La verdad divina no tiene como finalidad reformarnos o corregirnos, su propósito es transformarnos y hacernos una nueva creación.

"Simplemente di: “Sí, lo haré” o “No, no lo haré”. Cualquier otra cosa proviene del maligno." Mateo 5.37

Cuando nosotros percibamos que la veracidad, la sinceridad y la rectitud son mucho más que simples normas de convivencia social y honestidad formal, nos estableceremos firmemente en la verdad divina y podremos dar recto testimonio, no sólo con palabras, sino con nuestra vida entera.

martes, 11 de octubre de 2016

El octavo Mandamiento

"No robes." Éxodo 20.15

Tanto la moral cuanto las leyes de la mayoría de las sociedades declaran que robar está mal. Sea por conformidad con las reglas sociales o por temor al castigo por el delito, la mayor parte de nosotros nos abstenemos de robar. No obstante, siempre ha habido personas que se han dedicado al robo ocasionalmente o como forma de vida. Sea como fuere, el respeto por la propiedad ajena es un principio fundamental, en las relaciones sociales y en la vida espiritual. 

"Donde esté tu tesoro, allí estarán también los deseos de tu corazón." Mateo 6.21

El robo y el despojo sólo es posible si hay apego; si la conciencia es libre, ni todos los ladrones del mundo podrían robar siquiera una mísera moneda. La consciencia de la Presencia de Dios, creador y sustentador de todo lo que existe, nos libera de la dependencia de lo efímero. Del Señor "es la tierra y su plenitud", nosotros somos simples mayordomos de los bienes que él nos otorga.

Los mandamientos no son restricciones arbitrarias, sino leyes fundamentales de la vida. Ir en contra de la armonía de la vida no perjudica en nada a Dios, pero sí mucho a nosotros mismos. Dios es amor; el amor y la armonía manifiestan aspectos de Dios. Cuando nosotros renunciamos al latrocinio, empezamos a percibir que nada nos falta y que poseemos la plenitud de todo lo que Dios es. La total libertad viene del desapego.


viernes, 7 de octubre de 2016

El séptimo Mandamiento

"No cometerás adulterio." Éxodo 20.14 

A pesar de que en nuestra época intentamos restarle importancia o radicalidad, este mandamiento significa exactamente lo que quiere decir. La ética cristiana, fundamentada en la pureza del amor, no puede ser relativizada sin perder su singularidad y su fuerza. No cometer adulterio es esencial, porque la santidad de la relación es el fundamento de la paz y de la comunión, entre nosotros, y también con Dios. Pero el sentido del mandamiento no se agota en una formalidad exterior de lealtad, es más, mucho más. 


Cuando leemos el Antiguo Testamento nos damos cuenta que el adulterio y la fornicación estaban muy relacionados, e inclusive se tomaban como sinónimos, con la idolatría. La adoración idolátrica era condenada como adulterio. La razón principal de este entendimiento ya estaba explícita en el primer mandamiento: "No tengas otros dioses aparte de mí". A lo largo de las Escrituras encontramos a Dios presentándose como marido del alma humana, queriendo expresar así su deseo de comunión, intimidad y fidelidad. Así también encontramos que la idea de la mujer adúltera, quien es infiel a su marido, constantemente significa el alma humana que está desviándose en pos de algún otro dios.

"¡Oh gente infiel! ¿No saben ustedes que ser amigos del mundo es ser enemigos de Dios? Cualquiera que decide ser amigo del mundo, se vuelve enemigo de Dios. Por algo dice la Escritura: «Dios ama celosamente el espíritu que ha puesto dentro de nosotros.»" Santiago 4.4-5

martes, 4 de octubre de 2016

El sexto Mandamiento

"No matarás."  Éxodo 20.13

"No pienses", "no digas", "no hagas". Como normas de conducta, los mandamientos son precisamente así, una serie de restricciones que regulan el comportamiento exterior. Sin embargo, cuando entendemos que debajo de la superficie se encuentra un profundo significado espiritual, comprendemos que el propósito de estos preceptos no es restringir, sino transformar. 

El sentido de este mandamiento es muy claro, toda violencia comienza en el corazón. Sin importar cuánto queramos enmascararnos tras un velo de moralidad y buenas inteciones, nosotros siempre estamos tratando de matar. Este precepto divino nos recuerda que pensar que podemos matar algo, es crearnos un conflicto del cual no podremos huir ni escapar de sus consecuencias. Solemos justificarnos diciendo que vivimos en un mundo agresivo y violento, y que es imposible vivir sin crear defensas. Lo cierto es que nada, ni nadie, puede atacar ni destruir lo que somos, hijas e hijos de Dios; únicamente nosotros, desde nuestro interior, podemos hacerlo.

"Ustedes han oído que a sus antepasados se les dijo: “No mates, pues el que mate será condenado.” Pero yo les digo que cualquiera que se enoje con su hermano, será condenado. Al que insulte a su hermano, lo juzgará la Junta Suprema; y el que injurie gravemente a su hermano, se hará merecedor del fuego del infierno." Mateo 5.21-22


Generalmente pasamos el tiempo de nuestras vidas pensando pensando y quejándonos de la maldad de otras personas, de los daños e injurias que hemos recibido, y de lo buenos y maravillosos que podríamos ser si no fuese porque los otros, con su malicia, nos impiden. Si somos sinceros, esos pensamientos están en nuestro interior, y somos directamente responsables por ellos. Nuestra libertad para ser nosotros mismos, así como nuestro progreso espiritual, se manifestarán tan pronto como reconozcamos que nadie puede herirnos, porque nadie puede destruir lo que Dios creó.

martes, 27 de septiembre de 2016

El quinto Mandamiento

"Respeta a tu padre y a tu madre, para que se prolongue tu vida sobre la tierra que Yavé, tu Dios, te da." Éxodo 20.12

El respeto y la honra a nuestros padres, por el sencillo hecho de ser ellos nuestros padres, es únicamente el marco exterior del significado de este precepto. De modo mucho más profundo, el mandamiento nos dirige a Dios, quien es "el Padre de los espíritus" (Hebreos 12.9). 


El Universo entero es una danza constante, un delicado equilibrio entre polaridades. Al decir “respeta a tu padre y a tu madre”, este mandamiento nos remite a los dos polos, el masculino y el femenino; el día y la noche; lo positivo y lo negativo; la actividad y la pasividad. Cuando olvidamos que la vida es un movimiento permanente, aparecen el dolor y la decepción.

"Hijos, obedezcan a sus padres, pues esto es un deber: Honra a tu padre y a tu madre. Es, además, el primer mandamiento que va acompañado de una promesa: para que seas feliz y goces de larga vida en la tierra." Efesios 6.1-3 

En las Escrituras el padre representa el conocimiento y la madre simboliza las emociones y sentimientos. Todos nosotros tenemos un lado o el otro más desarrollado, raras veces manifestamos un balance perfectamente equilibrado. Si deseamos progresar, debemos honrar a nuestro padre y nuestra madre, aceptar lo positivo y lo negativo, y descansar en la tierra bendita de la presencia divina.

sábado, 24 de septiembre de 2016

El cuarto Mandamiento

"Acuérdate del sábado, para consagrarlo al Señor. Trabaja seis días y haz en ellos todo lo que tengas que hacer, pero el séptimo día es de reposo consagrado al Señor tu Dios. No hagas ningún trabajo en ese día, ni tampoco tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni el extranjero que viva contigo. Porque el Señor hizo en seis días el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y descansó el día séptimo. Por eso el Señor bendijo el sábado y lo declaró día sagrado." Éxodo 20.8-11

Debemos tener presente que este precepto fue dado a un pueblo que acababa de salir de la esclavitud. Apartar un día de la semana para que todo el pueblo, los extranjeros y hasta los animales cesasen todas sus actividades y dedicasen ese día a descansar en Dios, era realmente algo revolucionario. La fe y la devoción espiritual no nacen de la observancia de reglas, pero éstas pueden ayudar.

Tomás de Kempis escribió: "Si ponemos todo el progreso religioso en puras observancias exteriores, pronto se nos acabará la piedad." Así como los demás mandamientos del decálogo, éste también es una instrucción para buscar la Presencia de Dios en todo lugar y en todo tiempo. Nuestra forma de ver las cosas puede producir escasez, pero en Dios hay abundancia infinita; nuestros afanes nos fatigan, pero en Dios hay reposo y plenitud.

El precepto del día de reposo tiene un significado más profundo que el simple descanso físico. Si cada día podemos reconocer la Presencia divina, no solamente en los momentos de oración, sino también en todos los asuntos, entonces gozaremos del reposo en el seno de Dios, porque para cada día será un día sagrado.

"Por eso, Dios ha vuelto a señalar un día, un nuevo «hoy», y lo ha hecho hablándonos por medio de lo que, mucho tiempo después, David dijo en la Escritura ya mencionada: «Si hoy escuchan ustedes lo que Dios dice, no endurezcan su corazón.»" Hebreos 4.7

Dios está presente en todas partes, en todo tiempo y en todas las circunstancias. Si entendemos la enseñanza de Jesús y la ponemos en práctica, siempre será para nosotros un día de reposo santificado para Dios, y el lugar estemos será terreno sagrado y altar de la gloriosa Presencia.

jueves, 22 de septiembre de 2016

El tercer Mandamiento

"No hagas mal uso del nombre del Señor tu Dios, pues él no dejará sin castigo al que use mal su nombre." Éxodo 20.7

Esta es una ley fundamental de la vida espiritual, y realmente significa que no debemos hacer mal uso del nombre de Dios. El tomar en vano y a la ligera el nombre divino jamás quedará sin consecuencias. Lamentablemente, de forma constante tomamos el nombre del Señor en vano cada vez que intentamos vanamente imponernos, en lugar de aceptar la voluntad divina. 

El nombre de Dios representa nuestro entendimiento respecto de su naturaleza y su voluntad. La idea que nos formamos acerca de Dios determina toda nuestra vida: si creemos que Dios es bueno, amoroso, compasivo, y generoso, esos atributos se manifestarán en nuestra existencia. Si, en cambio, creemos que Dios es poderoso pero no bondadoso, o si creemos en un Dios que posee sabiduría infinita, pero no es misericordioso, entonces así se manifestará nuestra experiencia de Dios.

Difícilmente se hallará a alguien que ose decir que Dios no es bueno, pero cuando la gente afirma que es Dios quien envía
enfermedad, sufrimiento y problemas cumpliendo algún propósito oculto de su voluntad, realmente están afirmando que Dios que no es bueno. La idea que nos formamos de Dios no puede ser en vano. De acuerdo a nuestra creencia, se manifestará en nuestra vida. Cuando queremos encerrar a Dios en nuestros conceptos, nuestros prejuicios o nuestros intereses, en verdad no lo estamos limitando a Él, sino a nuestra experiencia.

"Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre." Mateo 6.9

martes, 20 de septiembre de 2016

El segundo Mandamiento


"No te harás estatua ni imagen alguna de lo que hay arriba, en el cielo, abajo, en la tierra, y en las aguas debajo de la tierra. No te postres ante esos dioses, ni les sirvas, porque yo, Yavé, tu Dios, soy un Dios celoso. Yo pido cuentas a hijos, nietos y biznietos por la maldad de sus padres que no me quisieron. Pero me muestro favorable hasta mil generaciones con los que me aman y observan mis mandamientos." Éxodo 20.4-6

A muchos nos resultan chocantes esas palabras. Sin embargo, la gente primitiva necesitaba ser enseñada de esa forma, porque para ellos era común hacerse dioses palpables. Nosotros tal vez ya no fabricamos ídolos, o intelectualizamos los que tenemos. No obstante, cada vez que le otorgamos poder a algo fuera de Dios, sea una cosa, una idea, o un interés personal, estamos haciendo un ídolo de eso. Por ejemplo, le damos poder a nuestros prejuicios, particularmente a nuestros prejuicios predilectos. Todos nosotros conocemos gente que dice "por qué me sucede esto a mí, Dios se ha ensañado conmigo", y lo dicen con cierto regocijo. Otros prefieren otorgarle poder a sus dolencias, porque de ellas derivan su imagen personal. También cuando nos afanamos por conseguir riquezas, fama o influencia, estamos erigiendo esas cosas como ídolos... Es sólo cuando les quitamos el poder que les hemos otorgado que podemos transformarlas.

"A pesar de que conocían a Dios, no le rindieron honores ni le dieron gracias como corresponde. Al contrario, se perdieron en sus razonamientos y su conciencia cegada se convirtió en tinieblas." Romanos 1.21

Si dejamos a Dios y adoramos ídolos de cualquier clase que fueren, inevitablemente vamos a sufrir. Las estatuas de piedra o las figurillas de madera pueden ser fácilmente destruidas, pero no resulta tan fácil con los ídolos de la mente y el corazón. Para eliminar esos ídolos sutiles necesitamos dejar de darles poder y de pensar en ellos.

En este mandamiento, Dios afirma:"porque yo Yavé, tu Dios, soy un Dios celoso". Eso no significa que Dios sea celoso de la misma forma que lo es un hombre o una mujer, sino que Él debe tener el primer lugar. 

El problema con mucha gente "espiritual" es que desea tener a Dios como a un criado, manteniendo para sí la primacía. De esta forma, las Escrituras usan la palabra celoso en el sentido de que si damos adoración y poder a algo excepto a Dios, hemos perdido por completo a Dios. No podemos tener a Dios parcialmente. O Dios es el único y soberano poder o es nada en absoluto.