martes, 23 de diciembre de 2025

En tu palabra echaré la red

"Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía. Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían. Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él, y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres. Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron." Lucas 5:1-11

Así como aquel día a orilla del lago, hoy también las personas necesitan, todos necesitamos, la corrección, la enseñanza y el consuelo de la presencia y las palabras de Jesús. Obnubilados como estamos por el materialismo, las ideologías y el egoísmo, la mayoría de nosotros, por no decir todos, no tan sólo nos privamos de buscar al Salvador, sino que muchas personas activamente lo menosprecian y rechazan. Ante esta coyuntura hostil, muchos cristianos, inclusive ministros agotados, dicen como Pedro: "Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado".

Nuestra fuerza, nuestro activismo, nuestra habilidad o nuestro conocimiento son secundarios, y no pocas veces contrarios, a la obra del Evangelio. Sin dudas, también a nosotros, en nuestro lugar y vocación, el Señor nos ha llamado a ser "pescadores de hombres", pero no en conformidad a los modelos corruptos del mundo, sino reconociendo nuestra pecaminosidad, indignidad e incapacidad; confesando como Pedro, y el profeta Isaías: "soy un hombre de labios impuros y habito en medios de un pueblo de labios también impuros".

Dios no ha enviado ángeles para proclamar el Evangelio. Jesús ha llamado, y llama, pecadores perdonados y reconciliados para compartir la buena noticia del perdón, la compasión, y la reconciliación que Dios ofrece a los pecadores por medio de Cristo. Ser testigos del Evangelio no tiene nada que ver con las cuelidades propias; se arraiga en la confianza con que respondemos al mandato y las promesas del Señor. Podemos decir, con fe certera, como lo hiciera Pedro: "en tu palabra echaré la red", y también nosotros seremos testigos de una pesca milagrosa cuyo fruto abundante es para vida eterna.



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