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viernes, 19 de mayo de 2023

Cuida tu corazón más que otra cosa

"Cuida tu corazón más que otra cosa, porque él es la fuente de la vida. Aparta de tu boca las palabras perversas; aleja de tus labios las palabras inicuas. Dirige la mirada hacia adelante; fíjate en lo que tienes delante de tus ojos. Piensa qué camino vas a seguir, y plántate firme en todos tus caminos. Apártate del mal. No te desvíes ni a la derecha ni a la izquierda." Proverbios 4.23-27

Cuidar nuestro corazón parece una frase hecha, una fórmula que en el fondo no significa nada. Sin embargo, esa expresión engloba todo un conjunto de prácticas espirituales que son esenciales para una vida sana, equilibrada y positiva. La manera en que cuidamos adecuadamente nuestro corazón es  haciéndonos conscientes de nuestros pensamientos y motivos no expresados hasta que nuestros hábitos de pensamiento entren en plena armonía con la voluntad divina. El estado de ánimo que nos alinea con el orden divino está formado por el pensamiento disciplinado y la acción de la voluntad.

La disciplina es indispensable para poner bajo control nuestro uso de la palabra hablada. Es necesario dominarnos para "apartar de nuestra boca las palabras perversas y alejar nuestros labios de las palabras inicuas". Las palabras descuidadas, con bastante frecuencia, destruyen todo lo bueno que hemos logrado en silencio. Es por eso que necesitamos mucha determinación para cuidar nuestro corazón con toda diligencia. Necesitamos mantener nuestra meta en mente y avanzar incansablemente hacia ella. "Dirige la mirada hacia adelante; fíjate en lo que tienes delante de tus ojos".

Manteniendo nuestro sentido del equilibrio y haciéndonos conscientes de Dios, alcanzamos el descanso y la firmeza, conociendo así la paz de estar envueltos en el amor divino. "Piensa qué camino vas a seguir, y plántate firme en todos tus caminos". Es muy importante adquirir el hábito de comprobar nuestro progreso espiritual; no para vanagloriarnos, sino para animarnos a perseverar. Con la meta en mente, no podemos darnos el lujo de desviarnos de nuestro propósito o llenar nuestra vida de altibajos sin sentido; es por eso mismo que oramos para que Dios purifique nuestros pensamiento, palabras y obras. "Apártate del mal. No te desvíes ni a la derecha ni a la izquierda".

viernes, 6 de abril de 2018

Tratando con la negatividad

Es natural que tengamos tropiezos en todos los aspectos de nuestra vida, y la práctica espiritual no es una excepción. Con mayor o menor frecuencia debemos enfrentarnos con sentimientos y pensamientos negativos que, al aparecer, nos desaniman y nos hacen dudar de la autenticidad de nuestra espiritualidad. Pero basta con calmarnos un poco y observar para darnos cuenta de dónde provienen el desánimo y la duda: nuestra relación con Dios no depende de nuestros sentimientos ni de nuestros pensamientos, sino del Amor infinito que Dios tiene por nosotros.

Para tratar con la negatividad debemos, primero, desistir de nuestra propia fuerza y habilidad. Todos sabemos por experiencia que la peor forma de luchar contra un pensamiento negativo, un rencor o una tristeza, es justamente luchar; al centrarnos en eso, se fortalece y permanece. Por eso, el secreto para tratar con los sentimientos y pensamientos negativos que nos asaltan es centrarnos completamente en Dios y su amorosa presencia. 

"Abandona esta maldad tuya, y ruega a Dios, para ver si te perdona el haber pensado así." Hechos de los Apóstoles 8.22 

viernes, 23 de febrero de 2018

¡El Señor todopoderoso está con nosotros!

"Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza; nuestra ayuda en momentos de angustia. Por eso no tendremos miedo, aunque se deshaga la tierra, aunque se hundan los montes en el fondo del mar, aunque ruja el mar y se agiten sus olas, aunque tiemblen los montes a causa de su furia." Salmos 46.1-3

El Salmo 46 es una de las oraciones más bellas, profundas y luminosas que encontramos en la Biblia. Desde su primera línea es una expresión de firme confianza en Dios, sin importar las circunstancias. Esa es la esencia de la fe, no un sentimiento vago o una especulación mental, sino una confianza viva y práctica en Dios, en su Amor y en su infinita Bondad. Así como el Salmo inicia con una afirmación de fe, concluye con una confesión impresionante.

"¡Ríndanse! ¡Reconozcan que yo soy Dios! ¡Yo estoy por encima de las naciones! ¡Yo estoy por encima de toda la tierra! ¡El Señor todopoderoso está con nosotros!" En éstas pocas palabras se resume todo el espíritu de las Escrituras. Permanezcan quietos y sepan, sin lugar a dudas, que Yo soy Dios. Aunque parezca algo sencillo no lo es, nuestro ego siempre quiere ser el protagonista. Por naturaleza nos inclinamos a buscar nuestros propios fines, para no llamarlos caprichos, y nos parece más sensato dejarnos llevar por los afanes que rendirnos y contemplar a Dios, el único verdadero fin de nuestra vida. Incluso en la oración hay un tiempo de soltar las riendas y abandonarnos en la amorosa Presencia divina. "¡Entréguense! ¡Reconozcan que yo soy Dios!".

viernes, 26 de enero de 2018

Sólo Dios basta

"¿A quién tengo en el cielo? ¡Sólo a ti! Estando contigo nada quiero en la tierra." Salmos 73.25

Aunque nos cueste reconocerlo, los valores imperantes en la sociedad se cuelan también en el ámbito espiritual. Es una tentación frecuente realizar prácticas espirituales con el único fin de obtener beneficios personales; tranquilidad, realización, sentido de "ser especial", etc. Pero esos resultados superficiales son inestables; por eso no es raro que, cada tanto, tengamos períodos de negatividad. Nos vienen a la mente pensamiento como "¿de qué me sirve la oración, si nada sucede?" o "meditar es una pérdida de tiempo..." o tal vez "voy a dejar todo esto, es una fantasía".


Esta clase de pensamientos, totalmente naturales, no deberían desalentarnos ya que son señales de que las resistencias del ego están siendo derrotadas. Lo que vale es permanecer leales a Dios. Afirmémonos tranquilamente en la verdad, y no juzguemos según las apariencias. Alimentemos la fe afianzándonos en las promesas divinas. Los períodos de crisis son la oportunidad perfecta para el progreso espiritual. Por lo tanto, acojamos, perdonemos y dejemos que Dios transforme la negatividad en regocijo.

"Ahora no podemos verlo, sino que vivimos sostenidos por la fe." 2 Corintios 5.7

Que todo nos esté yendo bien no es señal de que nosotros hayamos progresado espiritualmente. Tampoco que las cosas vayan mal y pensemos que podemos superarlas por nuestra propia devoción nos ayudará a crecer. Progresamos espiritualmente cuando, turbados por la tentación, el desaliento, la negatidad o la desesperanza, reposamos en la amorosa Presencia de Dios y perseveramos calladamente en lo que sabemos es Verdad.



martes, 12 de diciembre de 2017

Con paciencia esperé en el Señor

"Puse mi esperanza en el Señor, y él se inclinó para escuchar mis gritos." Salmos 40.1

Si nos hemos volcado a la oración contemplativa es porque, además del impulso de la gracia, confiamos en que permanecer en la presencia divina nos transformará. No hay dudas que esto es así, y lo tomamos en serio. Pero muchas veces la transformación que esperamos es, en el fondo, egoísta: queremos paz, armonía y sosiego. Cuando después de un tiempo nos damos cuenta que Dios sigue sus propios caminos, viene la decepción y las ganas de abandonar.


Ciertamente, centrarnos en la presencia de Dios y permanecer en su amor tendrá efectos benéficos para nosotros, no obstante la transformación que el Señor realiza es mucho más profunda. Decepcionarnos y abandonar, por el hecho de que no se cumplan nuestros deseos caprichosos, es necedad.

Si bien Dios actúa soberanamente y puede transformarnos en un abrir y cerrar de ojos, normalmente lleva tiempo sanar los efectos de vivir centrados en el ego. Por ejemplo, ahora que el verano se acerca, nadie esperaría estar listo para la playa siguiendo una dieta mágica que prometa adelgazamiento de la noche a la mañana. Debemos poner nuestra confianza y esperanza en Dios, y esperar pacientemente en Él, sin dar importancia a los aparentes resultados o falta de ellos.

"Me buscarán y me encontrarán, porque me buscarán de todo corazón." Jeremías 29.13

La legítima motivación para emprender el camino de la oración de íntima comunión con el Señor es que Él nos llama a esta intimidad de su presencia, porque esa es la vocación fundamental de nuestra vida: vivir para la gloria de Dios y gozar eternamente, ya ahora, de su amorosa presencia. La transformación vendrá invariablemente; nadie permanece igual ante la presencia de Dios. Pero esos cambios son sólo efectos de lo que es esencial, encontrarnos con Dios en el íntimo santuario del corazón.

viernes, 1 de diciembre de 2017

Pasivos ante Dios

"Éste es el mensaje del Señor para Zorobabel: No depende del ejército, ni de la fuerza, sino de mi Espíritu, dice el Señor todopoderoso." Zacarías 4.6

Condicionados, como estamos, por el activismo y el deseo de logros, solemos considerar la pasividad como un defecto. Pensamos que nosotros debemos hacer, realizar y conseguir. A lo sumo pedimos a Dios la fuerza para alcanzar nuestras metas, pero en última instancia el realizarlas está en nosotros. Sin embargo, Dios nos llama a reposar en Él, a confiar nuestros anhelos, nuestras tareas, nuestra vida entera, en sus manos amorosas. La agitación nos impide percibir el refrescante soplo del Espíritu; solamente la quietud nos permite percibir la armonía, la belleza y la justeza de la acción de Dios en todo el universo.

"Dios, según su bondadosa determinación, es quien hace nacer en ustedes los buenos deseos y quien los ayuda a llevarlos a cabo." Filipenses 2.13


El magnetismo puede servirnos como un ejemplo ilustrativo. Si acercamos dos polos positivos, éstos se repelen. La atracción pasa siempre desde el polo positivo al polo negativo y nunca de otra forma. Dios es el eterno positivo, y si nos esforzamos por ser positivos, en el sentido de la ilustración, lo que hacemos es volvernos reactivos a la acción divina. Contrariamente, cuando permanecemos pasivos, o "negativos" (en el sentido que tiene en la corriente magnética), nos hacemos receptivos a la inspiración de Dios, al bien de las oraciones de otras personas y todo el bien que el Padre derrama generosamente en el Universo.

martes, 21 de noviembre de 2017

Concentración y relajación

"Yo mismo te acompañaré y te haré descansar —dijo el Señor." Éxodo 33.14


La práctica de la Presencia de Dios requiere centrarnos en Él, lo cual puede ser una ardua tarea a veces. Concentrarnos en Dios y permanecer en su amorosa presencia es fuente de gozo y paz, pero el silencio exige, muchas veces, una fuerte determinación.

"El Dios eterno es tu refugio, su eterno poder es tu apoyo..." Deuteronomio 33.27

En la meditación, la relajación es tanto o más  importante que la concentración, ya que basta nuestro consentimiento a la acción de la gracia. La concentración y la relajación son los polos necesarios de una meditación balanceada. Muchos caemos en un innecesario desgaste por querer permanecer en la Presencia a fuerza de nuestra concentración, cuando lo cierto es que en ningún momento o circunstancia estamos alejados de Dios.

"Dios no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en Dios vivimos, nos movemos y existimos." Hechos 17.27-28

martes, 17 de octubre de 2017

Deja tus preocupaciones al Señor

"Deja tus preocupaciones al Señor, y él te mantendrá firme; nunca dejará que caiga el hombre que lo obedece." Salmos 55.22


Todos, con más o menos frecuencia, tenemos momentos de preocupación y ansiedad. Pero, aunque aparentemente lo que nos preocupa es algo material, como la salud o el dinero, toda ansiedad es puramente mental. La preocupación, la frustración, el enojo, la impaciencia, no valen la pena ni aportan nada a la hora de resolver problemas. Ninguna cosa o situación valen la pérdida de la paz interior. Frente a la preocupación y la ansiedad, centrarnos únicamente en Dios es el remedio infalible.

La verdad de las afirmaciones anteriores descansa sobre la verdad de la omnipresencia de Dios. Eso quiere decir que, sin importar qué tan mal parezcan estar las cosas, Dios siempre está presente y nunca dejará que caigamos. Sin importar qué sea lo que nos quita el sosiego, la oración lo colocará en su debido lugar. Si nuestras circunstancias actuales aparentan ser irresolubles, podemos aquietarnos en la presencia de Dios y dejar que sea Él quien nos guíe, y nos permita aprender la amorosa lección que cualquier cosa, situación o persona trae consigo.

"Por lo tanto, yo les digo: No se preocupen por lo que han de comer o beber para vivir, ni por la ropa que necesitan para el cuerpo. ¿No vale la vida más que la comida y el cuerpo más que la ropa?" Mateo 6.25

Ninguno de nosotros está libre de problemas, grandes o pequeños. Y, si algo viniera a sucedernos ¿qué? Aunque perdiéramos el dinero, la salud o sufriéramos alguna catástrofe. ¿Qué con eso? Gran parte del sufrimiento, ansiedad y desesperanza en esas circunstancias no proviene del hecho en sí, sino de creernos tan especiales que esas cosas jamás podrían sucedernos. ¿Entonces qué? Dejemos nuestras preocupaciones al Señor, y Él nos mantendrá firmes...

viernes, 1 de septiembre de 2017

Las gotitas del cielo azul


Las gotitas del cielo son hermosas.
Cuando fluyen, algunos las llaman el sudor de Dios;
otros las llaman la canilla gigante.
El ruido de la forma en que caen te relaja en diez partes.
Lavan los autos y riegan las plantas.

Caen rayos y más rayos.

Con ellas se forman los ríos.
Sus gotitas son pianos de la naturaleza;
te ayudan a crecer,
les dan vida a las plantas y árboles,
y ayudan a que los humanos podamos comer vitaminas de las frutas;
les dan vida a las flores que tienen polen para que las abejas se alimenten.

- Pedro Albino Sánchez Bean

viernes, 18 de agosto de 2017

Razón y meditación

"El hombre bueno se alegrará en el Señor y buscará protección en él..." Salmos 64.10

Todos lo sabemos; nuestras mentes están constantemente analizando, calculando, disecando. En su debido tiempo y lugar, y aplicada a objetos adecuados, esta capacidad que tenemos es útil y asombrosa. Sin embargo, para poder dividir cualquier cosa en sus elementos componentes, primero debemos matarla, desmantelarla.

Los análisis y razonamientos tienen su lugar en la ciencia, la tecnología y la educación, pero aplicados a la oración y la meditación, son fatales. Para dividir, clasificar, analizar y dominar, es obvio que debemos ser superiores al objeto de nuestro análisis. Querer ser superiores a la divinidad, encerrándola en las categorías de nuestros pensamientos, no es presunción, es tontería.

"¡Qué profundas son las riquezas de Dios, y su sabiduría y entendimiento! Nadie puede explicar sus decisiones, ni llegar a comprender sus caminos." Romanos 11.33

No podemos analizar a Dios, ni su poder, ni su sabiduría, ni su amor, tan sólo podemos aceptarlo como presente. Hacer teorías acerca de Dios y su acción puede ser un ejercicio interesante, pero las respuestas son sólo tentativas no absolutas. No obstante, lo que para nuestra razón es imposible, Dios nos lo otorga gratuitamente por medio de Cristo e instrumento de su palabra.

Como dijera Jakob Boehme: «Si quieres llegar a esto; si quieres permanecer intocable para las cosas sensibles; si quieres contemplar la luz misma de Dios, y ver todas las cosas con ella considera entonces las palabras de Cristo, que es dicha luz, y que es la verdad. Considera ahora sus palabras de Cristo cuando dice: "Sin mí no podéis hacer nada".»

martes, 4 de julio de 2017

Morir al ego

"Señor, no es orgulloso mi corazón, ni son altaneros mis ojos, ni voy tras cosas grandes y extraordinarias que están fuera de mi alcance. Al contrario, estoy callado y tranquilo, como un niño recién amamantado que está en brazos de su madre. ¡Soy como un niño recién amamantado!" Salmos 131.1-2

Una expresión que usamos frecuentemente en la práctica de la oración es la de «morir al ego» o «negar el yo», pero, ¿qué significa eso de manera concreta? ¿Por qué es tan importante para el seguimiento de Jesús y la disciplina espiritual? Alguien dijo una vez: «El silencio no es la ausencia de ruido sino la ausencia de ego».


Morir al ego no es algo que sucede una vez y para siempre. Es una disposición que va madurando como fruto de la gracia. Es la obra de la cruz en nuestras vidas. Cuando somos despreciados o calumniados y no nos irritamos por ello; cuando se malinterpretan nuestras intenciones o nos ponen en ridículo, pero lo soportamos por amor del Señor; cuando nuestras opiniones y valores son insultados, y nos refugiamos en la presencia de Dios; entonces sabemos que la cruz actúa en nuestras vidas y estamos muriendo al ego.

"Y ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí. Y la vida que ahora vivo en el cuerpo, la vivo por mi fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó a la muerte por mí." Gálatas 2.20

Negar el propio yo y estar crucificado al mundo, es dejar de buscar lo que no es Dios ni su voluntad. La fama, la fortuna y la justicia propia, y el reconocimiento de la gente, dejan de ser nuestro interés y objetivo. Morir al ego es reconocer que Dios pone las reglas y guía en el camino. Ser manso, humilde y dispuesto a ser corregido solamente es posible cuando negamos el yo. Sin morir al ego es totalmente imposible ser discípulo de Cristo.

"[Jesús] les dijo a todos: — Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz cada día y sígame." Lucas 9.23

martes, 6 de junio de 2017

¿Qué significa buscar el Reino?

"Por lo tanto, pongan toda su atención en el reino de los cielos y en hacer lo que es justo ante Dios, y recibirán también todas estas cosas." Mateo 6.33

Muchos de nosotros hemos quedado desconcertados ante estas palabras de Jesús. En teoría aceptamos muy bien el principio, pero no encontramos la forma de llevarlo a la práctica. Solemos pensar que nosotros, nuestras circunstancias y problemas, existimos en un plano; y Dios existe en un plano completamente diferente. Ese sutil error nos ha llevado a considerar la oración como una llave mágica que abre los portales para que la dimensión divina intervenga en la nuestra.



"Tu reino es un reino eterno, tu dominio es por todos los siglos." Salmos 145.13

El reino de Dios no es una dimensión etérea y ultramundana, sino la prístina presencia de Dios en todo lo que es. Lo que Jesús no está diciendo es que nosotros debemos buscar  y percibir el reino de Dios en nuestra misma vida, en nuestras circunstancias y experiencias. Tenemos que saber que Dios está aquí, ahora, sin importar lo que nos parezca a nosotros. Cuando aprendemos a buscar primero el reino de los cielos, la luminosa presencia de Dios nos permite gozar de la plenitud de todo lo que él es. Esto es realmente oración.

martes, 16 de mayo de 2017

Todo tiene su tiempo

Nos ha tocado vivir en una época de cambios impresionantes y acelerados. Rodeados, como estamos, de comunicaciones instantáneas, teléfonos inteligentes y transportes veloces, nos parece que todo debe suceder ya, y que la espera es una pérdida. ¿Es que las cosas deben ser así? Un antiguo y sabio proverbio dice: «Para vivir contento, no vayas ni muy rápido ni muy lento. Cada cosa tiene su tiempo.»

"En este mundo todo tiene su hora; hay un momento para todo cuanto ocurre." Eclesiastés 3.1

Cierta vez, una niña criada en la ciudad estaba, por primera vez, acampando junto con la familia en un bosque. Su padre le mostró una tórtola sentándose sobre su nidada de huevos y le dijo que un día un pequeño pichón nacería de cada huevo. La niña estaba maravillada con la idea de ver nacer a los polluelos y cada mañana, saliendo veloz de su tienda, corría hacia el nido con la esperanza de presenciar el milagro.


Los días en el campo pasaban y en el nido nada sucedía. Los huevos se veían tal cual como el primer día. No había ningún cambio en las apariencias y, poco a poco, la fe de la niña se fue desvaneciendo. Finalmente, con gran decepción, llegó a pensar que su padre la había engañado, y que de aquellos huevos no nacería nada. 

El último día de campamento, tal vez sólo por la costumbre, salió de su tienda y corrió hacia el nido, pero sin esperar nada, solamente pensando que era tiempo perdido. Sin embargo, al llegar, quedó encantada ante el espectáculo de los pequeños polluelos rompiendo el cascarón; ni antes, ni después, sino en su justo tiempo.

"Así que no debemos cansarnos de hacer el bien; porque si no nos desanimamos, a su debido tiempo cosecharemos." Gálatas 6.9

Durante todo ese tiempo que la niña observó, aunque a simple vista no lo pareciera, dentro de cada huevo se produjeron cambios maravillosos, cuyos resultados solamente fueron percibidos al final. Casi todo en nuestra vida sucede de ese modo. Si queremos ver un desarrollo real y manifestar plenitud de vida, debemos dejar que dentro del cascarón la vida se desarrolle a su ritmo. Esa es el ritmo de la creación, ese es el tiempo de Dios.

"Jesús dijo también: Con el reino de Dios sucede como con el hombre que siembra semilla en la tierra: que lo mismo da que esté dormido o despierto, que sea de noche o de día, la semilla nace y crece, sin que él sepa cómo. Y es que la tierra produce por sí misma: primero el tallo, luego la espiga y más tarde los granos que llenan la espiga." Marcos 4.26-28

viernes, 31 de marzo de 2017

Pasado [fragmentos]

El mundo luminoso, el Templo sagrado, y mi corazón
son sagrario de tu espíritu, no mercados ni burdeles.

Se pierde muy fácil quien ignora el mapa eterno,
el dueño del campo no nos ha dejado a ciegas.

No todo lo que brilla es oro, mostrarse puede engañar.
Lo que importa es lo de adentro, el valor está en el corazón.

Cuando la conciencia se apaga, todo es lo mismo,
y el amor se va apagando como la débil llama de una vela.

Confiar en la propia riqueza es necio, inestable,
todo cuanto tenemos puede ser quitado sin aviso.

Aunque me sienta caido, pobre y desterrado;
la luz de otro me levanta y me hace resplandecer.

En esta soledad y este desierto, seco, ardiente,
me pregunto por qué te fuiste y me dejaste solo.

Esa soledad es nada, un espejismo doloroso.
Fuiste delante de mí a prepararme un oasis.

Vino un hombre, conocedor del desierto,
ofreciendo cambiar al pasar por el agua.

Y al verme postrado, me miraste compasivo,
tu perdón afirmó mis pies, y me levanté.



martes, 8 de noviembre de 2016

Atiéndete a ti mismo...


“Atiende a ti mismo, es decir: examínate a ti mismo por todas partes.
Ten despiertos los ojos del alma para vigilarte a ti mismo.”

"Atiende a ti mismo; es decir a tu alma.
Adórnala, cuídala, hasta que desaparezca, por tu diligencia, toda suciedad que se la haya pegado del mal."

"Oponte en la lucha a los 'enemigos invisibles' [los propios errores o defectos inherentes].”

“Atiende, pues, a ti mismo, para que atiendas a Dios..."

Basilio de Cesarea, Extracto Homilía III

viernes, 28 de octubre de 2016

Sublime gracia


Si los pasos son forzados
el camino se hace largo.
Pero ¿por qué andar tanto
para llegar aquí donde estoy?

No tuve que ir; él vino
por nosotros, por todos.
Y por su trabajo recibimos,
sin precio, gracia y verdad.

La vista engaña; vemos bien
con los ojos del corazón.

Por amor de su nombre eterno,

caminamos juntos, unos y otros.

martes, 25 de octubre de 2016

El lugar secreto del Altísimo

“Tú que habitas al amparo del Altísimo y resides a la sombra del Omnipotente.” Salmo 91.1

El Salmo 91 es uno de los capítulos más conocidos y citados de la Biblia. El tema central de este pasaje es la completa paz, seguridad y confianza que goza quien vive en comunión con Dios. Cuando nos abandonamos en los brazos de nuestro Padre ya no dependemos de nuestra fuerza, porque Él es nuestra fortaleza; ya no tememos, porque Él es nuestra liberación; no desesperaremos, porque Él es nuestra certeza; no nos abatiremos, porque Él es nuestra victoria.

Un ejercicio espiritual muy sencillo y accesible es orar haciendo nuestras cada una de las palabras de este salmo, leyendo de forma pausada cada una de sus afirmaciones, considerando el significado y guardándolas en nuestro corazón. 

El texto nos hace referencia a un “lugar secreto” o “esconderijo” donde Dios nos cobija y nos instruye. Este lugar secreto no es otro que nuestro propio espíritu, la intimidad de nuestro corazón. Erróneamente podemos creer que el lugar secreto del Altísimo está en algún sitio o dimensión, pero siempre fuera de nosotros mismos. Buscando afuera lo que está adentro no es raro que pasemos nuestra vida vagando sin encontrar el centro de nosotros mismos. Dios está más cercano que nuestro propio aliento.

Habitar al amparo del Altísimo significa vivir bajo la protección de Dios mismo. A la sombra de sus alas gozamos de abrigo, protección y refrigerio. La Escritura no deja lugar a dudas, al llamar a Dios Omnipotente afirma que no existe otro poder aparte de Dios, y Dios es bueno, por lo tanto nuestro amoroso Padre puede, y quiere, realizar su buena voluntad en nuestras vidas.

“También sabemos que Dispone todas las cosas para bien de los que lo aman, a quienes él ha escogido y llamado.” Romanos 8.28

La oración superficial, formal y egoísta poco o nada puede hacer para acercarnos al lugar secreto del Altísimo, más bien todo lo contrario. Dios nos da entrada bajo la sombra de sus alas, en su esconderijo seguro, cuando “cerrando la puerta de nuestra habitación” nos entregamos a la plena comunión con el Padre, por medio de Hijo, en la comunión del Espíritu Santo.

“Pero tú, cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta, y ora a tu Padre que está allí, a solas contigo. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará” Mateo 6.6

martes, 30 de agosto de 2016

Cuatro advertencias - Miguel de Molinos

GUÍA ESPIRITUAL
Miguel de Molinos (1627 - 1697)
PREFACIO

ADVERTENCIA I
De dos modos se puede ir a Dios:  el primero
por contemplación y discurso;
el segundo, por pura fe y meditación.

Dos modos hay de ir a Dios: uno por consideración y discurso, y otro por la fe pura, un conocimiento indistinto, general y confuso. El primero se llama contemplación, el segundo recogimiento o meditación adquirida; el primero es de principiantes, el segundo de avanzados; el primero es sensible y material, el segundo es más desnudo, puro e interior.

Cuando el alma está ya habituada a discurrir en los misterios, con la ayuda de la imaginación y usando imágenes corporales, siendo traída de criatura en criatura, y de conocimiento en conocimiento (teniendo mucho menos de lo que se desea), y de éstos al Creador. Entonces Dios suele coger a esa alma de la mano (si es que no la ha llamado desde el principio y la introduce sin discurso por el camino de la pura fe), y haciendo que deje atrás el entendimiento de todas las consideraciones y discursos, la adelanta y saca de aquel estado sensible y material, y hace que debajo de un conocimiento de fe simple y oscuro, aspire sólo con las alas del amor a su Esposo, sin que para amarle tenga ya necesidad de persuasiones e informaciones del entendimiento, porque de ese modo sería muy costoso su amor, muy dependiente de las criaturas, muy a gotas, y esas caídas a pausas, despacio.

Cuando menos dependiere de criaturas y más estribare sólo en Dios y su enseñanza secreta, mediante la fe pura, más firme, durable y fuerte será el amor. Después que ya el alma ha adquirido el conocimiento que le pueden dar todas las meditaciones e imágenes corporales de las criaturas, si ya el Señor la saca de ese estado, privándola del discurso, dejándola en la oscuridad divina para que camine por el camino derecho y fe pura, déjese guiar y no quiera recibir amor con la escasez y la cortedad que ellas le informan, sino suponga que es nada cuanto todo el mundo y los más delicados conceptos de los entendimientos más sabios la puedan decir, y que la bondad y hermosura de su Amado excede infinitamente a todo su saber, persuadiéndose que todas las criaturas son muy toscas para informarle y traerle al verdadero conocimiento de su Dios.

Debe, pues, pasar adelante con su amor, dejándose atrás su entender. Ame a Dios como es en sí, ámelo sin conocerlo debajo de los velos oscuros de la fe, de la manera que un hijo que nunca ha visto a su padre, por lo que de él le han informado, a quien da todo crédito, le ama como si ya le hubiera visto.

El alma, a quien se le ha quitado el discurso, debe no violentarse ni buscar por fuerza más conocimiento o conocimiento más particular, sino sin yugos ni consuelos de noticias sensibles, con pobreza de espíritu y vacío de todo lo que su apetito natural le pide; estar quieta, firme y constante, dejando obrar al Señor aunque se vea sola, seca y llena de tinieblas; que si bien pareciera ociosidad, es sólo de su actividad sensible y material, no de la de Dios, el cual está obrando en la ciencia verdadera. Finalmente, cuanto más se eleva el espíritu, tanto más se separa de lo sensible. Muchas son las almas que han llegado y llegan a esta puerta; pero pocas las que han pasado y pasan, por falta de guía experimentada: y las que tienen y han tenido, no se sujetan con verdadero y total rendimiento.

Algunos dirán que la voluntad no amará, sino que estará ociosa, si el entendimiento no entiende distinta y claramente; porque es asentado principio que no se debe amar sino lo que se conoce. A esto se responde que, aunque el entendimiento no conoce distintamente por discurso, imágenes y consideraciones, entiende y conoce por la fe oscura, general y confusa, cuyo conocimiento, aunque tan oscuro, indistinto y general, como es sobrenatural, es más claro y más perfecto conocimiento de Dios que cualquier noticia sensible y la que en esta vida se pueda formar, porque toda imagen corporal y sensible dista de Dios infinitamente.

Más perfectamente -dice San Dionisio- conocemos a Dios por negaciones que por afirmaciones. Más altamente sentimos de Dios, conociendo que es incomprensible, y sobre todo nuestro entender, que concibiéndole debajo de alguna imagen y hermosura creada, que entendiéndole a nuestro modo tosco. (Mística Theólog. Capitulo I p, 2) Luego más estima y amor se engendra de este modo confuso, obscuro y negativo, que de cualquiera sensible y distinto; porque aquél es más propio de Dios y desnudo de criaturas, y este, por el contrario, cuanto más depende de criaturas, tanto menos tiene de Dios.



ADVERTENCIA II
En qué se diferencia la contemplación de la meditación.

Dice San Juan Damasceno (De Pide, Lib. 111, Capitulo 24) y otros santos, que la oración es una subida o levantamiento del entendimiento hasta Dios. Dios es superior a todas las criaturas, y no puede el alma mirarle y tratar con él sino levantándose sobre todas ellas. Este amigable trato que el alma tiene con Dios, que es la oración, se divide en contemplación y meditación.

Cuando el entendimiento considera los misterios de nuestra santa fe con atención para conocer sus verdades, discurriendo sus particularidades y ponderando sus circunstancias para mover los afectos en la voluntad, este discurso y piadoso afecto se llama propiamente contemplación.

Cuando ya el alma conoce la verdad (ya sea por el hábito que ha adquirido con los discursos, o porque el Señor le ha dado particular luz) y tiene los ojos del entendimiento en la sobredicha verdad, mirándola sencillamente, con quietud, sosiego y silencio, sin tener necesidad de consideraciones ni de discursos, ni otras pruebas para convencerse, y la voluntad está amando, admirándose y gozándose en ella; ésta se llama propiamente oración de fe, de quietud, recogimiento interior o meditación.

Lo cual dice Santo Tomás y todos los místicos nuestros que es una vista sencilla, suave y quieta de la eterna verdad, sin discurso ni reflexión. (22 q. 180, art. 3. et., 4). Pero si se alegra o mira los afectos de Dios en las criaturas, y entre ellas en la Humanidad de Cristo como más perfecta de todas, ésta no es perfecta meditación, según prueba Santo Tomás, pues todas ellas son medios para conocer a Dios cómo es en sí; y aunque la Humanidad de Cristo Nuestro Señor es el medio más santo y más perfecto para ir a Dios, y el supremo instrumento de nuestra salvación, y el canal por donde recibimos todo el bien que esperamos; con todo esto la humanidad no es el sumo bien, el cual consiste en ver a Dios; pero Jesucristo Nuestro Señor es más por su divinidad que por su humanidad; así él piensa y mira siempre a Dios -como la divinidad está unida a la humanidad-, siempre mira y piensa en Jesucristo Nuestro Señor; mayormente la persona contemplativa, en quien la fe es más sencilla, pura y ejercitada.

Siempre que se alcanza el fin, cesan los medios, y llegando al puerto, la navegación. Así el alma, si después de haberse fatigado por medio de la contemplación llega a la quietud, sosiego y reposo de la meditación, debe entonces suprimir los discursos y reposar quieta, con una atención amorosa y sencilla vista de Dios, mirándole y amándole, desechando con suavidad todas las imaginaciones que se le ofrecen, aquietando el entendimiento en aquella divina presencia, recogiendo la memoria, fijándola toda en Dios, contentándose con el conocimiento general y confuso que de él tiene por la fe, aplicando toda la voluntad en amarle donde estriba todo el fruto.

Dice San Dionisio: en cuanto a tí, querido Timoteo, aplicándote seriamente a las especulaciones místicas, deja los sentimientos y las operaciones del entendimiento; todos los objetos sensibles e inteligibles y universalmente todas las cosas que son y las que no son, y en una manera conocida e inefable, en cuanto al hombre es posible; levántate a la unión de Aquél que es sobre toda la naturaleza y conocimiento. (Mística Theol.). Hasta aquí el santo.

Luego importa dejar todo el ser criado, todo lo que es sensible, todo lo que es inteligible, afectivo; y finalmente todo aquello que es y lo que no es para arrojarse en el amoroso seno de Dios, que él nos volverá todo lo que habemos dejado, acompañado de fortaleza y eficacia para amarle más ardientemente, cuyo amor nos mantendrá dentro de este santo y bienaventurado silencio que vale más que todos los actos juntos. Dice Santo Tomás: es muy poco lo que el entendimiento puede alcanzar de Dios en esta vida; pero es mucho lo que la voluntad puede amar.

Cuando el alma llega a este estado, debe recogerse dentro de sí misma en su puro y hondo centro, donde está la imagen de Dios; allí está la atención amorosa, el silencio, el olvido de todas las cosas, la aplicación de la voluntad con perfecta resignación, escuchando y tratando con él tan a solas, como si en todo el mundo no hubiese más que los dos.

Con justa razón dicen los santos que la contemplación obra con trabajo y con fruto; la meditación sin trabajo, con sosiego, paz, deleite y mucho mayor fruto. La contemplación siembra y la meditación recoge; la contemplación busca y la meditación halla; la contemplación rumia el manjar, la meditación le gusta y se sustenta con él.

Todo lo dijo el místico Bernardo sobre aquellas palabras del Salvador: Buscad y hallaréis, golpead y se os abrirá. La lectura pone ante la boca alimento solido, la contemplación lo desmenuza, la oración proporciona su sabor, la meditación es la dulzura misma, que alegra y restablece. Con esto se declara qué son la contemplación y la meditación y la diferencia que hay entre las dos.


ADVERTENCIA III
En qué se diferencia la meditación adquirida
y activa de la infusa y pasiva, y se ponen
las señales por donde se conocerá cuándo quiere
Dios pasar al alma de la contemplación a la meditación.

Hay también dos maneras de meditación: una imperfecta, activa y adquirida; otra infusa y pasiva. La activa, de la cual se ha hablado hasta ahora es aquella que se pueda alcanzar con nuestra diligencia, ayudados de la divina gracia, recogiendo las potencias y sentidos, preparándonos para todo lo que Dios quisiere; así lo dicen Royas (Vita Spir.), y Arnaya (Confessio).

San Bernardo nos encomienda esta meditación activa, hablando sobre aquellas palabras: "Oiré qué dice Dios en mí". (Salmo 84). Y dice: María eligió la mejor parte, aunque quizá el humilde trato de Marta no sea el menor mérito ante Dios, sin embargo, en cuanto a la elección, María es alabada, porque aquella parte ha de ser absolutamente elegida; sin embargo, esta parte, si nos es impuesta, ha de ser tolerada pacientemente.

También Santo Tomás nos encomienda esta meditación adquirida con las siguientes palabras: Cuanto más une a Dios su alma el hombre o la de otro prójimo, tanto más agradable a Dios es el sacrificio; por tanto, es más agradable a Dios que uno aplique su alma o la de otros a la meditación que a la acción. Palabras verdaderamente claras para cerrar la boca a los que condenan la meditación adquirida.

Cuanto más el hombre se acerque a Dios o procure llegar su alma y la de otros, tanto es mayor y más acepto el sacrificio para Dios; de donde se infiere -concluye el mismo santo-, que será en el hombre para Dios más agradable y acepta la aplicación de su alma y de las otras a la meditación, que a la acción. No se puede decir que hable así el santo de la meditación infusa, porque no está en mano del hombre aplicarse a la meditación infusa, sino a la adquirida.

Aunque se dice que podemos nosotros introducirnos a la contemplación, adquirida con la ayuda de Dios Nuestro Señor, con todo eso, nadie de su motivo se ha de atrever a pasar del estado de la contemplación a éste sin consejo del experimentado director, el cual conocerá con claridad si es el alma llamada del Señor a este camino interior o, en falta del director, lo conocerá la misma alma por algún libro que trate de estas materias, enviado de la Divina Providencia para descubrir lo que sin conocer experimentaba dentro de su interior. Pero aunque se asegurara por la luz del libro a dejar la contemplación por la quietud de la meditación, siempre le quedará un ardiente deseo de ser más perfectamente instruida.

Y para que lo sea en este punto, quiero darle las señales por donde conocerá esta vocación a la meditación: la primera y principal es no poder contemplar, y si contemplar, es con notable inquietud y fatiga, mientras no provenga de la indisposición del cuerpo, ni desazón del natural, ni de humor melancólico, ni sequedad nacida de la falta de preparación.

Se debe de saber que no es ninguna de estas faltas, sino vocación verdadera cuando se le pasa un día, un mes y muchos meses sin poder discurrir en la oración. Llévala el Señor al alma por la meditación, -dice la santa madre Teresa,- y queda el entendimiento muy inhabilitado para meditar en la Pasión de Cristo, que como la contemplación es todo buscar a Dios, como una vez se halla, y queda acostumbrada el alma, por obra de la voluntad a volverle a buscar, no quiere cansarse con el entendimiento. Hasta aquí la santa. (Morada VI, Capitulo 7).

La segunda señal es que aunque le falte la devoción sensible, busca la soledad y huye la conversación. La tercera, que la lección de los libros espirituales le suele dar fastidio, porque no le hablan de la suavidad interior, que está dentro de su interior, sin que lo conozca. La cuarta, que si bien está privada del discurso, con todo eso se halla con propósito firme de perseverar en la oración. La quinta, reconocerá un conocimiento grande y confusión de sí misma, aborreciendo la culpa y haciendo de Dios más alta estima.

La otra meditación es perfecta e infusa, en la cual -como dice Santa Teresa- habla Dios al hombre suspendiéndole y atajándole el pensamiento y tomándole (como dicen) la palabra de la boca, que, aunque quiera, no puede hablar, si no es con mucha pena. Entiende que sin ruido de palabras, le está enseñando el Divino Maestro, suspendiéndole las potencias, porque entonces antes dañarían que aprovecharían, si obrasen. Gozan sin entender cómo gozan. Está el alma abrazándose de amor y no entiende cómo ama; conoce que goza de lo que ama y no sabe cómo lo goza; bien entiende que no es gozo que alcanza el entendimiento a desearlo; abrázale la voluntad sin entender cómo; mas no pudiendo entender algo, ve que no es este bien que se puede merecer con todos los trabajos, que se pasan juntos, por ganarle en la tierra. Ese don del Señor de ella y del cielo que, en fin, da como quien es y quien quiere y como quiere. En lo cual Su Divina Majestad es el que todo lo hace, que es obra suya sobre nuestra naturaleza. Todo es de la santa madre. (“Camino de perfección”, Capitulo XXV). Por donde se infiere que esta meditación perfecta es infusa, la cual da el Señor gratuitamente a quien quiere.


ADVERTENCIA IV
Asunto de este libro que es desarraigar
la rebeldía de nuestra propia voluntad
para alcanzar la paz interior.

El camino de la paz interior es ajustarnos en todo con lo que la divina voluntad dispone. En todo debemos someter nuestra voluntad a la voluntad divina; pues esto es la paz en nuestra voluntad: que sea en todo conforme a la voluntad divina. (Hugo Cardinalis en Salmo 13). Los que en todo quieren que suceda y se haga conforme a su gusto, no han llegado a conocer este camino (No conocieron el camino de la paz. Salmo 13) ni quieren andar por él; y así viven una vida amarga y desabrida, siempre inquietos y alterados sin encontrar el camino de la paz, que es el de la conformidad total con la voluntad divina.

Esta conformidad es el yugo suave que nos introduce en la región de la paz y serenidad interior. Por donde conoceremos que la rebeldía de nuestra voluntad es la causa principal de nuestra inquietud, y que por no sujetarnos al yugo suave de la voluntad divina, padecemos turbaciones y desasosiegos. ¡Oh, almas! Si rindiésemos nuestra voluntad a la divina y a todas sus disposiciones, ¡qué tranquilidad experimentaríamos!  ¡Qué paz! ¡Qué serenidad interior!  ¡Que suma felicidad y ferviente bienaventuranza! Este, pues, ha de ser el asunto de este libro; quiera el Señor darme su divina luz para descubrir las sendas secretas de este camino interior y suma felicidad de la perfecta paz.