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miércoles, 17 de junio de 2026

Buscados para habitar en su Presencia

"Todos los cobradores de impuestos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Los fariseos y los escribas comenzaron a murmurar, y decían: «Éste recibe a los pecadores, y come con ellos.» Entonces Jesús les contó esta parábola". Lucas 15:1-3

Sea que lo aceptemos o no, vivimos distraídos, corriendo de un lado a otro, olvidando que Dios está aquí. Pero el Señor no es un espectador pasivo. Él es el pastor que deja las noventa y nueve ovejas en el redil, y la mujer que enciende la lámpara. Él toma la iniciativa de buscar. Dios nos presta atención absoluta. Él nota la ausencia de una sola oveja o una sola moneda. Al encontrar lo perdido, Dios convoca a una fiesta (Lucas 15:6, 9). El mayor deleite de Dios no es solo salvarnos del peligro, sino disfrutar de nuestra compañía.



La oveja se pierde pastando, cabeza abajo, totalmente distraída, sin darse cuenta de que se aleja del pastor. Esa imagen representa nuestra tendencia a perder la noción de Dios por enfocarnos solo en las necesidades terrenales. La moneda, en cambio, se pierde dentro de la casa, en la oscuridad o bajo el polvo, en medio de lo rutinario. Representa a quienes están "cerca" de las cosas religiosas pero cubiertos por el polvo de la rutina, perdiendo el brillo de la comunión real.

Ni la oveja puede regresar sola por su falta de dirección, ni la moneda puede hacer nada por su rigidez. Fuera de la presencia de Dios, estamos espiritualmente desorientados e inertes.

Jesús no solo cuenta la historia; Él es el Pastor y la luz que barre el mundo. En la persona de Jesús, la Presencia Invisible de Dios se hizo visible y accesible. Jesús escandalizaba a los fariseos porque «Éste recibe a los pecadores, y come con ellos» (Lucas 15:2). La mesa de Jesús es el lugar de práctica de la presencia por excelencia. Allí hay gracia, aceptación y transformación. Cristo nos restaura al gozo del Padre. Al unirnos a Cristo, pasamos de la distancia del desierto a la intimidad del banquete celestial. No necesitamos fabricar la presencia de Dios, ni esforzarnos para poseerla; reconozcamos que Él ya nos encontró en Cristo. ¡Y la alegría es inmensa!

jueves, 15 de enero de 2026

El Cordero de Dios quita el pecado del mundo

"Vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo." Juan 1:29



Cuando Juan vio a Jesús pasar aquel día lo llamó "el Cordero de Dios", dando testimonio de él como el sacrificio perfecto y final por los pecados del mundo, haciendo referencia a los corderos sacrificiales del Antiguo Testamento, especialmente el de la Pascua, que prefiguraban la redención.

Mediante su sacrificio, Jesús actúa como el mediador que derriba la barrera de culpa y separación entre la humanidad y Dios. A diferencia de los antiguos sacrificios rituales que solo "cubrían" las faltas temporalmente, el sacrificio de Cristo implica una limpieza total y definitiva, un perdón real y perpetuo. Representa la redención, el perdón gratuito y la restauración de la gracia, liberando al creyente del peso espiritual y las consecuencias eternas del pecado.

La mayoría de nosotros podemos concordar con lo anterior sin que ello signifique tener fe real y salvadora. Cuando Juan dice que Jesús es el "Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo", esa última frase es la que realmente marca la diferencia para cada uno de nosotros. Jesús es el "Cordero de Dios" que quita el pecado del mundo, ofreciendo expiación eterna, no solo simbólica, para toda la humanidad, no solo para Israel, cumpliendo la profecía y la necesidad de un salvador puro para reconciliar a la gente, a toda la gente de todos los tiempos,  con Dios. Si eres una persona, y estás en el mundo, entonces significa que el "Cordero de Dios" quitó tus pecados también. ¡Gloria a Dios!

viernes, 7 de julio de 2023

Prisioneros de esperanza

"También tú serás salvada por la sangre de tu pacto, y yo sacaré a tus presos de esa cisterna sin agua. ¡Vuelvan, pues, a la fortaleza, prisioneros de esperanza! En este preciso día yo les hago saber que les devolveré el doble de lo que perdieron." Zacarías 9.11-12



Es natural que nos sintamos angustiados y desesperanzados cuando las circunstancias son adversas. Puede ser que suframos alguna pérdida, o enfermedades. También estamos, a menudo, expuestos a daños o perjuicios. Y, lo reconozcamos o no, la sequía espiritual nos afecta mucho más de lo que podemos percibir.

Es cierto, la vida tiene muchas dificultades. Sin embargo, Dios nos recuerda que no depende de nuestra fuerza, de nuestra inteligencia, y ni siquiera de nuestra piedad. Él mismo quiere restaurarnos, iluminarnos y darnos su salvación abundante. ¿Por qué quedarnos en pozos secos, cuando podemos beber del agua viva?

Dios siempre está presente, su bondad y su verdad son eternas. Pero de nosotras y nosotros depende hacia dónde dirigimos nuestra mirada espiritual. Si miramos hacia la debilidad, la ignorancia y el pecado, estaremos y realmente seremos "presos de esa cisterna sin agua". En cambio, si volvemos nuestro corazón hacia la fortaleza, la verdad y la salvación que vienen del Señor seremos libres o, mejor, "prisioneros de esperanza".

viernes, 24 de febrero de 2023

Por tu amor, oh Dios, borra mis culpas

"Por tu amor, oh Dios, ten compasión de mí; por tu gran ternura, borra mis culpas. ¡Lávame de mi maldad! ¡Límpiame de mi pecado! Reconozco que he sido rebelde; mi pecado no se borra de mi mente". Salmos 51.1-3

Frecuentemente no nos damos cuenta que nuestra necesidad y búsqueda de perdón divino se debe a que nos aferramos al pasado, recordamos constantemente nuestras fallas y las rumiamos en nuestros corazones, en lugar de dejarlas atrás,  comenzar de nuevo y quitar el pasado de nuestros pensamientos. Si anhelamos experimentar el perdón, primero debemos perdonarnos a nosotros mismos, y recibir el don de la restauración divina en nuestra propia mente.



Además de la experiencia del perdón divino, de la gracia, necesitamos perdonarnos a nosotros mismos para vivir la regeneración y gozar de un corazón limpio y un espíritu recto. Insistir en el pasado, en la culpa, en los tropiezos, no es humildad, sino un orgullo enfermizo que se cree tan especial para no ser alcanzado por el infinito amor perdonador. Al olvidarnos de nosotros mismos, soltando la culpa, y aprendiendo a recibir el regalo gratuito del perdón divino, nuestro corazón y nuestra mente se abren a la experiencia de una vida transformada.

viernes, 13 de agosto de 2021

¡Escucha, Señor, mi voz!

"Desde el fondo del abismo clamo a ti, Señor: ¡Escucha, Señor, mi voz!, ¡atiendan tus oídos mi grito suplicante!" Salmos 130.1-2


¿Cuándo escucha el Señor y responde nuestras oraciones? El Señor nos escucha y contesta nuestras oraciones cuando estamos unidos con el Espíritu y el Espíritu unificado con nosotros. Estamos unidos cuando somos capaces de vivir conscientemente cerca de Dios. Cuando nuestras oraciones no son respondidas como pensamos que deberían, es porque esta unión interior no es segura. Si el Señor notara todos nuestros fracasos, ¿cuál sería el resultado? Ninguno de nosotros podía estar de pie. Por la ley perdonadora del amor, Dios no nos trata según "nuestros pecados", ni nos recompensa según nuestras iniquidades.


¿Cómo funciona la ley del perdón? La ley del perdón limpia la conciencia de pensamientos ignorantes y destructivos y coloca los pensamientos de amor y confianza en su lugar; el perdón quita la repulsión y el resentimiento del corazón. Libera la benevolencia y las tiernas misericordias del Espíritu. ¿Cómo se activa la ley del perdón divino en nuestras vidas? Por nuestro perdón a los que nos ofenden, como dice el Padre Nuestro: "Perdónanos nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores".


"Con toda mi alma espero al Señor". Hemos vivido en la ignorancia, afuera, durante tanto tiempo que nuestras facultades espirituales se han vuelto inactivas por falta de ejercicio. Cuando el alma espera en el Señor, todas las fuerzas del ser se concentran en ella; entonces sentimos y sabemos absolutamente que Dios está obrando en nuestras almas. De esta manera las facultades se desarrollan y se convierten en instrumentos adecuados para el Espíritu. Cuando buscamos al Señor con todo nuestro corazón, ¿cuál es el resultado? Los reinos del mundo pueden surgir y caer; el cielo y la tierra pueden pasar, pero la palabra del Señor, su promesa, permanece firme en nuestro corazón. Somos hechos libres.




viernes, 9 de abril de 2021

Crea en mí un corazón puro

"Dios mío, ¡crea en mí un corazón limpio! ¡Renueva en mí un espíritu de rectitud! ¡No me despidas de tu presencia, ni quites de mí tu santo espíritu! ¡Devuélveme el gozo de tu salvación! ¡Dame un espíritu dispuesto a obedecerte!" Salmos 51.10-12


La parte más misteriosa de la naturaleza humana es el corazón. Como sede de sentimientos, deseos y anhelos, el corazón puede ser, y de hecho es, engañoso y cambiante. De la experiencia, a veces amarga, aprendemos que el corazón debe guiarse por la sabiduría. Todos sabemos que si nos rendimos ciegamente a los impulsos sugeridos por nuestros deseos, sufriremos muchas caídas. Sólo un corazón guiado por la sabiduría divina puede desear con rectitud.


El salmista, después de seguir sus impulsos ciegos, sufrió la amarga experiencia de la culpa y el dolor. Una amargura que todos hemos sentido más de una vez. Al principio tratamos de ocultar la falta, luego nos justificamos, pero al final siempre sentimos el peso de nuestras acciones. David se rindió al amor desenfrenado y cayó en un pecado grave. Pero siempre buscó la guía divina; El suyo no fue un pecado de mera indulgencia animal, y por lo tanto fue corregido bajo la ley mediante el arrepentimiento y el regreso a la Verdad.


El primer paso en cualquier reforma es el reconocimiento del poder de la ley. La sabiduría nos muestra qué es la ley y dónde fallamos. Entonces, se nos muestra que no hay ira contra nosotros de parte de Dios. La transgresión de la ley trae consigo su propio castigo. No somos castigados por causa de nuestros pecados, sino que ellos mismos son nuestra pena. Cuando, con una mente abierta, reconocemos un error y, al mismo tiempo, le negamos cualquier poder sobre nosotros, el camino del principio superior, el Señor, se abre en la conciencia, y estamos verdaderamente aquí y ahora limpios de nuestros pecados. y sus efectos.



viernes, 17 de julio de 2020

Buena y abundante cosecha

"Tú, Dios de nuestra salvación, nos respondes con grandes actos de justicia. En ti esperan los confines de la tierra y los mares más remotos." Salmo 65.5

En toda la cristiandad, confesamos nuestra fe diciendo: "Creo en Dios, Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra". Pero la verdad es que, en los últimos siglos, esa expresión ha perdido fuerza y ​​significado para la mayoría de nosotros. En el mejor de los casos, lo consideramos una declaración poética, si no una declaración mítica, infantil y primitiva. Sin embargo, la palabra divina continúa afirmando que Dios es el creador, el mantenedor y el consumador de todo lo que existe.

La misma palabra poderosa que creó el Universo, Dios la continúa pronunciando para nuestro bien. En nuestro caos, trae orden. En nuestra oscuridad, crea luz. En nuestra sequedad, produce vida. "Así como la lluvia y la nieve caen de los cielos, y no vuelven allá, sino que riegan la tierra y la hacen germinar y producir, con lo que dan semilla para el que siembra y pan para el que come, así también mi palabra, cuando sale de mi boca, no vuelve a mí vacía, sino que hace todo lo que yo quiero, y tiene éxito en todo aquello para lo cual la envié." Isaías 55.10-11


Ciertamente es Dios quien me suministra "abundante y diariamente con todo lo necesario para el cuerpo y la vida; me protege de todos los peligros y me guarda de todo mal". Aún más, es Dios quien diaria y constantemente nos llama a través de su Palabra encarnada, el Hijo de Dios, Jesucristo, para que, creyendo en él, no perezcamos, sino que tengamos vida eterna. Es en Cristo, y a través de él, "sembrador y simiente", que Dios nos promete y efectivamente nos da perdón, paz y vida abundante. Es a través de Cristo, y solo a través de él, que somos reconciliados con el Padre y adoptados como hijas e hijos de Dios, herederos de todo bien divino. Dios Padre nos creó y nos conoce. Dios Hijo nos ama y nos ha salvado. Dios Espíritu Santo nos santifica y nos llena de vida, esperanza y alegría.

viernes, 10 de julio de 2020

¿A quién pertenezco?

"Porque en [Cristo] habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y en él, que es la cabeza de toda autoridad y poder, ustedes reciben esa plenitud." Colosenses 2.9-10

Se cuenta que el rey de Prusia, al visitar una escuela rural, cuando los niños habían dicho que toda cosa pertenece a uno de los tres reinos: mineral, vegetal o animal, les preguntó: - Y yo, ¿a cuál reino pertenezco? Los niños no hallaban cómo contestar a esta pregunta; pero una graciosa niña resolvió la dificultad contestando: - Su Majestad pertenece al reino de Dios. El rey quedó muy contento con la viveza de la niña y profundamente emocionado por la verdad que ella había expresado.

Con frecuencia nos preguntamos quién realmente gobierna el mundo y sus acontecimientos. Muchas de las circunstancias que oímos, aprendemos o vivimos nos hacen dudar de que un Dios amoroso creó y gobierna el universo entero, más bien nos inclinamos a pensar que no hay Dios y estamos a la deriva o, peor aún, que Dios abandonó este mundo al poder de las fuerzas del mal. En el fondo, queremos transferir a Dios nuestra propia maldad y pecado. ¿A qué reino pertenecemos nosotros?


El apóstol Pablo nos enseña, y nos exhorta a reconocer y confiar, que Cristo ha vencido y reina poderosamente. En Cristo estamos completos y hemos sido librados de los poderes del reino de la oscuridad. "[Dios] nos ha librado del poder de la oscuridad y nos ha trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de los pecados." Colosenses 1.13-14

viernes, 29 de mayo de 2020

El poder del Evangelio

"No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para la salvación de todo aquel que cree: en primer lugar, para los judíos, y también para los que no lo son. Porque en el evangelio se revela la justicia de Dios, que de principio a fin es por medio de la fe, tal como está escrito: «El justo por la fe vivirá.»" Romanos 1.16-17

Había una hermosa niña que vendía florecillas en la calle. Esta niña tenía que llevar todas las noches a su pobre y miserable choza las florecillas que le sobraban. A fuerza de hacer esto, llegó a decir que odiaba el perfume de esas flores por haberse acostumbrado a él, "¡Qué extraño!", exclamó alguien. Sin embargo, eso mismo es lo que dicen algunos de los que oyen el evangelio. Es posible que la rutina y la saciedad puedan llegar a hacernos despreciar el aroma agradable del evangelio de nuestra salvación.


Fuimos creados hermosos, a imagen y semejanza de Dios, pero el pecado nos ha dejado andrajosos, pobres y malolientes, aunque al mundo podamos parecer bellos, educados e importantes. No obstante, Dios nos ama infinitamente, y ha dado a su Hijo unigénito para nuestra salvación, paz y alegría. No está en nuestras manos que que las flores den su perfume, ellas lo exhalan por naturaleza; así es con la justicia de Dios, no debemos merecerla ni obtenerla: "de principio a fin es por medio de la fe".

viernes, 24 de abril de 2020

¿Qué significa conocer a Dios?

"Lo que yo quiero es misericordia, y no sacrificio; ¡conocimiento de Dios, más que holocaustos!" Oseas 6.6

¿Qué significa conocer a Dios? Claramente no se trata de especular sobre lo que no vemos ni entendemos, tampoco de rituales o ceremonias. Conocer a Dios es poner de manifiesto lo que él mismo es: amor, compasión y justicia. Nadie ha visto jamás a Dios, pero en Jesús; en su vida, muerte y resurrección, que vemos manifestarse la voluntad y el carácter del Padre.

"Vayan y aprendan lo que significa “Misericordia quiero, y no sacrificio”. Porque no he venido a llamar a los justos al arrepentimiento, sino a los pecadores." Mateo 9.13


Lo que destaca a Jesús es su misericordia; una misericordia que es conocimiento perfecto de Dios, revelación de su verdadero carácter e identidad. Una misericordia que las discípulas y discípulos del Maestro manifiestan, aunque imperfectamente, con su capacidad de restaurar, sanar y liberar. ¡Practicar misericordia es conocer a Dios!

viernes, 13 de diciembre de 2019

Restauración

"Entonces sabrán ustedes que yo estoy en medio de Israel, y que yo soy el Señor su Dios, y nadie más. Y mi pueblo nunca más será avergonzado." Joel 2.27

Cuando todo parece ir bien, raramente nos acordamos de Dios. Cuando todo parece ir mal, nos preguntamos dónde está Dios. Sin embargo, Dios no depende de nuestros sentimientos ni circunstancias; él siempre está con nosotros porque es fiel y amoroso.


Nuestro mundo, marcado por la presencia del pecado, a veces nos resulta insoportable. Dios no nos deja caer en la desesperación; en Cristo y por medio de él, ya tenemos la garantía de una vida restaurada. "Después de esto, derramaré mi espíritu sobre la humanidad entera, y los hijos y las hijas de ustedes profetizarán; los ancianos tendrán sueños, y los jóvenes recibirán visiones". Joel 2.28

No es consuelo de tontos; es una esperanza firme. Hay un amanecer glorioso que nos espera, un cielo nuevo y una tierra nueva, justicia y paz eternas. Eso dice la Palabra de Dios, y su Palabra es fiel y verdadera. "En aquellos días, también sobre los siervos y las siervas derramaré mi espíritu". Joel 2.28

viernes, 6 de diciembre de 2019

Volver

«¡Vuélvanse a mí, hijos rebeldes! ¡Yo sanaré sus rebeliones!» «Aquí estamos, y a ti venimos, porque tú eres el Señor, nuestro Dios.» Jeremías 3.22

Todos, o casi todos, conocemos la consecuencia de tomar equivocadamente un camino que se bifurca. Al principio no parece haber diferencia, el paisaje se ve igual, los puntos de referencia son casi los mismos, pero a medida que se avanza el destino original se aleja más y más, y terminamos perdidos.


La senda del pecado es así, poco a poco o, algunas veces, de manera drástica nos va alejando del propósito y destino de nuestra vida. Lo peor es que cuanto más nos adentramos en el pecado, más duro y terco se vuelve el corazón. Pero Dios, siempre amoroso y compasivo, nos advierte del camino equivocado y nos llama a volver.

El diablo, el mundo y nuestro corazón nos ofrecen variados caminos, pero todos ellos conducen a un destino indeseable. Dios nos ofrece un único camino, vivo y verdadero: Jesucristo. Por la fe en Jesús tenemos paz y bendición. "Por lo tanto, arrepiéntanse y vuélvanse a Dios, para que sus pecados les sean perdonados". Hechos 3.19

viernes, 23 de agosto de 2019

Rebelión y redención

"Pero él será herido por nuestros pecados; ¡molido por nuestras rebeliones! Sobre él vendrá el castigo de nuestra paz, y por su llaga seremos sanados." Isaías 53.5


Casi con toda seguridad todos concordaremos, al menos de modo formal, que la vida humana es más que nacer, crecer, reproducirse y morir. Es más que disfrutar del camino entre la cuna y el ataúd. Sin embargo, en la práctica vivimos únicamente para deleitar nuestra vista, nuestro vientre y nuestro orgullo. ¿Duele? Claro que duele cuando se toca la llaga del pecado.

"No amen al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él" (1 Juan 2.15). Aunque la moral sólo califique como pecados, en el caso que lo haga, a actos aberrantes y públicos, la palabra de Dios nos deja bien claro que el pecado es la mundanería que nos lleva a adorar a las criaturas antes que al Creador.

El egoísmo, la sensualidad y la mundanería, aunque placenteros en el momento, sólo pueden llevar a la perdición. Pero Dios no nos ha dejado en el pozo de la decepción; por su misericordia nos ha dado un poderoso Salvador: Jesucristo. "Él mismo llevó en su cuerpo nuestros pecados al madero, para que nosotros, muertos ya al pecado, vivamos para la justicia. Por sus heridas fueron ustedes sanados" (1 Pedro 2.24).

viernes, 16 de agosto de 2019

Misericordia


"¡Vengan, volvamos nuestros ojos al Señor! Ciertamente él nos arrebató, pero nos sanará; nos hirió, pero vendará nuestras heridas." Oseas 6.1

Idolatría, falta de respeto, depravación y corrupción en todos los ámbitos... No son los titulares del periódico de hoy, pero bien podrían serlo. Al profeta Oseas le tocó vivir una época decadente y perversa, no muy diferente a la nuestra.

El pueblo de Israel se había apartado de Dios, de su Palabra y de la obediencia, Dios permitió el castigo, el pueblo se arrepintió y fue restaurado. Cuando volvieron la paz y la prosperidad, Israel recayó en sus pecados y depravaciones, y vino a estar en un estado peor que antes. ¿No es una experiencia conocida también para nosotros?


En Cristo, Dios nos ha dado completo perdón de pecados. Esa no es una licencia para relajarnos y vivir de forma disoluta; es el llamado y la garantía de una transformación radical. "Al que no cometió ningún pecado, por nosotros Dios lo hizo pecado, para que en él nosotros fuéramos hechos justicia de Dios" 2 Corintios 5.21.

viernes, 29 de marzo de 2019

La luz ha llegado

"En ti se halla el manantial de la vida, y por tu luz podemos ver la luz." Salmos 36.9

El manantial de la vida es la salvación que Dios ya ha consumado, en Cristo, para el mundo entero. Ya no hay razón para la incredulidad, para la desesperanza, ni para el odio. El perdón y la reconciliación son realidad, son la luz de la vida. La luz ha llegado, está siempre presente para quien abra los ojos. La luz del Amor divino ha disipado las tinieblas, y la oscuridad ha desaparecido. La divina luz resplandece por medio de la palabra de Dios.


"Tu palabra es una lámpara a mis pies; ¡es la luz que ilumina mi camino!" Salmos 119.105

La palabra de Dios es luz brillante que alumbra nuestros pasos. Pero constantemente nos acecha la tentación de guiarnos por nuestras propias leyes, nuestra lógica, nuestros deseos. Cuando sucumbimos a la tentación de apartarnos de la palabra divina, la oscuridad vuelve a nublar la visión. Pero es tan sólo una ilusión óptica que no puede apagar ni disminuir la luz que Dios derrama gratuita y generosamente sobre nosotros. En la palabra de Dios hallamos la perfecta libertad, la ley de la vida, la luz de la sabiduría, el calor del amor.

viernes, 22 de marzo de 2019

Luz del mundo

"Yo soy la luz del mundo. Si ustedes me siguen, no tendrán que andar en la oscuridad porque tendrán la luz que lleva a la vida." Juan 8.12

Pocas veces paramos a pensar, meditar, ni mucho menos vivir, la profundidad de las enseñanzas de Jesús. El Maestro ciertamente dijo que Él es la "luz del mundo", pero no quedó en eso, sino que afirmó enfáticamente que sus seguidores también tendríamos esa luz. La vida de fe no se limita a tener informaciones sobre Dios, se vive en unión de corazones y voluntad con el Padre, por medio de Cristo, en el poder del Espíritu Santo.


"Ustedes son la luz del mundo, como una ciudad en lo alto de una colina que no puede esconderse. Nadie enciende una lámpara y luego la pone debajo de una canasta. En cambio, la coloca en un lugar alto donde ilumina a todos los que están en la casa. De la misma manera, dejen que sus buenas acciones brillen a la vista de todos, para que todos alaben a su Padre celestial." Mateo 5.14-16

No es necesario esforzarnos por ser algo que ya somos. Somos luz; nuestra responsabilidad es no ocultarnos, no mezquinar nuestro brillo, que no es nuestro sino de Dios. Donde impera el egoísmo, seamos solidarios. Cuando el odio se manifieste, curemos con perdón. Si la intolerancia rompe la armonía, iluminemos con compasión. De esa forma nuestra luz, la luz de Cristo que ilumina al mundo entero, resplandecerá, y la gloria de Dios será manifestada en todo y para todos.

viernes, 18 de enero de 2019

El mejor vino

«Un anfitrión siempre sirve el mejor vino primero —le dijo—, y una vez que todos han bebido bastante, comienza a ofrecer el vino más barato. ¡Pero tú has guardado el mejor vino hasta ahora!». Juan 2.10

El vino representa la vida, la alegría y la abundancia. Aunque puede asociarse a veces a la tristeza, lo más común es relacionarlo con la dicha y la celebración. ¡No hay fiesta sin vino! En el conocidísimo pasaje de las bodas de Caná, vemos que el vino se terminó, la algarabía se silenció, y el disimulado murmullo de María expresó la preocupación: "no tienen más vino"...

"Cerca de allí había seis tinajas de piedra, que se usaban para el lavado ceremonial de los judíos." Esas seis tinajas representan la obediencia de la Ley, el esfuerzo por llegar a Dios por medio de la propia justicia. Los ritos, ceremonias y sacrificios pueden dar un aire de piadosa santidad, pero sabemos muy bien que no pueden dar frutos de vida ni, mucho menos, traer alegría. Cuando todo parece perdido, ¡Jesús cambia el agua en vino!

"Nadie pone vino nuevo en vasijas viejas. Pues el vino arruinaría las vasijas, y tanto el vino como las vasijas se echarían a perder. El vino nuevo necesita vasijas nuevas." Marcos 2.22


La pureza de la Ley, las tinajas con agua, únicamente puede mostrarnos que necesitamos ser lavados, pero de modo alguno puede alegrar la vida. Solamente Jesús, por medio de Evangelio, nos da consuelo, paz y alegría. Jesús nos da un vino nuevo y mejor, su propia sangre, que limpia nuestro pecado y nos hace partícipes de las bodas eternas. "Esta señal milagrosa en Caná de Galilea marcó la primera vez que Jesús reveló su gloria. Y sus discípulos creyeron en él."

viernes, 26 de octubre de 2018

La bella promesa

"Pues «todo el que invoque el nombre del Señor será salvo»." Romanos 10.13

Ante el peligro inminente no hay orgullo que resista. Todos sabemos eso. Mientras nuestra fuerza, conocimiento o voluntad pueden imponerse nos negamos a buscar o aceptar ayuda. ¡Yo puedo! es el grito de autosuficiencia que aprendemos desde niños. Sin embargo, "¡Yo puedo!" no nos sirve de nada ante Dios.


Dios nos ha creado, y nos conoce mejor que nosotros mismos, y sobre todas las cosas ¡nos ama! Por eso nos ha tendido la mano sin esperar que le buscáramos o le llamáramos. Por su Palabra nos llama, nos corrige, nos consuela y nos salva. «Todo el que confíe en él jamás será avergonzado», Romanos 10.11.

El amoroso Padre celestial no nos pide que dependamos de nuestra fuerza, conocimiento o voluntad; de hecho nos advierte que eso es inútil. Él nos exhorta a confiar en Él, por los méritos de Jesucristo. Tan sólo nos pide fe en su Palabra. "Así que la fe viene por oír, es decir, por oír la Buena Noticia acerca de Cristo", Romanos 10.17.

viernes, 28 de septiembre de 2018

El Tesoro de su Gracia

"Yo no tomo la gracia de Dios como algo sin sentido. Pues, si cumplir la ley pudiera hacernos justos ante Dios, entonces no habría sido necesario que Cristo muriera." Gálatas 2.21

La gracia de Dios, el profundo misterio de su amor inagotable, se vuelve un sinsentido cuando la tomamos como un simple dato, una doctrina a ser afirmada pero no vivida, una declaración que no provoca ni produce transformación. El teólogo Dietrich Bonhoeffer afirmaba: "La gracia barata es el enemigo mortal de nuestra Iglesia. Hoy combatimos en favor de la gracia cara."

Tristemente, la religiosidad popular, que no es otra cosa que la máscara piadosa del pecado, nos ha infiltrado la idea de que la gracia es un premio al buen comportamiento, una corona a la moralidad. Si fuese así, entonces todo el Evangelio no pasa de una patraña ofensiva. No importa que tan buenos queramos parecer, la Ley sólo trae condenación. El anuncio de la gracia está centrado en Cristo no en nosotros.


El Evangelio que nos trae perdón, paz y reconciliación no tiene nada que ver con nuestra bondad, ni con nuestra moralidad, es Cristo de principio a fin: "Cristo murió por nuestros pecados tal como dicen las Escrituras. Fue enterrado y al tercer día fue levantado de los muertos, tal como dicen las Escrituras." (1 Corintios 15.3-4) Es por medio de él, con él, y en él que Dios nos acepta y nos agracia plenamente.

viernes, 3 de agosto de 2018

¿Salario o regalo?

"Pues la paga que deja el pecado es la muerte, pero el regalo que Dios da es la vida eterna por medio de Cristo Jesús nuestro Señor."Romanos 6.23

La ley de Dios es más que un conjunto de mandamientos que exigen obediencia, es la expresión del carácter justo, recto y bondadoso del Señor. Si bien con la boca decimos que no somos perfectos, todos pensamos poder cumplir los requisitos de la ley y merecer un generoso pago por ello.

Cuanto más nos esforzamos por cumplir la ley, más se manifiesta el pecado en nosotros. Cuanto más pensamos que merecemos un premio por nuestra bondad, tanto más el peso de la muerte se cierne sobre nosotros. "Pues nadie llegará jamás a ser justo ante Dios por hacer lo que la ley manda. La ley sencillamente nos muestra lo pecadores que somos." (Romanos 3.20)


Dios es un Padre amoroso, no un patrón opresivo. Él no desea con nosotros una relación comercial de obras y salarios, sino un vínculo de amor filial. En Cristo no nos ofrece un pago por nuestra bondad, nos da el único remedio para nuestra maldad; gratuitamente, por puro amor. El regalo de Dios, su propio Hijo, es vida. "Cuando la gente trabaja, el salario que recibe no es un regalo sino algo que se ha ganado; pero la gente no es considerada justa por sus acciones sino por su fe en Dios, quien perdona a los pecadores." (Romanos 4.4-5)