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viernes, 4 de agosto de 2023

Inclinen su oído, y vengan a mí

"Todos ustedes, los que tienen sed: Vengan a las aguas; y ustedes, los que no tienen dinero, vengan y compren, y coman. Vengan y compren vino y leche, sin que tengan que pagar con dinero." Isaías 55.1

Toda persona que tenga sed de agua espiritual, y hambre de alimento eterno puede tener certeza de su esperanza de hallar la Verdad, ya que el deseo es la vía más segura de acercamiento. "Todos ustedes, los que tienen sed: Vengan a las aguas; y ustedes, los que no tienen dinero, vengan y compren, y coman. Vengan y compren vino y leche, sin que tengan que pagar con dinero".

En el mundo en que vivimos, marcado por el egoísmo, la codicia y la competición, es lícito que nos preguntemos: ¿Cómo compraremos sin dinero? Con el corazón, y la mente, puestos en la promesa divina. Mediante la fe, podemos "comprar" la Verdad (las aguas), el estímulo o entusiasmo del Espíritu (vino), y la sustancia del Espíritu (leche), dirigiendo nuestros pensamientos y acciones hacia ella. Encontraremos así la verdadera satisfacción en la vida.

¿Cuál es el primer paso en la búsqueda de la conciencia espiritual? Oír y hacer caso a la palabra de Dios. "Inclinen su oído, y vengan a mí; escuchen y vivirán". Debemos prestar mucha atención a la manifestación de lo divino en la vida. ¿Cuáles son algunos otros pasos? Buscar a Dios en todos nuestros caminos y practicar la oración. "Busquen al Señor mientras pueda ser hallado; llámenlo mientras se encuentre cerca".




viernes, 19 de mayo de 2023

Cuida tu corazón más que otra cosa

"Cuida tu corazón más que otra cosa, porque él es la fuente de la vida. Aparta de tu boca las palabras perversas; aleja de tus labios las palabras inicuas. Dirige la mirada hacia adelante; fíjate en lo que tienes delante de tus ojos. Piensa qué camino vas a seguir, y plántate firme en todos tus caminos. Apártate del mal. No te desvíes ni a la derecha ni a la izquierda." Proverbios 4.23-27

Cuidar nuestro corazón parece una frase hecha, una fórmula que en el fondo no significa nada. Sin embargo, esa expresión engloba todo un conjunto de prácticas espirituales que son esenciales para una vida sana, equilibrada y positiva. La manera en que cuidamos adecuadamente nuestro corazón es  haciéndonos conscientes de nuestros pensamientos y motivos no expresados hasta que nuestros hábitos de pensamiento entren en plena armonía con la voluntad divina. El estado de ánimo que nos alinea con el orden divino está formado por el pensamiento disciplinado y la acción de la voluntad.

La disciplina es indispensable para poner bajo control nuestro uso de la palabra hablada. Es necesario dominarnos para "apartar de nuestra boca las palabras perversas y alejar nuestros labios de las palabras inicuas". Las palabras descuidadas, con bastante frecuencia, destruyen todo lo bueno que hemos logrado en silencio. Es por eso que necesitamos mucha determinación para cuidar nuestro corazón con toda diligencia. Necesitamos mantener nuestra meta en mente y avanzar incansablemente hacia ella. "Dirige la mirada hacia adelante; fíjate en lo que tienes delante de tus ojos".

Manteniendo nuestro sentido del equilibrio y haciéndonos conscientes de Dios, alcanzamos el descanso y la firmeza, conociendo así la paz de estar envueltos en el amor divino. "Piensa qué camino vas a seguir, y plántate firme en todos tus caminos". Es muy importante adquirir el hábito de comprobar nuestro progreso espiritual; no para vanagloriarnos, sino para animarnos a perseverar. Con la meta en mente, no podemos darnos el lujo de desviarnos de nuestro propósito o llenar nuestra vida de altibajos sin sentido; es por eso mismo que oramos para que Dios purifique nuestros pensamiento, palabras y obras. "Apártate del mal. No te desvíes ni a la derecha ni a la izquierda".

viernes, 12 de mayo de 2023

Dios me escuchó y atendió a la voz de mi súplica

"Ustedes todos, los que temen a Dios, vengan y escuchen lo que él ha hecho conmigo. Con mis labios le pedí ayuda; con mi lengua exalté su nombre. Si mi corazón se hubiera fijado en la maldad, el Señor no me habría escuchado. Pero lo cierto es que Dios me escuchó y atendió a la voz de mi súplica." Salmos 66.16-19


Debemos dar gracias al Señor, y alabarle, porque de esa manera despertamos dentro de nosotros mismos la sublimidad, el poder y la majestad de la Presencia Divina. 


Las interpretaciones populares de las Escrituras no siempre nos trasmiten las ideas que los autores deseaban comunicar. Al consultar a intérpretes bíblicos independientes, descubrimos que se han cometido muchos errores al traducir del hebreo y el griego al español. Frecuentemente, encontramos con que las traducciones a nuestro idioma nos pintan un Dios terrible, colérico, caprichoso y vengativo. ¡Nada más alejado de la verdad! 


Por ejemplo, leemos en el versículo 16: "Ustedes todos, los que temen a Dios, vengan y escuchen lo que él ha hecho conmigo", pero debería traducirse más fielmente: "Vengan ustedes, y escúchenme relatar lo que digo, y lo que Dios ha hecho por mí". ¿Debería haber algún elemento de temor en nuestros corazones hacia Dios, cuando oramos y damos gracias? No. Siempre debemos tener presente que Dios es un Padre amoroso, compasivo y misericordioso, que siempre está más dispuesto a dar de su abundante bondad que nosotros a recibir de ella.


Es cuando nos establecemos en la conciencia de la bondad, la ternura y el infinito amor del Padre que, al igual que David, prorrumpimos en pensamientos, y palabras de alabanza. "¡Bendito sea Dios, que no rechazó mi oración ni me escatimó su misericordia!" Salmos 66.20




viernes, 5 de mayo de 2023

El que me ha visto a mí, ha visto al Padre

"Felipe le dijo: «Señor, muéstranos el Padre. Con eso nos basta.» Jesús le dijo: «Hace ya tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y tú, Felipe, no me has conocido? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo entonces dices: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre, que vive en mí, es quien hace las obras. Créanme que yo estoy en el Padre, y que el Padre está en mí; de otra manera, créanme por las obras mismas»." Juan 14.8-11

¿Cómo puede Jesús mostrarnos al Padre? Por medio del amor, la sabiduría, el juicio, la fe, la voluntad y el entendimiento divinos, el espíritu que anima todo bien. “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. Del mismo modo que Jesús, y en su mismo espíritu, nosotros también podemos manifestar la presencia del Padre a través de la oración habitual y manteniéndonos en la conciencia de Dios. Mientras servía constantemente a las personas, sanándolas y enseñándoles acerca del reino, Jesús permaneció consciente del Padre al observar tiempos regulares de oración y comunión con Él.

La oración es mucho más que simplemente un ejercicio piadoso o de recogimiento interior. La plegaria es el punto de partida para la acción, porque “el Padre que permanece en mí hace sus obras”, pero el estado correcto de la mente y el corazón que la oración produce deben resultar en la acción correcta para hacer una vida perfectamente moldeada por la voluntad de Dios. Confiando en el Espíritu divino dentro de nosotros y dándole crédito solo a Él por todo el bien que manifestamos y realizamos, el ego es apartado y apagado. Esa es la obra y la gloria de Dios.



viernes, 31 de marzo de 2023

Dios el Señor es quien me ayuda

"Mi salvador está cerca de mí; levantémonos y veamos quién se atreve a contender conmigo. ¡Que se enfrente a mí el que quiera acusarme! ¡Fíjense bien! Dios el Señor es quien me ayuda; ¿quién puede condenarme?" Isaías 50.8-9

Cuando todas las cosas marchan bien, tenemos la tendencia a pensar que somos invencibles y que no necesitamos de nada no de nadie. Pero basta una sola contrariedad para que todo el orgullo se derrumbe. El profeta nos recuerda que si dejamos de lado la autosuficiencia, y confiamos en el poder de Dios,  hallaremos fuerzas y posibilidades más allá de nuestras expectativas naturales. Cuando nuestra voluntad está en sintonía con Dios, por medio de la oración, y la nuestros pensamientos y deseos se inclinan hacia lo que es bueno, justo y amoroso: "Dios el Señor es quien me ayuda".

Conviene que recordemos, cuando aparece la desconfianza y nos descorazonamos pensando en todo el mal que vemos en el mundo, que Dios es amor, y en él tan sólo hay Bien. El Señor quiere darse por completo a todas y todos nosotros, y de hecho lo hace. Él ya nos ha dado todo bien; todo lo que Dios es y posee está disponible para toda mujer y hombre, niña y niño, cresados a su imagen y semejanza. Para probar que eso es verdad, solo tenemos que reconocer nuestro bien por la fe y aferrarnos a la palabra de su promesa, para conformar nuestras vidas a la ley divina de pensar, hablar y obrar rectamente.



viernes, 27 de enero de 2023

¿Con qué me presentaré a adorar al Señor, Dios de las alturas?

"¿Con qué me presentaré a adorar al Señor, Dios de las alturas? ¿Me presentaré ante él con becerros de un año, para ofrecérselos en holocausto? ¿Se alegrará el Señor, si le ofrezco mil carneros o diez mil ríos de aceite? ¿O si le ofrezco a mi hijo mayor en pago de mi rebelión y mi pecado? El Señor ya te ha dicho, oh hombre, en qué consiste lo bueno y qué es lo que él espera de ti: que hagas justicia, que seas fiel y leal y que obedezcas humildemente a tu Dios." Miqueas 6.6-8

La observancia de ritos y ceremonias, cuando se practican espiritualmente, nos guían y nos aportan sostén en el desarrollo de un sentido de valores genuinos. Los rituales. por sí mismos, no tocan el ámbito de los principios espirituales, pero cuando se entienden y observan de manera espiritual añaden profundidad, sentido de comunidad, y autenticidad a la vida interior.

Nuestro carácter, nuestros deseos y nuestros valores no serán transformados por la simple práctica de ceremonias o rituales, mucho menos por el asentimiento a los principios de tal o cual secta, ni por dar o usar nuestras posesiones con fines religiosos o de beneficio social. Lo que vale es la intención, la disposición y el amor de la voluntad. A menos que nuestras pensamientos, palabras y acciones sean movidos por un espíritu de justicia, amor y humildad, de nada valdrán los sacrificios ni los ritos religiosos.

¿Cuáles son los requerimientos de Dios para vivir una vida verdaderamente recta, de justicia espiritual? Las exigencias son pocas, pero estrictas: "El Señor ya te ha dicho, oh hombre, en qué consiste lo bueno y qué es lo que él espera de ti: que hagas justicia, que seas fiel y leal y que obedezcas humildemente a tu Dios".



viernes, 18 de noviembre de 2022

En plena fe

"Luego tomó diez de los camellos de su amo y, llevando consigo toda clase de regalos de su amo, se encaminó a Aram Najaráin, a la ciudad de Najor." Génesis 24.10


El siervo de Abraham se encaminó a Mesopotamia en busca de una esposa para Isaac. ¿Que significa eso? Mesopotamia, la tierra situada entre dos ríos, significa "tierra media". El hecho de que se buscara esposa para Isaac entre los parientes de Abraham muestra que lo espiritual y lo material están juntos en la conciencia y que lo primero puede brotar de un ambiente en el que predomine lo segundo, como "una raíz tierra seca". Bajo tales condiciones, la conciencia espiritual se gana sólo después de una lucha, pero es una ganancia que perdura.


Una firme resolución y un alto propósito dan poder espiritual a los pensamientos y nos garantizan una respuesta directa a nuestras oraciones. La fe aplicada en la determinación y la propuesta en la oración garantizan el cumplimiento de nuestro deseo. En plena fe, sin dudar nada somos capaces de reconocer la respuesta a la oración de forma natural y rápida. La duda destruye la percepción y el discernimiento necesarios para reconocer la respuesta a la oración.




La acción es el fiel servidor de la fe. A menos que pongamos nuestra fe en nuestros pensamientos, palabras y acciones, su obra no está completa, y para todos los intentos y propósitos somos iguales a los incrédulos. La fe cobra vida en nosotros cuando la ponemos en acción.

viernes, 7 de octubre de 2022

Un camino de ida y vuelta

"Ustedes deben orar así: Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra lo mismo que se hace en el cielo. Danos hoy el pan que necesitamos. Perdónanos el mal que hacemos, como también nosotros perdonamos a quienes nos hacen mal. No nos dejes caer en tentación, y líbranos del maligno." Mateo 6.9-13



Los antiguos maestros y maestras de espiritualidad describieron el camino a la unión perfecta con Dios como una escalera de tres peldaños, a los que llamaron vías o etapas: la vía purgativa, la vía iluminativa y la vía unitiva. O sea, la purificación de los pensamientos y deseos en esperanza, el fortalecimiento de la fe, para dar paso al puro amor.

Jesús, maestro por excelencia, nos enseña, revela, dirige a través de estas tres etapas en un camino o escala de ida y vuelta, con sencillez y máxima profundidad, por medio de la oración más bella y perfecta: el Padre nuestro. Del Padre, y por puro amor, recibimos todo lo bueno, lo verdadero y lo bello. Desde nuestra realidad podemos hacer el camino de vuelta, para regocijarnos en el seno del Padre. Los haremos orando el Padre nuestro en sentido inverso...

"Líbranos del maligno, no nos dejes caer en la tentación. Así como perdonamos a quienes nos hacen mal, perdónanos el mal que hacemos". La vía purgativa se realiza reconociendo el mal, en particular el que se origina en nosotros mismos. Es la curación del corazón, de la emociones. Y se manifiesta curando los vínculos con nuestros semejantes. Nadie puede llamar a Dios "Padre nuestro" si se niega a reconocer a sus prójimos como hermanas y hermanos.

"Danos hoy el pan que necesitamos. Lo mismo que en el cielo, que se haga tu voluntad en la Tierra. ¡Venga tu reino!" La vía iluminativa es la edificación de la inteligencia espiritual, la auténtica sabiduría que viene de la fe. Sabemos que Dios nos creó y cuida amorosa y tiernamente de toda su creación, el propósito del Padre es la voluntad de otorgar y otorgarse. El anhelo de una vida iluminada es que el Padre bueno se manifieste en todos los aspectos y circunstancias de la vida.

"Santificado tu nombre, en los cielos"... Los cielos son los mismos en todas partes, no hay fronteras ni límites, nos cubren por igual a todas y todos sin distinciones. La vía unitiva empieza en el reconocimiento de la unidad con todo lo creado, con todas las personas, bajo los cielos, porque somos hijas e hijos de un único y mismo Padre. El puro amor exprime su oración en tan solo dos palabras, que en sí mismas expresan todo lo bueno y verdadero: "¡Padre nuestro!"

Amén.

viernes, 13 de agosto de 2021

¡Escucha, Señor, mi voz!

"Desde el fondo del abismo clamo a ti, Señor: ¡Escucha, Señor, mi voz!, ¡atiendan tus oídos mi grito suplicante!" Salmos 130.1-2


¿Cuándo escucha el Señor y responde nuestras oraciones? El Señor nos escucha y contesta nuestras oraciones cuando estamos unidos con el Espíritu y el Espíritu unificado con nosotros. Estamos unidos cuando somos capaces de vivir conscientemente cerca de Dios. Cuando nuestras oraciones no son respondidas como pensamos que deberían, es porque esta unión interior no es segura. Si el Señor notara todos nuestros fracasos, ¿cuál sería el resultado? Ninguno de nosotros podía estar de pie. Por la ley perdonadora del amor, Dios no nos trata según "nuestros pecados", ni nos recompensa según nuestras iniquidades.


¿Cómo funciona la ley del perdón? La ley del perdón limpia la conciencia de pensamientos ignorantes y destructivos y coloca los pensamientos de amor y confianza en su lugar; el perdón quita la repulsión y el resentimiento del corazón. Libera la benevolencia y las tiernas misericordias del Espíritu. ¿Cómo se activa la ley del perdón divino en nuestras vidas? Por nuestro perdón a los que nos ofenden, como dice el Padre Nuestro: "Perdónanos nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores".


"Con toda mi alma espero al Señor". Hemos vivido en la ignorancia, afuera, durante tanto tiempo que nuestras facultades espirituales se han vuelto inactivas por falta de ejercicio. Cuando el alma espera en el Señor, todas las fuerzas del ser se concentran en ella; entonces sentimos y sabemos absolutamente que Dios está obrando en nuestras almas. De esta manera las facultades se desarrollan y se convierten en instrumentos adecuados para el Espíritu. Cuando buscamos al Señor con todo nuestro corazón, ¿cuál es el resultado? Los reinos del mundo pueden surgir y caer; el cielo y la tierra pueden pasar, pero la palabra del Señor, su promesa, permanece firme en nuestro corazón. Somos hechos libres.




viernes, 18 de junio de 2021

Nosotros confiamos en el Nombre del Señor

"Que el Señor te oiga en momentos de angustia; que te defienda el Nombre, el Dios de Jacob." Salmos 20.1


Todos los días somos bombardeados por innumerables voces contradictorias. Cómo las noticias, la política, la cultura y la religión nos llevan de un lugar a otro, haciendo que nos demos cuenta de que su sinfonía está demasiado desafinada. ¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo vamos a encontrar nuestro camino en un entorno tan caótico? ¿Qué resultado podemos esperar? "Desde el santuario el Señor envía ayuda, y apoyo desde Sion".




El filósofo danés Sören Kierkegaard, parafraseando a Lutero, dijo: "La oración no cambia a Dios, pero cambia al que ora". Concebir a Dios como un hombre gigante y egoísta que espera que nuestras oraciones satisfagan su vanidad no solo distorsiona el propósito de la oración, sino que también la convierte en una carga pesada, dolorosa y repetitiva. "Que responda a los deseos de tu corazón y te conceda todas tus peticiones".



Celebramos al Señor porque él sostiene a su pueblo; porque quien confíe en él siempre podrá ver y reconocer su infinito amor, cuidado y providencia. El salmista nos insta a no confiar en nuestras propias fuerzas o recursos, sino en el amor y la bondad del Señor. "Algunos confían en carros y otros confían en caballos, pero nosotros confiamos en el Nombre del Señor nuestro Dios".


viernes, 20 de noviembre de 2020

Hacia ti, Señor, levanto mis ojos

"Hacia ti, Señor, levanto mis ojos; hacia ti, que habitas en los cielos. Nuestros ojos están puestos en ti, Señor y Dios nuestro, como los ojos de los siervos y las siervas que miran atentos a sus amos y sus amas; ¡esperamos que nos muestres tu bondad!" Salmos 123.1-2




Es natural para nosotros, como lo fue para el apóstol Tomás, querer ver para creer. Necesitamos evidencia sensible para estar seguros. Pero, seamos sinceros, solo prestamos atención a la evidencia sensible que coincide con nuestros prejuicios, el resto lo descartamos. ¿Dónde buscamos la certeza, la confianza y la paz? "Como los ojos de los siervos están atentos a la mano de su señor, y como los ojos de los siervos están atentos a la mano de su dama, así también nuestros ojos están atentos al Señor, a nuestro Dios, esperando que él tenga misericordia de nosotros. "


Solemos considerar que lo opuesto a la fe es la duda, pero en realidad lo opuesto a la fe es querer caminar "por lo que vemos". No tenemos que preocuparnos por el futuro ni especular sobre nuestro destino. El amor de Dios en Cristo Jesús nos da seguridad, confianza y paz. La voluntad de Dios para nosotros es vida plena, compasión y salvación. Por eso no nos desesperamos, sino que nos regocijamos. "Alzo mis ojos a ti, que ocupas tu trono en el cielo".


La certeza, confianza y paz que Dios nos da en Cristo Jesús no son para un futuro lejano; deben vivirse y compartirse aquí y ahora. El Señor nos ha dado talentos espirituales y materiales para hacerlos fructificar, riquezas que perduran para la vida eterna. "Así que exhórtense y edifíquense unos a otros, como lo están haciendo".

viernes, 28 de agosto de 2020

El Señor oye a los humildes

"Tú, Señor, estás en las alturas, pero te dignas atender a los humildes; en cambio, te mantienes alejado de los orgullosos." Salmos 138.6


Si nos dedicamos a la oración es porque, además del impulso de la gracia, confiamos en que permanecer en la presencia divina nos transformará. No hay duda de que es así y nos lo tomamos en serio. Pero a menudo la transformación que esperamos es, a fin de cuentas, egoísta: queremos paz, armonía y calma. Cuando, después de un tiempo, nos damos cuenta de que Dios sigue sus propios caminos, surge la desilusión y el deseo de abandonar.


Cuando nuestros problemas, tribulaciones y dudas parezcan multiplicarse, la mayoría de nosotros intentará resolverlos con el mejor esfuerzo y atención. Pero, paradójicamente, cuanto más lo intentamos, más parecen aumentar nuestros reveses. Las Escrituras contienen numerosas invitaciones y exhortaciones a no poner la esperanza en nuestras propias fuerzas, sino a refugiarnos en la presencia de Dios. Para la mentalidad pragmática, esto no es más que un escape, un escape de enfrentar la realidad. ¿Es eso así? "Señor, ¡que todos los reyes de la tierra te alaben al escuchar tu palabra!" (Salmos 138.4).


En la humildad está el secreto de la bendición divina. No somos nosotros, no está en nuestras manos, sino que Dios mismo viene en nuestra ayuda. La arrogancia es la raíz del pecado; y la causa de nuestros mayores problemas. Cuando nos rendimos y reconocemos que no podemos solos, que dependemos de Dios, de nuestros semejantes y del entorno en el que vivimos, nos abrimos a la realidad y eficacia de las promesas divinas. "Tú, Señor, cumplirás en mí tus planes; tu misericordia, Señor, permanece para siempre. Yo soy creación tuya. ¡No me desampares!" (Salmos 138.8).



viernes, 7 de febrero de 2020

¡Cuán bueno es alabarte, Señor!

"¡Cuán bueno es alabarte, Señor! Bueno es, Altísimo, cantar salmos a tu nombre, anunciar tu misericordia por la mañana, y tu fidelidad todas las noches". Salmos 92.1-2

El tiempo es fugaz; experimentamos su sucesión, pero se no podemos aprisionarlo, posponerlo ni atesorarlo. Por eso los seres humanos anhelamos con ansias la permanencia, tenemos deseo de eternidad. Es la razón por la cual admiramos los océanos y las montañas, y perdemos el aliento ante la inmensidad del Universo.


Nada permanece, todo fluye, todo cambia, todo muere y desparece. El corazón se acongoja y se rebela contra el inexorable paso del tiempo. No obstante, basta cerrar los ojos y abrir los oídos para escuchar el silencio. Dios siempre permanece, siempre presente manifestándonos su amor.

"Por la misericordia del Señor no hemos sido consumidos; ¡nunca su misericordia se ha agotado! ¡Grande es su fidelidad, y cada mañana se renueva!" Lamentaciones 3.22-23

Dios es misericordioso y fiel. Dios es amoroso y compasivo. Dios es amor. Podemos afirmarlo con toda certeza. Cada amanecer es la renovación de una alianza de amor con cada uno de nosotros. Cada anochecer es un testimonio de fidelidad y cariño del Padre celestial. Con corazón agradecido vivamos los instantes fugaces como destellos de eternidad, porque eso son, ¡regalos de Dios!

viernes, 26 de julio de 2019

La luz resplandece en las tinieblas

“Despiértate, tú que duermes. Levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo.” Efesios 5.14

Es una tendencia natural de todos los seres humanos considerar que nuestra manera de ver el mundo, nuestro modo de vida y nuestros valores son superiores y más apropiados que los de las demás personas. Pocas veces evaluamos seriamente aquello que consideramos la forma correcta en que las cosas deben ser. Pocas veces, para no decir ninguna, nos atrevemos a confrontar los errores y males que nuestra manera de ver el mundo, nuestro modo de vida y nuestros valores nos causan a nosotros mismos, a nuestros semejantes y a todo cuanto nos rodea. Aunque nos cueste creerlo, y mucho más aceptarlo, pasamos nuestra vida caminando en la oscuridad.


Quienes hemos tenido la experiencia de andar en la más profunda oscuridad, sea por necesidad o por simple entretenimiento, sabemos lo complicado que es. El sentido de la vista tiene una importancia capital para nosotros, y vernos disminuidos o privados de él nos coloca en una posición de vulnerabilidad. Quien camina en la oscuridad vacila, tropieza, se golpea, cae, se desorienta. Pero, al aparecer el menor destello de luz, la esperanza renace y con ella la seguridad y la confianza. Dios nos ha concedido la luz que disipa toda oscuridad y su brillo nos permite caminar seguros a la casa del Padre. “La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.” Juan 1.5

jueves, 27 de junio de 2019

Oración

"No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho. Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús." Filipenses 4.6-7

La grandeza no consiste en la autosuficiencia orgullosa; caer de rodillas y reconocernos dependientes de Aquel que nos ha creado y nos sustenta con su inagotable amor es lo que realmente nos eleva.

Ora et labora no significa solamente atender esferas distintas de la vida; significa, sobre todo, ser congruentes para no deshacer con nuestras obras lo que dijimos en la oración, para no borrar con los codos lo que pedimos de rodillas.

La oración del corazón siempre será respondida; Dios nos dará lo que pedimos o, mejor, lo que deberíamos haber perdido.


La oración superficial es, en el mejor de los casos, una vago deseo de que las "cosas salgan bien". La oración del corazón es la certeza de que la voluntad de Dios es siempre y eternamente el bien.

"Y estamos seguros de que él nos oye cada vez que le pedimos algo que le agrada". 1 Juan 5.14

La oración nos une al ritmo de Dios, nos pone en sintonía con su eterna voluntad. La oración es la respiración del Universo.

viernes, 1 de marzo de 2019

Pidan, y se les dará

"Pidan, y se les dará, busquen, y encontrarán, llamen, y se les abrirá." Mateo 7.7

Dios es puro amor y cuida del Universo entero, y de cada uno de nosotros, con bondad, ternura y sabiduría. Él nos da todo antes siquiera de que se lo pidamos. Cuida compasivamente de los buenos y también de los malos. Jesús dijo: "su Padre ya sabe de lo que ustedes tienen necesidad, antes de que ustedes le pidan". Con todo, nuestro amoroso Padre celestial desea tener una relación de confianza, cariño y providencia con sus hijas e hijos; por ello nos insta a pedir, buscar, y llamar. 


"Señor, yo confío en ti; ¡tú, Señor mi Dios, responderás por mí!" Salmos 38.15

El Maestro nos exhorta, ¡nos ordena!, "pidan, busquen, llamen"... Esa es nuestra parte. Dar, mostrar y abrir queda en manos de Dios. Cuando oremos no debemos sucumbir a la tentación de poner límites ni condiciones al Señor; Él responderá con amor, sabiduría y compasión. Su respuesta es la adecuada, ¡siempre!, aunque no coincida con nuestros deseos, como casi nunca coincide. Como dijera Martín Lutero: “La oración no es para cambiar los planes de Dios. Es para confiar y descansar en Su soberana voluntad”.

viernes, 7 de diciembre de 2018

Sabiduría

"Si alguno de ustedes requiere de sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios se la da a todos en abundancia y sin hacer ningún reproche." Santiago 1.5

El enorme, casi infinito, flujo de información con el que somos bombardeados constantemente, nos ha llevado a pensar que la acumulación de datos es sinónimo de conocimiento, inteligencia y sabiduría. Sin embargo, basta una mirada para danos cuenta que no es así. Más bien todo lo contrario; la indigesta cantidad de información reduce la capacidad de discernir, y de actuar sabiamente.


Ansiosos por estar al corriente, hambrientos de la última noticia, afanados por el novísimo avance tecnológico, vamos perdiendo lo que nos hace humanos. No hay nada de malo en sí en la información, la erudición o la tecnología, pero deben ser tratadas con discernimiento. El discernimiento es la semilla de la sabiduría. Y la sabiduría no es una habilidad que podamos desarrollar por esfuerzo propio, sino un don de la misericordia divina. La sabiduría es una disposición del corazón.

"El principio de la sabiduría es el temor al Señor; los necios desprecian la sabiduría y la enseñanza." Proverbios 1.7

Hace más de 3000 años el joven Salomón heredó el trono de Israel; no pidió a Dios riquezas ni larga vida, sino "sabiduría para guiar a tu pueblo". Poseer y acumular riquezas, sin sabiduría, pueden corromper y arruinar la vida entera. Poder vivir muchos años, sin sabiduría, puede significar una vida desperdiciada y sin sentido. Es la sabiduría la que da valor a la riqueza y al curso de la vida. La sabiduría que viene Dios es riqueza en sí misma, y es tesoro de vida eterna.

viernes, 4 de mayo de 2018

Fe

"Pues vivimos por lo que creemos y no por lo que vemos." 2 Corintios 5.7

Generalmente, cuando hablamos de fe, nos referimos a algún tipo de expectativa infundada de que las cosas saldrán bien. Pero eso no es fe, es tan sólo una quimera. La Fe Divina está fundamentada firmemente en las promesas de Dios, es certeza y no quimera. Es el mismo Dios quien nos llama a creer en Él y confiar en sus promesas. Podemos dar gracias por la Fe, que es el poder de las expectativas positivas, no basadas en sueños vagos, sino en la siempre viva Palabra de Dios.

"La fe es la confianza de que en verdad sucederá lo que esperamos; es lo que nos da la certeza de las cosas que no podemos ver." Hebreos 11.1

La Fe Divina ve más allá de lo que ven los ojos. La Fe Divina se sumerge en las profundidades del Espíritu y ve todo desde la perspectiva de la Dios, desde la medida de la eternidad. La verdadera Fe es más que, aunque no excluye, un cúmulo de informaciones y verdades. La Fe Divina ve más allá de las verdades. La Fe Divina se eleva a las alturas de la Verdad. Es la Fe que inspira a los soñadores creativos, que otorga poder a la oración y vence los engaños del mundo.

viernes, 23 de febrero de 2018

¡El Señor todopoderoso está con nosotros!

"Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza; nuestra ayuda en momentos de angustia. Por eso no tendremos miedo, aunque se deshaga la tierra, aunque se hundan los montes en el fondo del mar, aunque ruja el mar y se agiten sus olas, aunque tiemblen los montes a causa de su furia." Salmos 46.1-3

El Salmo 46 es una de las oraciones más bellas, profundas y luminosas que encontramos en la Biblia. Desde su primera línea es una expresión de firme confianza en Dios, sin importar las circunstancias. Esa es la esencia de la fe, no un sentimiento vago o una especulación mental, sino una confianza viva y práctica en Dios, en su Amor y en su infinita Bondad. Así como el Salmo inicia con una afirmación de fe, concluye con una confesión impresionante.

"¡Ríndanse! ¡Reconozcan que yo soy Dios! ¡Yo estoy por encima de las naciones! ¡Yo estoy por encima de toda la tierra! ¡El Señor todopoderoso está con nosotros!" En éstas pocas palabras se resume todo el espíritu de las Escrituras. Permanezcan quietos y sepan, sin lugar a dudas, que Yo soy Dios. Aunque parezca algo sencillo no lo es, nuestro ego siempre quiere ser el protagonista. Por naturaleza nos inclinamos a buscar nuestros propios fines, para no llamarlos caprichos, y nos parece más sensato dejarnos llevar por los afanes que rendirnos y contemplar a Dios, el único verdadero fin de nuestra vida. Incluso en la oración hay un tiempo de soltar las riendas y abandonarnos en la amorosa Presencia divina. "¡Entréguense! ¡Reconozcan que yo soy Dios!".

viernes, 9 de febrero de 2018

No limitemos el poder de Dios...

"¿Por qué, cuando yo vine, no encontré a nadie? ¿Por qué, cuando llamé, nadie me contestó? ¿Creyeron acaso que yo no era capaz de rescatarlos? ¿Creyeron acaso que no podía libertarlos?" Isaías 50.2

Hay una creencia, bastante divulgada en la actualidad, que afirma el poder que tenemos de poner trabas a Dios. Si lo meditamos detenidamente, tal afirmación es una tontería. ¡Dios es todo Poder, Dios es todo Presencia, y Dios es todo Amor! Es imposible que nosotros podamos limitar el poder Divino. Sin embargo, recibimos el infinito poder de Dios de acuerdo a nuestra disposición. En las palabras del místico sueco Emanuel Swedenborg: "El bien y la verdad [del Señor] son recibidos como bien y verdad solamente por los buenos. Los malvados los reciben como mal y mentira, y hasta son transformados en mal y mentira en ellos. Esto es como con la luz del sol, que se imparte ella misma a todos los objetos que cubren la faz de la tierra, pero cada objeto la recibe según su naturaleza, y la convierte en hermosos colores de formas agradabilísimas."

El infinito Amor y la infinita Sabiduría de Dios están constantemente presentes y disponibles. Dios es la vida en Sí mismo, y su ausencia significaría el fin de la vida. La vida de todo lo visible e invisible proviene del Señor. Dios jamás deja de amarnos, cuidarnos y guiarnos. Su poder está siempre en acción, y no es posible limitarlo. No obstante, podemos recibirlo como mal, como mentira o como carencia si nuestra disposición es mala. 

"El poder del Señor no ha disminuido como para no poder salvar, ni él se ha vuelto tan sordo como para no poder oír. Pero las maldades cometidas por ustedes han levantado una barrera entre ustedes y Dios; sus pecados han hecho que él se cubra la cara y que no los quiera oír." Isaías 59.1-2

Volvámonos hacia el Señor, recibamos con gratitud todo el bien que sin cesar derrama sobre toda la creación. Dios es Amor y no hace más que amarnos con amor eterno. Dios es el Bien, y permanentemente emana su vida mediante la cual vivimos, nos movemos y tenemos existencia. Dios es la Verdad, y por Él recibimos la sabiduría de la vida. El Bien y la Verdad, por el Amor, son dados sin medida por el Señor a sus hijos e hijas, y nada puede limitar su poder de hacerlo. Recibamos sus dones con ojos puros.