
viernes, 23 de julio de 2021
Sobre todos, por medio de todos, y en todos

viernes, 16 de julio de 2021
El rey de gloria
"¡Del Señor son la tierra y su plenitud! ¡Del Señor es el mundo y sus habitantes! ¡El Señor afirmó la tierra sobre los mares! ¡El Señor la estableció sobre los ríos!" Salmos 24.1-2
El tema del Salmo 24 es la plenitud del poder y la majestad de Dios manifestados en la creación y, en segundo lugar, la participación humana en esta perfección divina. Nuestra manera común de pensar y hablar no es suficiente para abarcar la profundidad del amor y la generosidad de Dios, ni nuestra participación en la plenitud de su manifestación. Solamente la poesía es el vehículo adecuado para pensamientos tan elevados y hermosos, para la imaginación y emoción. Todo esto está en la mente de Dios, Todo-bondadoso.
¿Cómo es posible que un ser humano finito pueda acercarse a la perfección y majestad del Infinito? Con amor, integridad y honestidad. "El de manos limpias y corazón puro"... Con veracidad y autenticidad de mente, corazón y alma, con sinceridad y franqueza. Quien pueda desarrollar estas cualidades trascendentales por gracia, y quien las desarrolle, asciende "al monte del Señor" y puede entrar al "Lugar Santo".
Jesucristo, Dios mismo, cargó con todos los pecados del mundo a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista, fue condenado por todos los pecados al derramar Su sangre hasta morir en la Cruz; se levantó de entre los muertos y así ha completado la obra de salvación para hacernos justos delante del Padre. El Señor, bondadoso y compasivo, quiere hacernos partícipes de la plenitud de su amor. No debemos ser arrebatados en un mundo etéreo para disfrutar de la comunión divina. Aquí y ahora Dios está presente: en la generosidad de la creación; en "manos limpias y corazón puro"; en compasión y justicia. "Así son los que le buscan, los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob".
viernes, 9 de julio de 2021
Imagen vivida y vida compartida
Los sacramentos son, tal vez, la expresión más clara del modo paradójico en que las Escrituras comunican la verdad para que la misma pueda ser totalmente aprehendida. Todo punto de vista es solamente la vista de un punto, por eso necesitamos considerar la verdad desde diversos ángulos para poder captarla en su plenitud. Los sacramentos, en su austera sencillez, comunican el profundo misterio de la gracia. Los elementos más comunes de la naturaleza son signo y vehículo de las grandezas del Espíritu. La palabra, en los sacramentos, se hace imagen vivida, y por medio de ellos, vida compartida.
“Por tanto, vayan y hagan discípulos en todas las naciones, y bautícenlos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.” Mateo 28.19
“Mientras comían, Jesús tomó el pan y lo bendijo; luego lo partió y se lo dio, al tiempo que decía: «Tomen, esto es mi cuerpo.» Después tomó la copa, y luego de dar gracias, se la dio, y todos bebieron de ella. Les dijo entonces: «Esto es mi sangre del pacto, que por muchos es derramada.” Marcos 14.22-24
Aunque el uso a través del tiempo ha conferido variados significados a la palabra sacramento, la definición más sobria y ajustada a las Escrituras es la de un signo o símbolo material ligado al mandato e institución de la palabra de Dios.
Leyendo los textos bíblicos que registran la institución de los sacramentos notamos que no son opciones sino mandatos positivos. Los signos son específicos, las palabras son definidas y las acciones son imperativas. Sin lugar a dudas los sacramentos tienen un carácter obligatorio y un estatuto legal. En toda regla, los sacramentos, como ordenanzas que son, deben ser catalogados como pertenecientes a la Ley.
No obstante, los sacramentos instituidos por Cristo no son meros símbolos o señales de reconocimiento mutuo entre los cristianos, sino que son testimonios fieles y medios eficaces de la gracia de Dios; por medio de ellos Dios obra en nosotros, y no solamente excita nuestra fe en él, sino que también la fortalece y la confirma. Junto con la institución y el mandato, los sacramentos vienen acompañados de una promesa.
Al considerar esto último, la promesa y la acción de Dios en los sacramentos, entendemos que, además del aspecto formal y legal que los constituyen, poseen un carácter completamente evangélico, por medio del cual Dios nos otorga mediante la fe en Jesucristo su gracia, su favor y sus dones. La nueva vida en Cristo nos es dada para ser luz en medio de las tinieblas de un mundo injusto. En el pan partido, Cristo nos hace testigos de justicia y generosidad, huéspedes y anfitriones del banquete fraternal.
jueves, 8 de julio de 2021
A quien interesar pueda...
viernes, 2 de julio de 2021
Quiero cantar al Señor
"Yo confío en tu misericordia; mi corazón se alegra en tu salvación. Te cantaré salmos, Señor, porque tú siempre buscas mi bien." Salmos 13.5-6
"¿Hasta cuándo, Señor? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo me esconderás tu rostro?" Podemos ver que el rostro del Señor denota el amor divino y todo lo bueno en el cielo y en la iglesia; y esconder u ocultar el rostro, cuando lo habla el Señor, consiste en dejar al ser humano en su propio egoísmo o individualidad, y por ende en los males y falsedades que se desbordan de él. Porque el ser humano, visto en sí mismo, no es más que la debilidad y el pecado que de ella deriva, del que no podemos escapar sin la ayuda de Dios.
En medio de nuestra ceguera, somos capaces de pensar y estar convencidos de que vemos perfectamente. Sin embargo, lejos de la luz del rostro del Señor, lejos de su amor y sabiduría, estamos perdidos. Sólo la luz divina nos eleva por encima de la ceguera de nuestro egoísmo, nos eleva a una nueva vida y nos da una esperanza imperecedera de la vida eterna y plena. "Mírame y respóndeme, Señor Dios mío. Ilumina mis ojos, de lo contrario dormiré el sueño de la muerte".
Cristo ha resucitado y, por la fe, resucitamos con él a una nueva vida. En Cristo, la luz del rostro divino brilla para siempre. Por medio de Cristo recibimos el don de la vida eterna. El amor del Padre nos transforma y nos levanta de la muerte a la vida. El bien divino es nuestro tesoro eterno. "Pero yo confío en tu amor; mi corazón se regocija en tu salvación. Quiero cantar al Señor por el bien que me ha hecho".
viernes, 25 de junio de 2021
Yo soy el Señor, tu Dios
"Yo soy el Señor tu Dios. Yo te saqué de la tierra de Egipto, donde vivías como esclavo. No tendrás dioses ajenos delante de mí." Éxodo 2.2-3
La declaración "Yo soy el Señor tu Dios" es la manifestación del proceso creativo divino, siempre en tiempo presente. Dios se presenta a sí mismos como YHWH, que significa "Yo soy el que vive por siempre, el eterno". Al reconocer nuestro derecho de nacimiento, haber sido creados a imagen y semejanza del Señor, podemos manifestar nuestra verdadera naturaleza como hijas e hijos de Dios.
¿Qué representa la tierra de Egipto y la vivir esclavizados? La tierra de Egipto representa la conciencia cautiva de los sentidos, y la casa donde servíamos como esclavos, el cuerpo humano en su estado no redimido.
¿Cuál es el significado del mandamiento "No tendrás dioses ajenos delante de mí"? Significa que no debemos reconocer otro poder que Dios, el eterno bien. Nos identificamos con el bien al afirmar nuestra unidad con él, y por tanto nuestra unidad con el Señor.
viernes, 18 de junio de 2021
Nosotros confiamos en el Nombre del Señor
"Que el Señor te oiga en momentos de angustia; que te defienda el Nombre, el Dios de Jacob." Salmos 20.1
Todos los días somos bombardeados por innumerables voces contradictorias. Cómo las noticias, la política, la cultura y la religión nos llevan de un lugar a otro, haciendo que nos demos cuenta de que su sinfonía está demasiado desafinada. ¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo vamos a encontrar nuestro camino en un entorno tan caótico? ¿Qué resultado podemos esperar? "Desde el santuario el Señor envía ayuda, y apoyo desde Sion".
El filósofo danés Sören Kierkegaard, parafraseando a Lutero, dijo: "La oración no cambia a Dios, pero cambia al que ora". Concebir a Dios como un hombre gigante y egoísta que espera que nuestras oraciones satisfagan su vanidad no solo distorsiona el propósito de la oración, sino que también la convierte en una carga pesada, dolorosa y repetitiva. "Que responda a los deseos de tu corazón y te conceda todas tus peticiones".
Celebramos al Señor porque él sostiene a su pueblo; porque quien confíe en él siempre podrá ver y reconocer su infinito amor, cuidado y providencia. El salmista nos insta a no confiar en nuestras propias fuerzas o recursos, sino en el amor y la bondad del Señor. "Algunos confían en carros y otros confían en caballos, pero nosotros confiamos en el Nombre del Señor nuestro Dios".





