viernes, 7 de febrero de 2025
Creer y obedecer
miércoles, 11 de diciembre de 2024
La palabra de nuestro Dios permanece para siempre
jueves, 5 de diciembre de 2024
¡Ya viene el día!
jueves, 28 de noviembre de 2024
Un nuevo pacto
viernes, 26 de julio de 2024
El Señor es justo en todos sus caminos
viernes, 4 de agosto de 2023
Inclinen su oído, y vengan a mí
viernes, 16 de junio de 2023
Esfuérzate y sé valiente
viernes, 10 de marzo de 2023
¿Está el Señor en medio de nosotros o no?
viernes, 17 de febrero de 2023
Sube al monte
sábado, 11 de febrero de 2023
Les he dado a elegir entre la vida y la muerte, y entre la bendición y la maldición.
viernes, 3 de febrero de 2023
Para que les vaya bien y vivan muchos años
viernes, 12 de agosto de 2022
La Ley del Señor es perfecta
viernes, 8 de julio de 2022
Vade retro...
«¡Aléjate de mi vista, Satanás! ¡Me eres un tropiezo! ¡Tú no piensas en las cosas de Dios, sino en cuestiones humanas!» Mateo 16.22
viernes, 24 de junio de 2022
El mayor y más grande mandamiento
viernes, 20 de mayo de 2022
Cosas mejores
"Pero nuestro Sumo Sacerdote ha recibido un ministerio mucho mejor, pues es mediador de un pacto mejor, establecido sobre mejores promesas." Hebreos 8.6
La mayoría de nosotros prefiere una deliciosa comida casera a una bandeja plástica preparada en el microondas. Preferimos agua mineral natural al agua del grifo. Preferimos una casa cómoda y segura a una choza en medio del monte. Si bien podemos no coincidir en qué es precisamente mejor, no hay dudas que todos procuramos lo que para nosotros mismos consideramos mejor o superior.
La epístola a los Hebreos podría ser titulada: "el libro de las cosas mejores". Nos presenta a Cristo siendo superior a los ángeles, mejor que Moisés, mejor que el Sacerdocio y el tabernáculo. Todo lo anterior fue creado, enviado y aprobado por Dios, sin embargo eran sencillamente la preparación para lo mejor es insuperable que es Cristo mismo: "La ley es apenas el contorno de los bienes venideros, y no su imagen real" (Hebreos 10.1).
Cristo, habiendo consumado su obra, nos ofrece y nos otorga algo infinitamente superior a cualquier cosa bajo la antigua alianza. En él tenemos una mejor y definitiva revelación del propósito de la voluntad de Dios, y su cumplimiento. Cristo es no solamente la promesa, también el cumplimiento de la promesa, su consumador y su garante. Por Cristo, con él, y en él, disfrutamos hoy mismo la paz, la alegría y la seguridad del reinado de Dios. "Fijemos la mirada en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo que le esperaba sufrió la cruz y menospreció el oprobio, y se sentó a la derecha del trono de Dios" (Hebreos 12.2).
viernes, 15 de octubre de 2021
No estás lejos del Reino de Dios
"Uno de los escribas, que había estado presente en la discusión y que vio lo bien que Jesús les había respondido, le preguntó: «De todos los mandamientos, ¿cuál es el más importante?» Jesús le respondió: «El más importante es: “Oye, Israel: el Señor, nuestro Dios, el Señor es uno.” Y “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas.” El segundo en importancia es: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” No hay otro mandamiento más importante que éstos.»" Marcos 12.28-31
Nunca antes como ahora la bandera del amor se eleva tan alto. El mensaje de Jesús es solo amor. Dios no es creador ni soberano, es relación. Jesucristo no es Dios, mucho menos Salvador, porque la salvación es amor. El Espíritu Santo es solo otro nombre para el amor entre personas. El evangelio, entonces, consiste en fomentar relaciones de tolerancia, convivencia y beneficencia. Ser cristiano, en definitiva, es ser un "buen vecino".
Dicho así, esto suena chocante, pero esto es lo que se proclama como "las sencillas enseñanzas de Jesús". La trampa de este falso evangelio, escondido bajo tanto amor y dulzura, es que nos lleva directamente a la condenación de la Ley. ¡Tanto hablar sobre el amor no es más que pura Ley, sin una pizca de Evangelio! Esto nos hace creer que podemos producir ese amor perfecto y, lamentablemente, nos lleva a la hipocresía o la desesperación.
No hay forma de amar a "Dios con todas tus fuerzas" con nuestras propias fuerzas. Tampoco hay forma de amar a "tu prójimo como a ti mismo" con nuestro amor propio. ¡Solo Cristo puede hacer eso! El Señor Jesús llevó todos los pecados del mundo a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista, pagó la condenación de los pecados al derramar su sangre en la Cruz; resucitó de entre los muertos y así ha completado la obra de salvación para hacernos justos delante de Dios. En Cristo, justicia de Dios, la Ley se cumple perfectamente; y sólo en él, puro amor de Dios, podemos amar como Dios lo requiere. Esta es, de hecho, la verdad, si la entiendes "no estás lejos del reino de Dios".
viernes, 8 de octubre de 2021
Tu amor, Señor, está siempre delante de mí
"En ti, Señor, confío firmemente; examíname, ¡ponme a prueba!, ¡pon a prueba mis pensamientos y mis sentimientos más profundos!" Salmos 26.1-2
Quién más quién menos, todos estamos escandalizados por las injusticias que nos rodean. Sin embargo, si somos sinceros, sólo nos conmueven si nos afectan directamente. Oramos y clamamos a Dios por justicia, a menudo ignorando u ocultando que nosotros mismos somos responsables de acciones y estructuras injustas. Nos cuesta reconocer que la injusticia del mundo es, en mayor o menor grado, una proyección de nuestra propia injusticia. Sin el menor asomo de vergüenza, solemos pensar y decir: "Lavadas ya mis manos y limpias de pecado,quiero, Señor, acercarme a tu altar".
Es muy humano querer justificarnos. Nuestro estándar de santidad e integridad es el pecado de los demás y no la perfección de Dios. Es por eso que caemos fácilmente en la trampa de la justicia propia. Dentro de nuestro pequeño corazón fariseo vive la fantasía de que cumplimos la ley de Dios y somos moral y espiritualmente mejores que el resto de la humanidad. Sin el menor asomo de vergüenza, solemos pensar y decir: "Jamás conviví con los mentirosos ni me junté con los hipócritas. Odio las reuniones de los malvados; ¡jamás conviví con los perversos!"
Dios no nos dejó a oscuras ni a tientas. Filósofos, políticos y religiosos no son la respuesta, El Señor "nos habló por medio del Hijo, a quien hizo heredero de todas las cosas y por quien hizo el universo". Ciertamente, Dios está preocupado por nuestra conducta moral, especialmente cuando se trata de nuestras relaciones con otras personas. El Señor no está interesado en reglas abstractas e inhumanas, sino que nos exhorta a amarnos los unos a los otros sin restricciones ni imposiciones. El Padre bueno nos dio a su Hijo para recordarnos que somos, en él, hijos e hijas amados, acogidos y llamados a jugar en la alegría de la reconciliación. Esa es la justicia de Dios: amor incondicional manifestado. Sin ninguna vergüenza, sí podemos decir: Cristo es mi justicia, y soy libre para amar como él ama.
viernes, 24 de septiembre de 2021
Como árboles plantados a la orilla de un río
"Qué alegría para los que no siguen el consejo de malos, ni andan con pecadores, ni se juntan con burlones, sino que se deleitan en la ley del Señor meditando en ella día y noche. Son como árboles plantados a la orilla de un río, que siempre dan fruto en su tiempo. Sus hojas nunca se marchitan, y prosperan en todo lo que hacen." Salmos 1.1-3
Aunque nos negamos a aceptar que sea así, la vida es incierta. Como decía la famosa Mafalda: “ahora que me sé todas las respuestas, me cambiaron las preguntas”. Así pasan nuestros días, entre dudas, prejuicios, certezas débiles y muchas máscaras. Las religiones, las filosofías, las ideas políticas o el entretenimiento no ofrecen nada duradero. ¿Qué es lo único que puede hacernos felices? El hábito de meditar en la ley divina y deleitarse en ella.
Ante la confusión de nuestro mundo, es natural que enfoquemos nuestros pensamientos y deseos en querer comprenderlo y transformarlo. Sin embargo, todas las respuestas no son más que parches de papel en una presa de hormigón. Solo la meditación sobre la ley divina (todo el bien) proporciona respuesta, aliento y paz para la vida. Porque, bajo la ley, nos convertimos en la imagen externa de nuestros pensamientos internos; también porque la meditación conduce a la comprensión.
¿De qué manera alguien que medita en la ley divina es como un “árbol plantado al borde de las corrientes de agua”? La verdad es que, cuando vemos quiénes son los ricos del mundo, surgen profundas dudas sobre la bondad y la justicia. Sin embargo, Dios permanece fiel y firme, y en Jesús, manso, bondadoso y misericordioso, nos muestra su verdadero rostro y nos llama a manifestar su presencia en este mundo lleno de dolor y decepción. La ley divina nos proporciona el entorno mental y espiritual más adecuado para nuestro crecimiento y desarrollo en estos planos. Así, prosperamos según Dios y cumplimos infaliblemente nuestro destino como humanidad.
viernes, 21 de mayo de 2021
El Señor conoce los caminos...
"Bienaventurado el hombre que no anda en compañía de malvados, ni se detiene a hablar con pecadores, ni se sienta a conversar con blasfemos. Que, por el contrario, se deleita en la ley del Señor, y día y noche medita en ella." Salmos 1.1-2
¿En qué consiste principalmente es estado de bienaventuranza? En estar en paz consigo mismo, que es el estado de quienes cultivan hábitos constructivos de pensamiento, palabra y acción. ¿Cómo podemos tener estos hábitos de vida? Deleitándonos en la ley divina y meditándola continuamente.
¿Cuál es el resultado de una meditación fiel sobre la ley divina? Comprensión, que hace fecunda la mente "como un árbol plantado junto a corrientes de agua" y la afianza en la conciencia de la justicia. Solo el bien es eterno. Por lo tanto, el mal debe disiparse como paja antes de quemarlo. Como todo lo efímero, "los malvados no serán juzgados".
"Porque el Señor aprueba el camino de los justos". El camino de los justos está en armonía con la ley divina; por lo tanto, se destaca claramente a la luz de la sabiduría divina, y todo el que está en esa luz está seguro de su camino.
viernes, 9 de abril de 2021
Crea en mí un corazón puro
"Dios mío, ¡crea en mí un corazón limpio! ¡Renueva en mí un espíritu de rectitud! ¡No me despidas de tu presencia, ni quites de mí tu santo espíritu! ¡Devuélveme el gozo de tu salvación! ¡Dame un espíritu dispuesto a obedecerte!" Salmos 51.10-12
La parte más misteriosa de la naturaleza humana es el corazón. Como sede de sentimientos, deseos y anhelos, el corazón puede ser, y de hecho es, engañoso y cambiante. De la experiencia, a veces amarga, aprendemos que el corazón debe guiarse por la sabiduría. Todos sabemos que si nos rendimos ciegamente a los impulsos sugeridos por nuestros deseos, sufriremos muchas caídas. Sólo un corazón guiado por la sabiduría divina puede desear con rectitud.
El salmista, después de seguir sus impulsos ciegos, sufrió la amarga experiencia de la culpa y el dolor. Una amargura que todos hemos sentido más de una vez. Al principio tratamos de ocultar la falta, luego nos justificamos, pero al final siempre sentimos el peso de nuestras acciones. David se rindió al amor desenfrenado y cayó en un pecado grave. Pero siempre buscó la guía divina; El suyo no fue un pecado de mera indulgencia animal, y por lo tanto fue corregido bajo la ley mediante el arrepentimiento y el regreso a la Verdad.
El primer paso en cualquier reforma es el reconocimiento del poder de la ley. La sabiduría nos muestra qué es la ley y dónde fallamos. Entonces, se nos muestra que no hay ira contra nosotros de parte de Dios. La transgresión de la ley trae consigo su propio castigo. No somos castigados por causa de nuestros pecados, sino que ellos mismos son nuestra pena. Cuando, con una mente abierta, reconocemos un error y, al mismo tiempo, le negamos cualquier poder sobre nosotros, el camino del principio superior, el Señor, se abre en la conciencia, y estamos verdaderamente aquí y ahora limpios de nuestros pecados. y sus efectos.



















