miércoles, 1 de julio de 2026
De la barca vacía a la red llena
lunes, 23 de marzo de 2026
La verdad incómoda, la luz se opone a las tinieblas
viernes, 9 de agosto de 2024
Cuando él venga
viernes, 5 de mayo de 2023
El que me ha visto a mí, ha visto al Padre
viernes, 24 de marzo de 2023
Yo mismo voy a ir en busca de mis ovejas
viernes, 17 de marzo de 2023
El Señor mira el corazón
viernes, 16 de diciembre de 2022
Pide una señal
viernes, 2 de septiembre de 2022
Realidad
viernes, 18 de junio de 2021
Nosotros confiamos en el Nombre del Señor
"Que el Señor te oiga en momentos de angustia; que te defienda el Nombre, el Dios de Jacob." Salmos 20.1
Todos los días somos bombardeados por innumerables voces contradictorias. Cómo las noticias, la política, la cultura y la religión nos llevan de un lugar a otro, haciendo que nos demos cuenta de que su sinfonía está demasiado desafinada. ¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo vamos a encontrar nuestro camino en un entorno tan caótico? ¿Qué resultado podemos esperar? "Desde el santuario el Señor envía ayuda, y apoyo desde Sion".
El filósofo danés Sören Kierkegaard, parafraseando a Lutero, dijo: "La oración no cambia a Dios, pero cambia al que ora". Concebir a Dios como un hombre gigante y egoísta que espera que nuestras oraciones satisfagan su vanidad no solo distorsiona el propósito de la oración, sino que también la convierte en una carga pesada, dolorosa y repetitiva. "Que responda a los deseos de tu corazón y te conceda todas tus peticiones".
Celebramos al Señor porque él sostiene a su pueblo; porque quien confíe en él siempre podrá ver y reconocer su infinito amor, cuidado y providencia. El salmista nos insta a no confiar en nuestras propias fuerzas o recursos, sino en el amor y la bondad del Señor. "Algunos confían en carros y otros confían en caballos, pero nosotros confiamos en el Nombre del Señor nuestro Dios".
viernes, 26 de marzo de 2021
Los cielos proclaman la gloria de Dios
"Los cielos proclaman la gloria de Dios; el firmamento revela la obra de sus manos. Un día se lo cuenta al otro día; una noche se lo enseña a la otra noche. Sin palabras, sin sonidos, sin que se escuche una sola voz, su mensaje recorre toda la tierra y llega al último rincón del mundo". Salmos 19.1-4
Para la gran mayoría de mujeres y hombres cristianos, adorar a Dios es un acto especializado, separado del resto de la existencia. Hablamos de "tiempo con Dios", "espacios sagrados", "momentos de alabanza". Pero, ¿qué significa realmente adorar a Dios? ¿Cómo alabamos su amor y bondad? ¿Dónde vemos la gloria del Señor? Vislumbramos la gloria de Dios en el esplendor del cielo, en la luz y el calor del sol, en el abrigo y la generosidad de la tierra.
"[...] desde la creación del mundo, los atributos invisibles de Dios, su poder eterno y su naturaleza divina, se ven claramente, entendidos por las cosas creadas" (Romanos 1:20). Sin embargo, Dios no nos permite andar a tientas para conocerlo, amarlo y obedecerlo. Él se revela claramente en su Palabra. Toda la obra de la creación da testimonio de la gloria y el poder del Señor, y también lo sentimos presente al meditar en sus palabras, que son luz y gozo para el corazón.
Dios es bueno. Dios es amoroso. Dios es generoso. Podemos ver esto en cada pequeña porción del Universo creado. Dios es sabio. Dios es justo. Dios es misericordioso. Su Palabra declara la verdad y la esperanza para todos nosotros. "¡Que las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón te sean agradables, Señor, Roca mía y Salvador mío!"
viernes, 23 de octubre de 2020
¡Tributen al Señor la gloria y el poder!
"¡Canten al Señor un cántico nuevo! ¡Canten al Señor todos en la tierra! ¡Canten al Señor! ¡Bendigan su nombre! ¡Anuncien su salvación todos los días! ¡Proclamen su gloria entre las naciones, y sus maravillas entre todos los pueblos!" Salmos 96.1-3
Cuando miramos las noticias u observamos la situación de nuestro mundo, es imposible no pensar que la humanidad, y en particular el cristianismo, no ha aprendido nada. ¡No aprendimos nada! Especialmente aquellos que insisten en dar se el adjetivo de "evangélicos" son los que más se oponen a las claras enseñanzas de Jesús. La opresión, la discriminación, el odio y la violencia son diametralmente contrarios al evangelio, así de simple.
Los discípulos y discípulas de Jesús no buscan dominar a los demás, no buscan imponer normas o leyes, y mucho menos subyugar a otros por la fuerza. Los hijos e hijas de Dios son "extranjeros y peregrinos" en camino a una tierra mejor, esperando un reino eterno. Damos "al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios", sin buscar alianzas con el César y mucho menos queriendo tomar su lugar.
El reino de Dios es amor, el poder de Dios es amor, la gloria de Dios es amor. Todo lo que no es amor es idolatría y blasfemia. El salmista nos invita a cantar un cántico nuevo, a ver el mundo con nuevos ojos, a ser testigos del reino, poder y gloria de Dios. Los dioses profanos son ídolos, y los ídolos siempre fomentan la opresión. En otras palabras, quien quiera oprimir es idólatra. El reino de Dios no viene por la fuerza o por imposición, sino "esperando desde el cielo a su Hijo, a quien resucitó de los muertos: Jesús, que nos libra de la ira venidera".
viernes, 25 de septiembre de 2020
¡Alégrense de corazón los que buscan al Señor!
"¡Busquen el poder del Señor! ¡Busquen siempre a Dios! ¡Recuerden sus grandes maravillas, sus hechos prodigiosos y sus sabias sentencias! Ustedes son los descendientes de Abrahán; ustedes son los hijos de Jacob, sus escogidos." Salmos 105.4-6
Vivimos en una época que sobreestima la felicidad, la alegría y el placer personales. Pero una mirada rápida a nuestro alrededor y a nuestra propia vida nos convence de la enorme carga de tristeza, frustración y necesidad que lleva la humanidad. No podría ser de otra manera si el egoísmo es el parámetro del logro.
"¡Alaben al Señor, invoquen su nombre! ¡Que los pueblos reconozcan sus obras!" (Salmos 105.1). La vida es un don divino; así como los patriarcas recibieron sus promesas, nosotros también vivimos con la esperanza de una vida plena dada por Dios. La libertad es un regalo; así como Israel fue liberado de la esclavitud para habitar una tierra de libertad, nosotros fuimos llamados a un nuevo reino de amor y hermandad. El logro es vivir de acuerdo con la voluntad del Señor.
¿Qué es la verdadera alegría? El gozo verdadero y eterno consiste en conocer, alabar y vivir las maravillosas obras de Dios que obra siempre con puro e infinito amor. El Todo-amoroso nos da lo que no merecemos; no por nuestras pocas e imperfectas obras, sino por su generosidad y misericordia. "¡Canten, sí, cántenle salmos! ¡Proclamen todas sus maravillas! ¡Regocíjense en su santo nombre! ¡Alégrense de corazón los que buscan al Señor!" (Salmos 105.2-3).


















