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viernes, 7 de febrero de 2025

Dios, salvador y liberador

Estudio Bíblico

Lectura: Éxodo 14: 21-31




1. ¿Qué? 
Moisés fue el elegido por Dios para llevar a los hijos de Israel de Egipto a la Tierra Prometida. Pero al tener noticia de su marcha, el faraón envió en su persecución al ejército con carros y caballos. Al llegar al Mar Rojo, Moisés extendió la mano haciendo que se levantase un fuerte viento que dividió las aguas, dejando en medio un pasillo seco por el que avanzaron los hebreos. Después, cuando llegaron los egipcios, Moisés hizo que las aguas volviesen a su sitio, hundiendo al ejército del faraón. 

2. ¿Quién? 
En el episodio aparecen Moisés, los israelitas, el faraón y su ejército. Los elementos naturales; el mar, el viento y la tierra también juegan un rol preponderante. Si bien el verdadero protagonista de la acción es Dios que salva y libera. 

3. ¿Dónde? 
Los estudiosos de la Biblia han debatido esto durante mucho tiempo. Algunos piensan que podría haber sido el lago Sirbonis en Egipto. Otros abogan por el puerto de Suez o el estrecho de Tirán. Ahora, avancemos rápidamente a los descubrimientos recientes. Los arqueólogos señalan las aguas entre la playa de Nuweiba y la costa de Arabia Saudita como el lugar probable de este cruce milagroso. Creen que los israelitas caminaron por el 'Camino del Desierto' (como se menciona en Éxodo 13:17-18), giraron a la derecha y marcharon a lo largo del Wadi Watir, hasta llegar finalmente a la playa de Nuweiba. Esta no es una playa cualquiera; ¡Es tan grande que puedes verlo desde el espacio! 

4. ¿Cuándo? 
Muchas estimaciones sitúan el Éxodo en torno al siglo XIII a. C., a menudo asociado al reinado del faraón Ramsés II, pero se basan en interpretaciones de pruebas arqueológicas y textos históricos, más que en fechas específicas. Algunos estudiosos sugieren una fecha en torno al año 1250 a. C., mientras que otros defienden otros marcos temporales. 

5. ¿Por qué, para qué? 
Al contrario de la opinión popular, el propósito de los milagros no es realizar los deseos de las personas ni ofrecer una solución “mágica”, sino demostrar la sabiduría y soberanía de Dios y la autenticidad de su palabra y sus mensajeros. Cuando los hijos de Israel vieron las grandes obras de Dios, ¿qué sucedió? “Y vio Israel la gran obra que el Señor había hecho en Egipto, y el pueblo temió al Señor, y creyeron en el Señor y en Moisés su siervo”.



jueves, 5 de diciembre de 2024

¡Ya viene el día!

¡Ya viene el día, candente como un horno! En ese día, todos los soberbios y todos los malhechores serán como estopa, y serán consumidos hasta las raíces. ¡No quedará de ellos ni una rama! Lo digo yo, el Señor de los ejércitos.
Pero para ustedes, los que temen mi nombre, brillará un sol de justicia que les traerá salvación. Entonces ustedes saltarán de alegría, como los becerros cuando se apartan de la manada. El día que yo actúe, ustedes aplastarán a los malvados hasta convertirlos en ceniza debajo de sus pies. Lo digo yo, el Señor de los ejércitos.
«Acuérdense de la ley de mi siervo Moisés, a quien en Horeb le di ordenanzas y leyes para todo Israel.
Tomen en cuenta que, antes de que llegue el día grande y terrible del Señor, yo les enviaré al profeta Elías. Y él hará que el corazón de los padres se vuelva hacia los hijos, y que el corazón de los hijos se vuelva hacia los padres, para que yo no venga a destruir la tierra por completo.» Malaquías 4:1-6

¿Qué es “el gran día del Señor”? Es un tiempo de juicio, el tiempo en que la ley divina sopesa la conciencia materialista y la expresión de vida de un pueblo contra los valores absolutos de lo correcto y la justicia, y exige rendición cuentas. Si bien las Escrituras claramente hablan de un juicio final en la consumación de los tiempos, también enfrentamos un juicio de vida cada día de nuestra existencia.

¿Tiene que ser necesariamente este “día” un “día ardiente como un horno”? No. Lo es solamente cuando los seres humanos hacen hecho caso omiso continuamente de la ley divina y siguen sus formas egoístas de pensar y vivir. Tales formas de pensamiento, expresión y acción conducen finalmente a la destrucción no sólo de individuos sino de pueblos y naciones enteras.



¿Qué significado tiene reconciliar “a los padres con los hijos, y éstos con sus padres”? Cuando se lee según la letra, la profecía describe el propósito de Dios de restaurar las familias para que el pueblo no sufra su destrucción. De modo más profundo exhorta a la reconciliación y comunión con el Padre lo que, al fin y al cabo, libra de la destrucción eterna.

viernes, 14 de octubre de 2022

Tengan más amor los unos para con los otros

"¿Cómo podremos dar suficientes gracias a nuestro Dios por ustedes y por el mucho gozo que a causa de ustedes tenemos delante de él? Día y noche suplicamos a Dios que nos permita verlos personalmente y completar lo que todavía falte en su fe. Deseamos que Dios mismo nuestro Padre, y nuestro Señor Jesús, nos ayuden para que podamos ir a visitarlos.  Y que el Señor los haga crecer y tener todavía más amor los unos para con los otros y para con todos, como nosotros los amamos a ustedes. Que los haga firmes en sus corazones, santos e irreprochables delante de Dios nuestro Padre cuando regrese nuestro Señor Jesús con todo su pueblo santo. Amén." 1 Tesalonicenses 3.9-13


Nuestra vida, en las condiciones actuales, es muy agitada e incierta. Las relaciones con la comunidad, la familia, el trabajo y la vida personal se han convertido, para la mayoría de nosotros, en obligaciones onerosas y fatigosas. Es probable que muchos de nosotros recurramos a Dios en busca de alivio, seguridad y posiblemente liberación de estas cargas. Pensamos: "Que el Señor venga pronto, para que podamos descansar".


El apóstol Pablo, sin embargo, nos dice que la paz, la tranquilidad y la libertad no nos son dadas huyendo del contacto con nuestros semejantes, sino sirviéndoles con amor. Orar por los demás abre nuestros corazones para transmitir consuelo, ánimo y esperanza. Enseñar a otros abre nuestros labios para comunicar la verdad, el coraje y la generosidad. Servir a los demás abre nuestras manos para compartir dones, bienes y compasión.




Esperar al Señor no significa quedarse sentado mirando las nubes en el cielo. La fe auténtica se manifiesta en los frutos del amor concreto. Y el amor, fruto de la fe, afirma la esperanza de una vida plena para toda la creación. Es a través de Cristo que recibimos estas bendiciones, como anticipo y garantía, hoy. "Que  el Señor los haga crecer y tener todavía más amor los unos para con los otros y para con todos, como nosotros los amamos a ustedes".


viernes, 30 de septiembre de 2022

¿Cuántos panes tienen ustedes?

En las calles y las plazas

grita el hambre de tantas

barriguitas solitarias,

¿Cuántos panes tienen ustedes?

 

En las cárceles y hospitales

llora la soledad de tantos

corazones abandonados,

¿Cuántos abrazos tienen ustedes?

 

En los campos y ciudades

tiembla el frío de tantas

espaldas descubiertas,

¿Cuántas camisas tienen ustedes?

 

En las chacras y en los montes

gime la sed de tantos

campesinos resecados

¿Cuánta agua tienen ustedes?




viernes, 8 de octubre de 2021

Tu amor, Señor, está siempre delante de mí

"En ti, Señor, confío firmemente; examíname, ¡ponme a prueba!, ¡pon a prueba mis pensamientos y mis sentimientos más profundos!" Salmos 26.1-2

Quién más quién menos, todos estamos escandalizados por las injusticias que nos rodean. Sin embargo, si somos sinceros, sólo nos conmueven si nos afectan directamente. Oramos y clamamos a Dios por justicia, a menudo ignorando u ocultando que nosotros mismos somos responsables de acciones y estructuras injustas. Nos cuesta reconocer que la injusticia del mundo es, en mayor o menor grado, una proyección de nuestra propia injusticia. Sin el menor asomo de vergüenza, solemos pensar y decir: "Lavadas ya mis manos y limpias de pecado,quiero, Señor, acercarme a tu altar".


Es muy humano querer justificarnos. Nuestro estándar de santidad e integridad es el pecado de los demás y no la perfección de Dios. Es por eso que caemos fácilmente en la trampa de la justicia propia. Dentro de nuestro pequeño corazón fariseo vive la fantasía de que cumplimos la ley de Dios y somos moral y espiritualmente mejores que el resto de la humanidad. Sin el menor asomo de vergüenza, solemos pensar y decir: "Jamás conviví con los mentirosos ni me junté con los hipócritas. Odio las reuniones de los malvados; ¡jamás conviví con los perversos!"


Dios no nos dejó a oscuras ni a tientas. Filósofos, políticos y religiosos no son la respuesta, El Señor "nos habló por medio del Hijo, a quien hizo heredero de todas las cosas y por quien hizo el universo". Ciertamente, Dios está preocupado por nuestra conducta moral, especialmente cuando se trata de nuestras relaciones con otras personas. El Señor no está interesado en reglas abstractas e inhumanas, sino que nos exhorta a amarnos los unos a los otros sin restricciones ni imposiciones. El Padre bueno nos dio a su Hijo para recordarnos que somos, en él, hijos e hijas amados, acogidos y llamados a jugar en la alegría de la reconciliación. Esa es la justicia de Dios: amor incondicional manifestado. Sin ninguna vergüenza, sí podemos decir: Cristo es mi justicia, y soy libre para amar como él ama.




viernes, 1 de octubre de 2021

Denles ustedes de comer

"Al bajar Jesús de la barca, vio la multitud; sintió compasión de ellos y sanó a los enfermos que llevaban. Como ya se hacía de noche, los discípulos se le acercaron y le dijeron: —Ya es tarde, y éste es un lugar solitario. Despide a la gente, para que vayan a las aldeas y se compren comida. Jesús les contestó: —No es necesario que se vayan; denles ustedes de comer. Ellos respondieron: —No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados. Jesús les dijo: —Tráiganmelos aquí." Mateo 14.14-18


Nuestra vida, en las condiciones actuales, es demasiado agitada. Las relaciones con la comunidad, la familia, el trabajo y la vida personal se han convertido, para la mayoría de nosotros, en obligaciones pesadas y agotadoras. Al leer el pasaje de hoy, nos damos cuenta de que no fue diferente para Jesús y sus discípulos. Cansados de la agotadora actividad, deseaban retirarse para tener tiempo para descansar y recuperar fuerzas.


Mientras Jesús y sus discípulos habían ido en bote a un lugar apartado, la gente siguió caminando alrededor del lago y llegó al lugar adonde habían llegado. Habría sido justificado que se enojaran y quisieran negarse a servir a los que buscaban la ayuda de Cristo. Sin embargo, se nos dice que Jesús "sintió compasión de ellos y sanó a los enfermos que llevaban".




Aunque las exigencias de la vida cotidiana son muchas veces muy pesadas para nosotros, tanto que lo único que queremos es huir a un lugar aislado, Jesús sigue exhortándonos "denles ustedes de comer". Las buenas obras no nos ganan ningún favor especial de Dios, Él nos da todo por pura gracia en Jesucristo, y a través de Jesucristo. Jesucristo, Dios mismo, cargó con todos los pecados del mundo a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista, fue condenado por todos los pecados al derramar Su sangre hasta morir en la Cruz; se levantó de entre los muertos y así ha completado la obra de salvación para hacernos justos delante del Padre. Pero la fe nos está transformando cada vez más a la imagen de Cristo, y se manifiesta en un amor práctico y compasivo. No servimos por deber, ni siquiera por gratitud, sino por amor y en perfecta libertad, al igual que el Maestro.


viernes, 10 de septiembre de 2021

El mal gobierno no siempre dominará

"El mal gobierno no siempre dominará en la tierra que Dios ha dado a su pueblo, no sea que su pueblo comience a practicar la maldad. Señor, haz bien a los hombres buenos, a los hombres de corazón sincero; pero a los que van por mal camino hazlos correr la suerte de los malhechores." Salmos 125.3-5


Las últimas décadas han sido escenario del surgimiento y radicalización de amplios sectores evangélicos, cuya sed de poder y dominación se expresa de manera virulenta y violenta. Enmascarado detrás de un discurso moralizador está el deseo de imponer, por la fuerza si es necesario, una visión reducida y reduccionista del mundo. El amor incondicional de Dios es reemplazado por un legalismo opresivo. La palabra de perdón y reconciliación da paso a la idolatría de las armas. El reinado de Cristo, príncipe de paz, es pisoteado por el aplauso a políticos oportunistas que usan el nombre de Dios para disfrazar el vómito de sus sórdidos intereses.


"El cetro de los impíos no prevalecerá sobre la tierra entregada a los justos; si lo fuera, incluso los justos cometerían injusticia". Muchos nos sentimos perplejos e impotentes ante la situación: injusticia, violencia manifestada en innumerables formas, corrupción y malicia, disfrazada bajo el disfraz de la aprobación de numerosos sectores eclesiásticos. Aunque el panorama se ve cada día más oscuro, la luz de la esperanza prevalece. A menudo llegamos a pensar que tal vez somos nosotros los que malinterpretamos, pero Dios no nos deja indefensos.




El mal no se combate con el mal. La oscuridad no se desenmascara con una mayor oscuridad. Solo el calor del bien y la luz de la verdad pueden disipar la frialdad y la oscuridad del mal. Frente al moralismo ciego y opresivo, practiquemos la compasión. Frente a la violencia desenfrenada, practiquemos la paz. Frente a la corrupción, practiquemos la rectitud. Como pueblo de Dios, confiamos en que él transformará todo en la consumación de todas las cosas; sin embargo, no fuimos creados para esperar de brazos cruzados. El anhelo de "cielos nuevos y una tierra nueva" es inseparable del anhelo y la práctica de la "justicia que habita en ellos". "Señor, trata con bondad a los que hacen el bien, a los que tienen un corazón recto. Pero a los que se desvían por caminos torcidos, el Señor castigará a los malhechores".


viernes, 3 de septiembre de 2021

Un cuerpo

"Dios sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio a la iglesia, como cabeza de todo, pues la iglesia es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena a plenitud." Efesios 1.22-23


Cuentan los historiadores que aunque entre Martín Lutero y Felipe Melanchton había una considerable diferencia de edad y de temperamento, pues el primero era unos catorce años mayor que el segundo y era, aquél, más violento que éste en la manera de tratar los asuntos relacionados con la Reforma, y aunque algunas veces también estuvieron distanciados un poco por tener algunas diferencias doctrinales, los dos grandes reformadores siempre estuvieron vinculados por profundos y fuertes vínculos de compañerismo cristiano que les hicieron olvidar las diferencias y ponerse de acuerdo. En el fondo de su corazón se amaban cristianamente, y por lo mismo triunfaban el amor y el respeto que se tenían mutuamente; y cuando murió Lutero, Felipe Melanchton pronunció una oración fúnebre muy elogiosa para aquel hombre de Dios.


La pandemia, con sus restricciones y el distanciamiento físico obligatorio, lanzaron un desafío a nuestra forma de entender y practicar el compañerismo y la comunión. El interés legítimo de resguardar nuestra salud y la de nuestros seres queridos  nos condujo a la tentación de vivir la fe de modo intimista e individualista, olvidando que somos el Cuerpo de Cristo, una comunidad fraterna de amor y comunión. Podemos estar distanciados por las circunstancias, pero permanecemos unidos en Cristo.




La iglesia cristiana es más que una agrupación de individuos que profesan la misma doctrina o practican los mismos ritos; es creación del Espíritu Santo por medio de la Palabra de reconciliación. Jesucristo, Dios mismo, cargó con todos los pecados del mundo a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista, fue condenado por todos los pecados al derramar Su sangre hasta morir en la Cruz; se levantó de entre los muertos y así ha completado la obra de salvación para hacernos justos delante del Señor. En la iglesia cristiana, la comunión de los santos, Cristo vive y actúa. Con esa certeza, podemos estar seguros de que ningún distanciamiento, ninguna enfermedad, ninguna ley humana podrá separarnos ni desanimarnos. Nuestra victoria está asegurada, porque nuestra victoria es Cristo "Aquel que todo lo llena a plenitud."

viernes, 27 de agosto de 2021

¡Felices los que viven en tu templo Señor!

"¡Cuán hermoso es tu santuario, Señor todopoderoso! ¡Con qué ansia y fervor deseo estar en los atrios de tu templo! ¡Con todo el corazón canto alegre al Dios de la vida! Aun el gorrión y la golondrina hallan lugar en tus altares donde hacerles nido a sus polluelos, oh Señor todopoderoso, Rey mío y Dios mío. ¡Felices los que viven en tu templo y te alaban sin cesar!" Salmos 84.1-4


"¡Cuán hermoso es tu santuario, Señor todopoderoso! ¡Con qué ansia y fervor deseo estar en los atrios de tu templo!"... Los primeros versículos del Salmo 84 cantan lo deseable que es la casa de Dios, con sus atrios, altares y tabernáculos, el esplendor del lugar santo. Sin embargo, el pueblo de Dios siempre ha sabido que "el Señor no habita en templos hechos por manos humanas".




Entonces, ¿dónde vive Dios? Jesús dijo: "En la casa de mi Padre hay muchas moradas". Las moradas de Dios, sus atrios y altares, somos los seres humanos creados a su imagen y semejanza. No hay lugar más sagrado que encontrarse con otro ser humano. Quienes desprecian, marginan y maltratan a otro ser humano, especialmente al más débil y al más sufriente, desprecian, marginan y maltratan la gloria y magnificencia de Dios. "Aun el gorrión y la golondrina hallan lugar en tus altares donde hacerles nido a sus polluelos, oh Señor todopoderoso, Rey mío y Dios mío".


No son las piedras, ni los lujos, ni los espacios sagrados los que interesan a Dios. El Padre está interesado en nosotros y en cómo somos los unos con los otros. Somos la "Casa del Padre"; las "mansiones" o "viviendas" son nuestros estados de espíritu. Estamos verdaderamente satisfechos y entramos en gozo y plenitud permanentes solo cuando nos damos cuenta de esta verdad y nos unimos conscientemente con el Padre a través de Cristo que habita en nosotros por del Espíritu Santo. "¡Felices los que viven en tu templo y te alaban sin cesar!"


viernes, 20 de agosto de 2021

Invitados a la fiesta

«El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo una fiesta de bodas para su hijo. Y envió el rey a sus siervos para convocar a los invitados a la fiesta de bodas, pero éstos no quisieron asistir. Volvió el rey a enviar otros siervos, y les dijo: “Díganles a los invitados que ya he preparado el banquete; que he matado mis toros y animales engordados, y que todo está dispuesto. Que vengan a la fiesta.” Pero los invitados no hicieron caso.» Mateo 22.2-5


Muchos se han preguntado, y han respondido de diferentes maneras, cómo somos llamados al reino de Dios. Algunos han dicho que esto sucede misteriosamente, que Dios secretamente mueve nuestros corazones y nuestra voluntad para atraernos irresistiblemente hacia Él. Otros han dicho que somos los que deseamos a Dios y lo buscamos según nuestras propias fuerzas y entendimiento. Pero Jesús nos hace ver que ninguna de estas respuestas es adecuada.


En la parábola es el rey quien prepara la fiesta y el banquete, sin ningún trabajo ni cooperación de los invitados. Y cuando todo estuvo listo, el rey envió a sus siervos a anunciarlo. Así es con el reino de Dios, toda la obra salvadora de Cristo ya está terminada, sin esfuerzo ni cooperación de nuestra parte. Pero los primeros invitados rechazaron la invitación con aire de suficiencia y, por ello, fueron castigados. "El rey estaba tan enojado que mandó matar a los asesinos y quemar su ciudad", lo que sucedió en el año 70 cuando la Jerusalén terrenal fue reducida a escombros y cenizas.




Ahora, el rey envía a sus mensajeros a todas partes para invitar a todas las personas. Y viene la gente: los pobres, los marginados, los despreciados, todos son aceptados en la mesa del rey. Los orgullosos quedaron reducidos a nada y los pobres se vistieron para el banquete. ¿Cómo somos llamados al reino de Dios? Solo por el bello evangelio que imparte la justicia de Dios: El Señor Jesús llevó todos los pecados del mundo a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista, pagó la condenación de los pecados al derramar su sangre en la Cruz; resucitó de entre los muertos y así ha completado la obra de salvación para hacernos justos delante del Padre. El que tenga oídos para oír oirá, y entrará en el banquete del rey, "porque muchos son los llamados, pero pocos los escogidos".


viernes, 30 de julio de 2021

Los necios piensan que no hay Dios

"Los necios piensan que no hay Dios: todos se han pervertido; han hecho cosas horribles; ¡no hay nadie que haga lo bueno! Desde el cielo mira el Señor a los hombres para ver si hay alguien con entendimiento, alguien que busque a Dios." Salmos 14.1-2


Podemos decir que "desde siempre" esos versículos se han utilizado para atacar a los "incrédulos" e "idólatras"; que no creen, ni adoran ni se comportan como nosotros. Y nosotros, por supuesto, estamos del lado correcto. El que cree, celebra y actúa como nosotros es de Dios, porque Dios, ¿de qué lado estaría sino del nuestro? ¿Y a quién condenaría Dios sino a los que son diferentes?




Pero basta con observar un poco más de cerca para darnos cuenta de que lo que Dios condena como idolatría es la falta de compasión, la maldad, el egoísmo y la injusticia en todas sus formas. Excluir al diferente es idolatría. Marginar al pobre es incredulidad. Practicar racismo o sexismo es una abominación. Pervertir el bien común es iniquidad. "No tienen entendimiento los malhechores, los que se comen a mi pueblo como quien come pan, los que no invocan el nombre del Señor".


Hoy en día, una gran parte de los que se autodenominan "evangélicos" son los que más se oponen a las claras enseñanzas de Jesús. La opresión, la discriminación, el odio y la violencia son diametralmente contrarios al evangelio puro y simple. Porque la voluntad de Dios es la plenitud de vida para todos. Jesús proclama claramente con palabras y señales que todos somos bienvenidos en su presencia; que no se trata de "enseñar a pescar" sino de compartir los panes y los peces; que al lado de Jesús hay abundante provisión: provisión de misericordia, comunión de recursos y alegría de hermandad. "¡Ojalá que del monte Sión venga la salvación de Israel! Cuando el Señor haga cambiar la suerte de su pueblo, se alegrarán los descendientes de Jacob, todo el pueblo de Israel".


viernes, 23 de julio de 2021

Sobre todos, por medio de todos, y en todos

"Naciones y pueblos todos, alaben al Señor, pues su amor por nosotros es muy grande; ¡la fidelidad del Señor es eterna! ¡Aleluya!" Salmos 117.1-2


Es triste reconocerlo, y nos cuesta hacerlo, pero por lo general juzgamos, rechazamos y condenamos a quienes son diferentes que nosotros. Quien cree diferente no puede ser amado por Dios. Quien piensa diferente no es inteligente. Quien actúa diferente es perverso... ¿Qué resultaría si todas las naciones y pueblos se unieran en alabanza al Señor? ¿Qué sucedería si reconociéramos en cada ser humano la imagen y semejanza, la presencia del Señor? Se generaría y liberaría una energía benéfica de suficiente intensidad para manifestar aquí y ahora el poder del reino de los cielos.



"Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo; hay un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está en todos." Efesios 4.5








La verdad sólo está presente donde está el bien. El bien sólo está presente donde está el amor. El amor sólo está presente donde está la justicia. Jesucristo, Dios mismo, cargó con todos los pecados del mundo a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista, fue condenado por todos los pecados al derramar Su sangre hasta morir en la Cruz; se levantó de entre los muertos y así ha completado la obra de salvación para hacernos justos delante del Padre. Cualquier falsedad, maldad e injusticia que pensemos, digamos o hagamos contra nuestros semejantes será una negación y frustración del propósito divino en nuestras propias vidas. ¿Es la bondad amorosa parte de la verdad eterna? Sí, lo es. "Su misericordia es grande para con nosotros; y la verdad del Señor permanece para siempre".

viernes, 9 de julio de 2021

Imagen vivida y vida compartida

Los sacramentos son, tal vez, la expresión más clara del modo paradójico en que las Escrituras comunican la verdad para que la misma pueda ser totalmente aprehendida. Todo punto de vista es solamente la vista de un punto, por eso necesitamos considerar la verdad desde diversos ángulos para poder captarla en su plenitud. Los sacramentos, en su austera sencillez, comunican el profundo misterio de la gracia. Los elementos más comunes de la naturaleza son signo y vehículo de las grandezas del Espíritu. La palabra, en los sacramentos, se hace imagen vivida, y por medio de ellos, vida compartida.

“Por tanto, vayan y hagan discípulos en todas las naciones, y bautícenlos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.” Mateo 28.19

“Mientras comían, Jesús tomó el pan y lo bendijo; luego lo partió y se lo dio, al tiempo que decía: «Tomen, esto es mi cuerpo.» Después tomó la copa, y luego de dar gracias, se la dio, y todos bebieron de ella. Les dijo entonces: «Esto es mi sangre del pacto, que por muchos es derramada.” Marcos 14.22-24

Aunque el uso a través del tiempo ha conferido variados significados a la palabra sacramento, la definición más sobria y ajustada a las Escrituras es la de un signo o símbolo material ligado al mandato e institución de la palabra de Dios.

Leyendo los textos bíblicos que registran la institución de los sacramentos notamos que no son opciones sino mandatos positivos. Los signos son específicos, las palabras son definidas y las acciones son imperativas. Sin lugar a dudas los sacramentos tienen un carácter obligatorio y un estatuto legal. En toda regla, los sacramentos, como ordenanzas que son, deben ser catalogados como pertenecientes a la Ley.

No obstante, los sacramentos instituidos por Cristo no son meros símbolos o señales de reconocimiento mutuo entre los cristianos, sino que son testimonios fieles y medios eficaces de la gracia de Dios; por medio de ellos Dios obra en nosotros, y no solamente excita nuestra fe en él, sino que también la fortalece y la confirma. Junto con la institución y el mandato, los sacramentos vienen acompañados de una promesa.

Al considerar esto último, la promesa y la acción de Dios en los sacramentos, entendemos que, además del aspecto formal y legal que los constituyen, poseen un carácter completamente evangélico, por medio del cual Dios nos otorga mediante la fe en Jesucristo su gracia, su favor y sus dones. La nueva vida en Cristo nos es dada para ser luz en medio de las tinieblas de un mundo injusto. En el pan partido, Cristo nos hace testigos de justicia y generosidad, huéspedes y anfitriones del banquete fraternal.




jueves, 8 de julio de 2021

A quien interesar pueda...

Después de unos 25 años dedicados a la Teología, lo único de algún valor que llegué a pronunciar es la frase: "SOLAMENTE CON LAS PATAS BIEN FIRMES EN EL SUELO ES LÍCITO ANHELAR EL CIELO". Más que una fórmula es una confesión de fe.

Aunque ciertamente he tomado algunos temas y articulado con ciertos métodos, no puedo identificarme con el Evangelio Social, ni mucho menos con la Teología de la Liberación. Si tengo que identificarme de alguna manera, o "encasillarme", diría que la mía es una relectura protestante de la Teología argentina del Pueblo.


En resumen ni Yanki (Evangelio Social) ni marxista (TL), incluso en Teología ¡peronista!

viernes, 21 de mayo de 2021

El Señor conoce los caminos...

"Bienaventurado el hombre que no anda en compañía de malvados, ni se detiene a hablar con pecadores, ni se sienta a conversar con blasfemos. Que, por el contrario, se deleita en la ley del Señor, y día y noche medita en ella." Salmos 1.1-2


¿En qué consiste principalmente es estado de bienaventuranza? En estar en paz consigo mismo, que es el estado de quienes cultivan hábitos constructivos de pensamiento, palabra y acción. ¿Cómo podemos tener estos hábitos de vida? Deleitándonos en la ley divina y meditándola continuamente.


¿Cuál es el resultado de una meditación fiel sobre la ley divina? Comprensión, que hace fecunda la mente "como un árbol plantado junto a corrientes de agua" y la afianza en la conciencia de la justicia. Solo el bien es eterno. Por lo tanto, el mal debe disiparse como paja antes de quemarlo. Como todo lo efímero, "los malvados no serán juzgados".


"Porque el Señor aprueba el camino de los justos". El camino de los justos está en armonía con la ley divina; por lo tanto, se destaca claramente a la luz de la sabiduría divina, y todo el que está en esa luz está seguro de su camino.




viernes, 14 de mayo de 2021

Alabar al Señor

"Yo lo alabaré en medio de la comunidad y ante los que le temen cumpliré mis promesas." Salmos 22.25




Nuestra vida suele estar segmentada: vida secular, vida espiritual, laboral, familiar, etc. Sin embargo, ¡la palabra de Dios nos recuerda continuamente que todo es espiritual! Ver, reconocer y alabar la bondad y la sabiduría de Dios en todo momento y en todo lugar es adoración verdadera. En las celebraciones litúrgicas, el pueblo de Dios experimenta un efecto fortalecedor en nuestra vida espiritual, individual y comunitaria. "De ti, Señor, viene el tema de mi alabanza en la gran asamblea; en presencia de los que te temen, cumpliré mis votos".


¡Dios ama infinitamente a su creación! Y sus hijas e hijos deberían amarla también. El Padre es fiel y siempre cumple su palabra, también sus hijas e hijos. El Señor hace justicia al oprimido y alimenta al hambriento, por eso el amor y la compasión son signos de la perfección de los hijos e hijas de Dios. "Los pobres comerán hasta saciarse; los que buscan al Señor lo alabarán. ¡Que tengas una larga vida!"


¿Cuál es la verdadera religión? Esta pregunta ha sido y es un desencadenante seguro de las disputas más feroces, los argumentos más elaborados en una u otra dirección y las atrocidades más salvajes que los seres humanos pueden cometer. La verdadera religión es aquella que adora al único Dios, manifestando y reflejando su carácter divino. Los servicios de adoración son recursos que nos recuerdan nuestros deberes y nos mueven a seguir el ejemplo de Jesús y a hacer buenas obras. "Todos los confines de la tierra se acordarán y se volverán al Señor, y todas las familias de las naciones se postrarán ante él, porque el Señor es el reino; él gobierna sobre las naciones".

viernes, 2 de abril de 2021

¿Acaso no arde nuestro corazón?

"Cuando llegaron a la aldea adonde iban, Jesús hizo como que iba a seguir adelante, pero ellos lo obligaron a quedarse. Le dijeron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde, y es casi de noche.» Y Jesús entró y se quedó con ellos. Mientras estaba sentado a la mesa con ellos, tomó el pan y lo bendijo; luego lo partió y les dio a ellos. En ese momento se les abrieron los ojos, y lo reconocieron; pero él desapareció de su vista. Y se decían el uno al otro: «¿Acaso no ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» En ese mismo instante se levantaron y volvieron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los once y a los que estaban con ellos, los cuales decían: «¡En verdad el Señor ha resucitado, y se le ha aparecido a Simón!» Los dos, por su parte, les contaron lo que les había sucedido en el camino, y cómo lo habían reconocido al partir el pan." Lucas 24.28-35


La vida de fe es un misterio para gran parte de nosotros. Frecuentemente, de modo velado, esperamos un acto milagroso que produzca mágicamente la fe en nuestro interior. Esa espera ingenua está destinada al fracaso. La fe nace, crece y da frutos en el encuentro con lo cotidiano. Dios, en medio de la vida, nos hace partícipes de su misterio y cooperadores de su proyecto de amor.




En los encuentros casuales, o no tanto. En las paradas del camino. Allí nos encontramos al Señor. En los rostros desconocidos de nuestros semejantes, el rostro del Señor nos mira y nos encuentra. En las historias familiares, las esperanzas y anhelos compartidos, la palabra viva de Dios nos habla al corazón. En las comidas compartidas, el encuentro familiar, Dios nos alimenta y nos consuela. A la amplitud del mundo, el Señor nos invita a anunciarle que el amor vence.


¿Acaso no arde nuestro corazón cuando conversamos con mujeres y hombres, jóvenes y ancianos? ¿Acaso no arde nuestro corazón cuando las Escrituras nos anuncian el inmenso amor de Dios? ¿Acaso no arde nuestro corazón cuando compartimos nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor? Ese es el misterio de la fe, que no hay misterio, Dios se entrega por completo, y nos anima a compartirlo con toda su amada creación.

viernes, 30 de octubre de 2020

Satisfacción

“Tocamos la flauta, y ustedes no bailaron; entonamos cantos fúnebres, y ustedes no lloraron.” Mateo 11.17


Los seres humanos somos, por naturaleza, difíciles de complacer. Si tenemos algo blanco, queremos algo negro; si nos ofrecen algo frío, queremos que esté caliente. De la misma manera recibimos el mensaje del Evangelio: si es muy exigente para nosotros, queremos adaptarlo a nuestros deseos; si, en cambio, anuncia un amor ilimitado, entonces queremos restringirlo y convertirnos en jueces de los propósitos divinos.

Los líderes judíos y las personas que los siguieron no eran muy diferentes. Para ellos, Juan había sido muy estricto y exigente, denunciando sin temor el pecado y pidiendo un arrepentimiento sincero. Luego vino Jesús anunciando la gracia incondicional, el amor y la reconciliación de Dios, y fue considerado demasiado blando, amigo de pecadores y prostitutas. "Pero a la sabiduría la reivindican sus hijos".



El Evangelio no es un mensaje para quienes se consideran autosuficientes, satisfechos y sabios a sus propios ojos. Para estas personas, Juan y las duras exigencias de la ley divina son algo fácil. Para estas personas, Jesús y su amor inagotable son innecesarios. La buena nueva de gracia y perdón es para quienes se reconocen pecadores, pobres y depuestos; a estas personas llama a Cristo y les anuncia: "Vengan a mí todos ustedes, los agotados de tanto trabajar, que yo los haré descansar".

"El Padre me ha entregado todas las cosas, y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar." Mateo 11.27

viernes, 18 de septiembre de 2020

El Señor se agrada de su pueblo

"¡Que Israel se alegre en su creador! ¡Que los hijos de Sión se regocijen por su Rey! ¡Que dancen en honor a su nombre! ¡Que le canten al son de arpas y panderos!" Salmos 149.2-3




¿Cuántas veces reflexionamos seriamente sobre nuestra vida y nuestra fe? Muy raramente, quizás nunca. Para muchos de nosotros, el cristianismo es probablemente una herencia cultural o una adición posterior. Aunque duela, podemos verlo a través de nuestra rutina, descuidada y monótona forma de vivir y expresar la fe. Albert Eintein dijo: "no podemos esperar resultados diferentes si siempre hacemos lo mismo". "¡Canten al Señor un cántico nuevo! ¡Alábenlo en la comunidad de los justos!" Salmo 149.1


Es cierto que a menudo nos desanimamos y dudamos cuando nos damos cuenta de lo lejos que estamos de la perfección. Pensamos, más o menos explícitamente, que solo porque somos creyentes deberíamos estar libres de fracasos. Una hermosa canción que solemos cantar en familia dice: “Cada día que comienza es una oportunidad para abrir nuevos caminos para tocar un poco más”... Esta canción describe muy bien la experiencia de vivir. El propósito de nuestra vida cristiana es básicamente este: aprender, ser guiados por Dios y disfrutar de su gracia infinita.


El mundo ciertamente puede parecer hostil, confuso y opresivo. Somos testigos diarios de acontecimientos que nos hacen dudar de la bondad e incluso de la existencia de Dios. Pero la fe, la esperanza y el amor nos hacen levantar la cabeza y mirar el presente y el futuro con confianza y alegría. ¡Cristo vive! Y en Cristo también vivimos. Con todas nuestras dudas, nuestras imperfecciones, nuestras debilidades, el Señor nos ama, nos perdona y nos guía. Podemos vivir con confianza en el amor y la sabiduría de Dios. "El Señor se complace en su pueblo, y bendice a los humildes con su salvación." Salmos 149.4


viernes, 7 de agosto de 2020

Consolación

"Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló con la llegada de Tito; y no sólo con su llegada, sino también con el consuelo que él había recibido de parte de ustedes". 2 Corintios 7.6-7

En tiempos de incertidumbre, miedo y desazón, como los que estamos viviendo, casi todos tenemos la tendencia natural a pensar en nosotros mismos, nuestros seres queridos y allegados; entonces, la misericordia, la compasión y la solidaridad quedan relegadas e, incluso, olvidadas.

El egoísmo, la mezquindad, aunque no nos guste reconocerlo y nos esforcemos por ocultarlos, son características naturales del corazón humano. Basta una oportunidad propicia para que se manifiesten sin restricción, justificados como prudencia y conservación. El obsceno acaparamiento de mercaderías, como el risueño caso del papel higiénico, y las delirantes medidas de algunos gobiernos en estos pasados días bastan como muestra de la manifestación del pecado humano.


Lo que parece bueno al mundo es malo a los ojos de Dios. Pero el Señor no nos ha dejado en la desesperación; en Cristo nos concede perdón, reconciliación y consuelo. En medio de las aflicciones y de un futuro incierto, podemos confiar en el amor de Dios, disfrutar su consuelo, y consolar a otros por medio de la misericordia, la generosidad y la paz.